Continúa el juicio por uno de los casos que más conmocionó a los mendocinos
El asesinato de la maestra jardinera Claudia Oroná, en 2004, marcó el principio de una escalada de violencia que dejó de lado hasta los códigos de barrio. Hasta ese momento, nadie se hubiese atrevido a atacar a alguien con guardapolvo.Por el caso están juzgando a quien los investigadores acusan de haber disparado el arma. Su cómplice fue condenado el año pasado a 21 años de prisión.
Hoy continuará el juicio oral contra Sergio Corvalán, acusado de haber sido el autor material del crimen de la maestra jardinera, Claudia Oroná, asesinada el 1 de noviembre de 2004, y se convirtió en el primer hecho de sangre de un mes que quedará tristemente en el recuerdo de la gestión de Julio Cobos como gobernador.
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El crimen de Oroná pareció romper con todos los esquemas y códigos sociales que hasta el momento parecían ser lo único inalterable en los barrios más conflictivos de Mendoza. De pronto, un par de chicos se olvidó de que el Fiat Palio estacionado en la puerta del jardín maternal del barrio Tres Estrellas era de la maestra, casi una figura emblemática en el barrio.
Pero los jóvenes ladrones no repararon en eso. Consultaron a un tercer amigo que andaba por allí y preguntaron "¿de quién es ese manso auto?". Una vez que tuvieron la respuesta, no dudaron en esconderse y esperar el momento oportuno para atacar.
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Claudia terminó de dar clases y se estaba subiendo al vehículo para ir a otra escuela que tenía contratada como docente. Uno de los sujetos -sería Corvalán- no escatimó en brutalidad. Sacó un arma y le disparó a sangre fría a la maestra. La bala atravesó la ventana y le provocó una herida fatal a Claudia, que murió cuando una de sus compañeras intentaba llevarla a toda prisa al hospital Del Carmen.
El otro chico fue identificado como Ricardo "Pitu" González. Para una Cámara del Crimen no hubo dudas de que estuvo allí: lo condenó a 21 años de prisión. Meses antes, el Pitu ya había recibido 22 años por otros homicidios cometidos antes de cumplir 18 años.
La muerte de Claudia Oroná se convirtió de algún modo, en el pico extremo de una escalada de violencia que nunca más bajó los decibeles.
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