Vulnerable: el camino desconocido que transitan el Gobierno y Cornejo
Hasta ahora las crisis internas pasaban desapercibidas. La denuncia y posterior renuncia de un funcionario clave, la crisis financiera y otras alertas muestran una vulnerabilidad inusual en el cornejismo.
El Gobierno de Alfredo Cornejo transita un camino poco conocido. Es el camino de la vulnerabilidad, de sentirse expuesto ante los problemas. No es que antes no haya habido razones para que las flaquezas propias se notaran, pero hasta ahora con algo de habilidad y mucho de imposición, las crisis solían pasar de largo sin mayores daños.
El desgaste, la falta de anticuerpos y, quizá, el exceso de confianza que otorga la comodidad de tanto tiempo en el ejercicio del poder generaron un escenario distinto. La salida abrupta de un funcionario, los problemas financieros de los municipios, la crisis económica que se siente en la calle y un intangible que genera una pregunta existencial para el Gobierno: ¿fuera del orden, la revolución de lo sencillo cuál es el proyecto para Mendoza con el que sueñan?
La salida intempestiva de Marcelo D’Agostino es un hecho que trasciende la relevancia del nombre, pues era más importante el rol dentro del esquema de ejercicio de la gestión de Cornejo que el funcionario en sí. El exsubsecretario de Justicia era parte del bloque duro que, con perfil más cercano a mandaderos políticos que a intelectuales, podían acatar, justificar y ejecutar las decisiones de la cúpula del poder más allá de cualquier convicción o viraje sin aviso. Por eso puede pasar de ser “socialdemócrata a libertario”, de “estatista a privatizador”, de odiar el Metrotranvía a financiarlo sin preguntar, de acercarse a Massa a adular a Milei; de embanderarse en el ambientalismo a denostarlo. Los ejecutores, entre los que se puede nombrar a varios dirigentes que siguen al Gobernador desde que llegó al sillón de San Martín y antes también, le permitieron armar mecanismos de acción, control y seguimiento.
La denuncia contra D’agostino inquieta por la gravedad de los hechos atribuidos, que son de índole privada pero de repercusión pública. Pero además porque pone como materia de investigación judicial una sensación que trascendería esa causa: que la influencia del Gobierno sobre los otros poderes, la permanencia extendida en los cargos y la forma de ejercerlos se conviertan en elementos de coerción y violencia. D’Agostino no era un funcionario de bajo perfil en Tribunales, los organismos institucionales de los que formaba parte y también los eventos sociales en los que quienes ejercen el poder en Mendoza suelen ostentar; desde agasajos empresariales hasta la platea de Godoy Cruz Antonio Tomba. Más relevancia toma la renuncia obligada al recordar que fue en el Poder Judicial y sus organismos satélite donde Cornejo puso más énfasis en su plan reformista y el exsubsecretario fue parte de ello desde 2015.
Cornejo no tiene por costumbre “soltar” funcionarios porque sí; más bien todo lo contrario. Conoce la repercusión de esas decisiones, pues formó parte del gobierno de Julio Cobos en años donde ante alguna crisis los funcionarios solían quedarse afuera. Entienden que ceder, por más razones que haya, es una muestra de debilidad. Por eso desde 2015 hubo funcionarios de todos los rangos que no perdieron espacio a pesar de sus “torpezas” y solo hubo cambios por motivaciones políticas.
El caso D’Agostino llegó en un momento inoportuno, pues pocos días antes el presidente de la Suprema Corte Dalmiro Garay había advertido sobre los cuestionamientos a la independencia del Poder Judicial. Palabras también inoportunas y que sonaron fuera de la realidad. Tanto, que la repercusión negativa limó la imagen del propio Garay y el cuerpo que preside. Incluso muchos lo sintieron fuera de contexto porque el propio Presidente de la Corte había logrado hilar buena relación con un sector de la Justicia que su mentor Alfredo Cornejo había elegido como enemigos.
La presión del Poder Ejecutivo sobre jueces y fiscales (ejercida con algunos pudores y de manera selectiva algunas veces y con torpeza mayúscula otras) se tornó parte de las “situaciones dadas” que admiten en el Centro Cívico. Garay construyó respeto entre casi todos sus pares y otros integrantes del Poder Judicial pero arrastre el karma de ser el elegido por Alfredo Cornejo. La praxis indica que el Gobernador no suele soltar los vínculos y las relaciones que teje. Por eso, analizan en Tribunales, el propio Garay tendrá una prueba real de su vocación y pericia como juez cuando Cornejo deje el cargo. Hay que agregarle un detalle: en proceso iniciado en 2015 indica que algunas veces se puede prescindir del cargo para ejercer el poder y ese será justamente el desafío de cualquier inquilino del cuarto piso en la era “pos Cornejo”.
Pruebas y crisis
Celso Jaque es un dirigente político al que le sobra experiencia y picardía. Su cuerpo tembló como una hoja aquella noche de Vendimia cuando lo silbaron y tuvo que pedir perdón por haber mentido en campaña para llegar al Gobierno. Con el recorrido que tuvo, cada acción parece estar más allá y por eso haber escenificado el corte de luz que sufrió su municipio por falta de pago no es ingenuo.
A Malargüe le cortaron los servicios porque no tiene recursos y paga los salarios con el “descubierto del banco”, es decir usando mecanismos financieros de emergencia, tal como están haciendo muchos mendocinos. Ocurre en ese lugar, que es la “tierra prometida” de Mendoza que nunca logra despegar. El progreso de Malargüe con el petróleo y la minería se parece a la eterna espera de Vladimir y Estragón en la obra Samuel Beckett. Una lección rápida de realidad: no hay magia y la euforia política impuesta por la promoción de una actividad no cambia la vida de las personas tan rápido como se construyen esos discursos. Malargüe lo sabe.
Pero no es un mal del Sur, sino que todos los municipios de Mendoza comenzaron a sentir en carne propia lo que sus ciudadanos ya advertían. Tras haber pasado algunos años con arcas llenas de bonos, plazos fijos y contaban recursos en “nóminas salariales” acumuladas, la crisis les llegó. Es una prueba de pericia para las gestiones más cercanas a la gente y también sobre cómo se sostienen los vínculos con los gobiernos de la Nación y la Provincia. El Estado provincial pasó sobrado una prueba de confianza con el mercado para tomar deuda para pagar deuda.
Pero en Hacienda rezan para que cambie la tendencia en la recaudación, sobre todo de los recursos nacionales de los que Mendoza es altamente dependiente. Los números reales contrastan con la inversión generada a través del Fondo de Resarcimiento. Pero son los “números reales” con los que se pagan los salarios, los servicios básicos y hasta el transporte, la erogación más grande del Estado local y que tiene cláusulas de actualización leoninas contra el propio gestor y a cero riesgo para las empresas.
Más habilidad política y discursiva tendrá que tener el Gobierno para entender y traducir los mensajes y gestos que llegan de parte de sus aliados políticos nacionales. La mala situación económica personal, familiar y de las empresas que generan trabajo hace más vulnerable a los gobiernos.
La mayoría de los datos económicos son negativos y la idea de descansar en las responsabilidades nacionales por el manejo de la macroeconomía parece no alcanzar. Más tras 11 años de Gestión. Cornejo con la autoestima de los mendocinos por el piso. Esa vara baja alcanzó para que su “revolución de lo sencillo” alcanzara en una primera etapa. También fue útil la reconstrucción de la autoridad del Gobierno como ordenador del Estado. En su recorrido las reformas políticas y administrativas se adecuaron a su visión de burócrata, tal como lo estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y con su hábil intuición como dirigente político. Pero hay un plus que parece faltar y se nota en tiempos de crisis: cuál es la utopía para Mendoza que persigue el cornejismo más allá de la ambición de mantener el proyecto de poder.