Las nuevas prostitutas: Las "chicas caras" acostumbradas a cobrar por todo
Las chicas mantienen sexo para tener más dinero aún y comprarse toda la ropa de marca, el celular más costoso o la notebook. "Lo hacen" con amigos, compañeros de cole, amigos de sus padres o desconocidos. "Lo hacen" arriba del taxi, cuando viajan en un micro, en el baño de una disco, en un departamento o en un hotel.
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no ven a su alrededor un sistema amoroso. No reciben una educación sentimental: por ello, no tienen en absoluto marcado el valor del amor. Salen bien en el examen porque reciben dinero; se diploman porque les regalan un departamento; visitan a la abuela porque tendrán efectivo para el fin de semana... y así todo", dice la autora, quien también se refiere a estas niñas como "hijos subvencionados que todo lo hacen por el cash".
"Todas quieren ser como Wanda Nara, que de la nada lo tiene todo. Sale en la tele, es rubia, consiguió un novio y se casó como Carolina de Mónaco".
Otra piensa:
"Me gusta la plata y eso no está mal. Mi padre siempre nos dijo que tener es poder y a él le va bien con esa teoría. Si no tenés nada, sos esclavo del que te da laburo. Yo ni pienso en eso. Lo que quiero es tener lo mío: haré una carrera -ni idea cuál, por ahí psicología- y aquí no volveré nunca más. Tampoco quiero seguir cobrando cuando tenga mi carrera y ya esté en edad de heredar. Mientras tanto me hago valer".
Y está la que dice:
"Un día mi papá me pidió que lo acompañara a un remate de ganado, aquí cerca. Vendían una tropilla de raza y estaban todos los cabezotes de la zona. Entre ellos un estanciero de aquí, padre de una amiga mía: el tipo está que se parte de lindo. Comió con nosotros y en un momento en que mi viejo se fue a saludar a alguien, me encaró: 'Vos y yo nos tendríamos que ver más seguido, ¿no?'. Me di cuenta de que quería hacerlo y no demoré en decirle que sí. Nos encontramos la semana siguiente en Rosario. Yo fui a hacer unos trámites y él estaba en una reunión de cerealeros. Nos fuimos dos días a un hotel divino y nos matamos. Yo llamaba y mentía que estaba en la quinta de una amiga. Me dio una fortuna por los dos días. Con ese dinero me compré de todo".
La autora, acto seguido, reconoce en su libro: "Me corre un escalofrío cuando pienso en el encuentro de una chica aún adolescente y el señor rico, padre de una compañera y amigo de su propio padre. ¿Cómo se programan dos días 'de amor' en un hotel exclusivo? ¿Qué se dijeron al instalarse? ¿Cómo se despidieron? ¿Qué hay de los futuros encuentros en el pueblo, inevitables?".
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Pero estas chicas no se ven a sí mismas como prostitutas, porque aseguran que no están en la calle, no van a prostíbulos y son de clase media alta en general. Se ven a sí mismas como una especie de gatúbela, un modelo que copian de la televisión, y su cuerpo es un trofeo que negociar.
El futuro de las chicas es incierto, pueden seguir siendo prostituídas de esta manera, hasta que se den cuenta del precio que están pagando por esta vida. Son rapaces y audaces: el trabajo no les cuadra, en este sentido. Ganar el dinero con facilidad es una trampa más que tentadora: es mortal. Una de las entrevistadas dice que no se va a deslomar por un sueldito mensual.
Para la autora de este libro, la sociedad debe conocer siempre las cosas que le pasan y debiera tomar todos los recaudos para ver cómo se ayuda a este grupo de chicas que nos pertenecen. Más de una de ellas bien pueden ser nuestras hijas.
Fuente Diario Río Negro.