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Los mendocinos todavía compramos a escondidas en los sex shop

No son comercios comunes y los productos que venden no se exhiben en vidrieras. Los clientes son reservados (a veces pudorosos) y sus propietarios han encontrado en el placer una forma de hacer negocios. Te contamos cuál es el perfil del cliente en estas tiendas, la modalidad de compra, cuál es el "juguete" estrella, los precios y cómo funciona el Tupper Sex. Fotos y videos del interior de uno de estos locales. Votá en la encuesta.
Sex shop... ¿Llevás algo, o estás mirando? Foto: Nacho Gaffuri/MDZ
Sex shop... ¿Llevás algo, o estás mirando? Foto: Nacho Gaffuri/MDZ
Los sex shop no llegaron hace poco a Mendoza, aunque ronda la falsa sensación de que son negocios recientes. Esto se explica porque están realizando publicidad masiva en los medios de comunicación tradicionales. Uno de estos locales está en la Galería Tonsa y lleva 26 años satisfaciendo clientes; el otro, ubicado en el Pasaje San Martín, sólo seis.

La difusión de estos comercios y sus productos ha crecido en función del aumento de sus clientes. En esta provincia, siempre catalogada de conservadora, puede resultar llamativo conocer las importantes ventas que realizan diariamente, tanto personalmente como por teléfono e Internet. Y la clientela en los sex shop está dividida entre hombres y mujeres por igual, sean heterosexuales u homosexuales. De todos modos, compran más los primeros que los segundos, y este dato tal vez derriba una equivocada especulación.

Hugo, el propietario de dos sex shop del Pasaje San Martín, contó que emprendió este negocio hace poco más de seis años y sólo vendía a través de la web; era una especie de delivery, pero a los pocos meses abrió dos locales: uno general y el otro exclusivo para  féminas, llamado “Fantasías de Mujer”.

Hugo comenzó diciendo que sus clientes van desde los 18 años hasta los 90, pero los mayores consumidores son quienes están en la franja etaria 30-50 años. Mientras relataba que después de cuatro décadas de realizar distintos trabajos, con este emprendimiento encontró su lugar en el mundo, la nota se interrumpía cada dos minutos. Era el teléfono que sonaba y  Hugo debía atender, pues eran sus clientes solicitando "juguetes" para estimularse. Uno de éstos pidió que los productos encargados fueran enviados a una importante institución pública de la provincia.

Al consultarle por esta situación, el hombre respondió: “La mayoría prefiere venir acá y elegir, pero otros por pudor o comodidad para no entrar al centro, eligen encargar por teléfono o Internet”.

Fue extraño escuchar a Hugo criticar el pudor ajeno, debido a que él es muy abierto y utiliza las palabras adecuadas para explicar el funcionamiento de su comercio. Por ejemplo, pidió que su apellido no sea publicado, “porque mis nietos no saben que tengo este negocio”, dijo.

Evidentemente algo nos sucede respecto al sexo porque se advierte que aún estamos lejos de ser libres. Un hombre se avergüenza ante sus familiares por vender productos que estimulen el placer, pero nadie se avergonzaría por vender cigarrillos aunque éstos dañen la salud y hasta puedan provocar la muerte.

Nacho Gaffuri / MDZ
                                                                         Señores/señoras, la mesa está servida.

Dime quién te compra y te diré cómo eres

El modo de ser de los dueños de los sex shop se refleja también en sus clientes. Hugo -un hombre amplio, lo dijimos- manifestó que a sus locales ingresan parejas, matrimonios, lesbianas, tres o cuatro gays juntos y personas solas en busca de distintos productos. En tanto que Omar, dueño del sex shop de la Galería Tonsa desde hace 26 años, tiene otra postura: “Acá sólo vienen heterosexuales, los putos no buscan réplicas, ello quieren los originales”, expresó refiriéndose a los consoladores. Incluso, este último no permitió tomar fotografías en su local.

Y el que asoma en la foto de abajo es el producto estrella, el que más se vende, aseguraron los comerciantes. Y hay de todos los tamaños, algunos llegan a dar miedo. El más grande es de 38 centímetros de largo por 7 de diámetro. Fue una sorpresa saber que los hombres compran más consoladores que las mujeres.

Nacho Gaffuri / MDZ
                                                                   Un consolador de respetables dimensiones.

Pero también los hay muy variados: venas emuladas, colores, sabores y materiales. Uno muy llamativo está hecho de vidrio pirex, por lo cual Hugo debió explicar: “Es para distintas épocas del año. En invierno lo calentás en el microondas y en verano lo mantenés en el freezer”.

Mirá el video.

Una tendencia que crece

La lencería erótica, las cremas íntimas, los anillos vibradores para el pene, los trajes de enfermera o colegiala, pero también, las muñecas inflables, látigos, esposas, vaginas y colas de hule, y un sinfín de productos más confeccionan el espectro de estas tiendas dedicadas al placer sexual.

Hugo brindó algunas precisiones sobre qué buscan sus clientes. Expresó que los hombres compran menos consoladores que las mujeres, y en general cuando los atiende una mujer manifiestan haberse equivocado de número telefónico.

“Las lesbianas casi siempre vienen juntas en busca de juguetes para compartir, y los matrimonios o parejas llegan en busca de algún traje u objeto para cumplir fantasías, sobre todo para cumplírselas a la mujer. En estos años, creo que las parejas buscan salir de la monotonía”, contaba el dueño del sexo shop mientras enseñaba un arnés con un pene de importantes dimensiones.

Sobre este objeto, Hugo dijo: “Antes lo adquirían casi todas mujeres, sobre todo las lesbianas, pero últimamente lo llevan las parejas porque el hombre le pide a su mujer que lo penetre”.

Estos arneses son cada vez más requeridos por las parejas estables, sea matrimonios o novios, indicó el propietario del negocio, pero en el interior del local "es la mujer la que lo pide y examina, porque aún estando acá en un entorno de privacidad, a los hombres le da vergüenza que se sepa que en definitiva es para él, aunque sea algo obvio",  explicó Hugo.

Quizá con esta frase, este comerciante del placer sintetizó los cambios culturales que va teniendo la sexualidad, sobre todo en los mendocinos.

Después Hugo nos mostró el sex shop exclusivo para mujeres. Allí atiende una bella joven que también solicitó no ser tomada por las cámaras, pero que fue muy amable a la hora de hablar sobre su trabajo.

Podés ver qué cuenta esta chica en el siguiente video.

Las mujeres se aburrieron de comprar ollas Essen, no las hacen felices

Así como en la década del 80 las mujeres se reunían en casas a comprar productos de plástico para guardar alimentos en la heladera, hoy el motivo de la reunión es para adquirir productos de estimulación sexual.

Estas reuniones se denominan Tupper Sex. Una mujer pone su casa, invita a sus amigas y una vendedora de  productos sexuales las visita. Mientras toman el té, ven los distintos objetos que trajo la chica, quien también les enseña un catálogo.

El dato interesante para realizar una compra, tanto en una tienda como por catálogo, es el monto mínimo del que se debe disponer: los consoladores oscilan entre los $ 65 y $ 85 con vibrador, hasta $ 525 –que viene con “tuneado”-. La muñeca inflable más cara cuesta $ 1.000 y Omar, de Galería Tonsa, contó que en el último mes vendió dos de éstas.

Algunas compran in situ y otras le encargan un pedido. Todo se paga en efectivo, al igual que las solicitudes que llegan vía Internet; en Mendoza estos comercios aún no han adquirido la modalidad del e-commerce (tal vez para que los usuarios no tengan que revelar su identidad al dar los datos de su tarjeta de crédito).

Se sabe, el pudor y el silencio existen pero el deseo de experimentar con estos objetos supera ampliamente las reglas que algunos aseguran poseer.

Las pruebas son contundentes: durante media hora de diálogo, a Hugo le llegaron quince pedidos telefónicos. El progreso de su negocio demuestra que los placares de nuestros conocidos, cercanos y lejanos, atesoran “chiches” guardados bajo llave pero que ven la luz (o la oscuridad) muy a menudo.

Y vos... ¿Te animás a jugar? Votá en la encuesta.