Víctor Bugge, el fotógrafo que retrató el poder: desde la "soledad" de Videla hasta Javier Milei
El fotógrafo que retrató la Casa Rosada durante casi medio siglo repasó con MDZ sus imágenes más impactantes, desde Videla a Milei, y cómo trabajaba en plena dictadura.
Durante medio siglo, Víctor Bugge fue el ojo que registró el poder argentino desde adentro. Como fotógrafo oficial de la Casa Rosada, retrató a todos los presidentes desde Jorge Rafael Videla, en plena dictadura, hasta la actualidad: seis años con Raúl Alfonsín, diez con Carlos Menem y una continuidad que atravesó gobiernos de todos los signos. Su primera imagen en el despacho presidencial —Videla solo, en silencio— podría llevar, según él, un único título posible: "la soledad del poder".
En esta entrevista con MDZ, Bugge reconstruye los momentos que marcaron su oficio: la foto de un dictador junto a una niña que el régimen convirtió en propaganda y que, 26 años después, tuvo un reencuentro inesperado; la Plaza de Mayo que pasó de la represión a la euforia por Malvinas; la tensión de Semana Santa en Campo de Mayo; y la "protección casi inexplicable" que dice haber recibido de cada presidente.
También deja, casi al pasar, su definición de los líderes que fotografió, de Alfonsín a Milei.
Entrevista completa
Una casa de fotos y los primeros pasos
-¿Recordás la primera vez que tuviste la cámara en la mano?
-Oficialmente sí me acuerdo, pero extraoficialmente no. Imaginate que me crie en una casa de fotos: mi viejo era fotógrafo, así que habré agarrado más de una oportunidad. Algo de genética hay. Pero los primeros pasos fueron en el diario La Nación.
-Cuando te ibas metiendo en el fotoperiodismo, ¿hubo un momento en el que dijiste "es por acá", o fue algo natural por lo que te transmitía tu papá?
-Algo de genética hay. Y después fueron algunas situaciones que me iban permitiendo pensar que podía llegar a donde llegué hoy.
"La soledad del poder": la primera foto a Videla
-¿Recordás algún hecho puntual?
-En la Casa Rosada, por ejemplo, la primera foto que hago se la hago a Videla, en el despacho, en la soledad del despacho. A mí no me gusta titular las fotos, menos las mías, pero esa se podría titular "la soledad del poder" tranquilamente. Si querés encontrar la soledad del poder, la vas a encontrar en esa imagen de un presidente de facto de la dictadura. Esa foto me impresionó mucho, porque lo que se veía en ese momento eran cortes de cinta y falsos festejos, por decirlo de alguna manera. Encontrar la posibilidad de fotografiar al responsable del golpe de Estado de esa manera me hizo sentir que podía cambiar un poco el formato fotográfico.
-Me disparás varias preguntas con eso. ¿Recordás esas primeras semanas en Casa Rosada, sobre todo por el contexto de 1978?
-Te puedo decir que, si fuese un chabón que quisiera inventar cosas, podría hacerlo tranquilamente, ¿y quién me desmentiría? Nadie. Pero era una situación normal. Todo lo que pasó en la Argentina en esa época, la sociedad tardó en enterarse. Tenías que estar muy metido en una militancia profunda para saber qué estaba pasando, eso de lo que con los años nos enteramos los argentinos. Con muchos años. El país iba por un lado y por abajo pasaban otras cosas. Yo de eso no me enteré, no lo percibí, porque a ese gobierno iban artistas, deportistas, intelectuales.
-¿No te sentiste bajo presión en ningún momento al ejercer el oficio?
-No. Si vos te dedicás a hacer lo que tenés que hacer, no creo que recibas presión. No le das cabida a eso. Ahora, cuando querés tocar el bombo y la flauta, se te complica.
La niña de la foto y la propaganda de la dictadura
-Contás una anécdota de una foto en la que Videla se acerca a una niña. Y muchos años después la volvés a encontrar.
-Sí. Yo hago una muestra en Casa de Gobierno, ya en democracia, y una compañera del ingreso me dice: "Víctor, acaba de salir una chica que me comentó que la que estaba en la foto con Videla era ella". Bajé corriendo a ver si la encontraba. Como para entrar a Gobierno tenés que dejar el registro, la ubiqué. Nos juntamos, nos conocimos. Se hizo una nota: Diego Schuttmann, un colega, hizo la nota del encuentro. Fue impresionante. Porque esa foto fue sacada en el 79, y después Videla fue juzgado por sustracción de menores.
-Esa asociación es terrible. Cuando te ibas enterando de lo que sucedía durante la dictadura, ¿se te cruzó la imagen de esa niña?
-Cuando saqué la foto, se publicó, y el epígrafe hablaba más o menos del cariño de Videla por los chicos. La dictadura usó esa foto para propaganda política, de hecho. Después fueron sucediendo distintos acontecimientos, pero lo que te quiero decir es que el protocolo funcionó como funciona hasta hoy: en la Casa de Gobierno no se percibían las situaciones. Las cúpulas seguramente, pero en la Casa de Gobierno, como en la calle, no.
La plaza que cambió en 48 horas
No sé por qué se me aparece esto: el 30 de marzo del 82, la Plaza de Mayo se movilizaba contra el Proceso y hubo una represión que creo que solo fue superada por la de la caída de De la Rúa, porque ahí hubo muertes. Pero el 2 de abril, dos días después, la plaza estaba llena movilizando a favor de Galtieri. A ver si se entiende: por Malvinas, el 2 de abril.
Comunicar antes que titular
-¿Elegiste el fotoperiodismo o la vida te fue llevando? ¿Qué te permite una foto a la hora de retratar y comunicar un momento?
-Mi objetivo es comunicar. Trato de que la foto te llegue para que vos solo tengas que dedicarte a tu laburo, y que yo te ayude con la imagen. Es mucho más potente. En los distintos momentos de la Argentina donde me tocó fotografiar, creo que lo logré.
-En la cotidianidad del laburo, ¿percibís cuándo una foto va a ser histórica? ¿Lo sentís antes?
-Que una foto llegue a ser histórica lo determina —es una cosa medio agarrada de los pelos lo que te digo— el tiempo. Porque en la fotografía política a veces la imagen queda ahí abajo y de repente sube, ¿viste? Lo que yo percibo es que me siento responsable de registrar la coyuntura. Después, si la cosa pasa a ser histórica, lo dirá el tiempo. A veces lo olvida, a veces no.
-¿Cuánto hay de método y cuánto de instinto al elegir el momento a retratar?
-Método, instinto y dedicación. Mucho amor al laburo. Ayer hablaba con un colega y le decía: yo no tuve horarios en la Casa de Gobierno. En la administración pública se cumple un horario, después quizás haya horas extras. Yo de eso no viví: viví de la dedicación exclusiva. Veinte horas, diez días durmiendo en la Casa de Gobierno. En Malvinas, durmiendo ahí; de la caída de De la Rúa a la llegada de Camaño, durmiendo ahí. Me dediqué.
"Para los que llegaban, yo siempre era del gobierno anterior"
-¿Cuándo dejás de ser considerado un extraño por las nuevas administraciones? ¿Cómo se rompe esa barrera?
-Mirá: cuando se fueron los militares y llegaron los radicales, para ellos yo era un milico. Y cuando se fueron los radicales, para los que venían yo era radical. Cuando Alfonsín decide adelantar la entrega del mando —esa foto de Olivos en la que los saco a los dos de espaldas—, tuvo un gesto que en su momento me hizo pensar "¿qué pasará?". Me dijo: "Vení". Yo le iba a hacer la foto en el despacho a los dos, le daba permiso y me retiraba. "No, no, vení, Víctor", me dice. Y le dijo a Menem: "Carlos, él es Víctor, hace años que está acá, un buen pibe —yo era pendejo, ¿viste?—, así que tratá de mantenerlo, cuidalo". "Sí, tranquilo", dijo. En política nunca sabés cuándo viene "tranquilo". Pero pude estar los seis años con Alfonsín, los diez con Menem, y hasta la fecha.
-¿Hay alguna foto que decidiste no hacer?
-Las transiciones, para no dejarte sin respuesta, no son fáciles. Lo que a mí me ha sucedido siempre es que tuve una protección casi inexplicable de parte de los presidentes.
-¿Casi inexplicable?
-Inexplicable, sí.
-Pero tuviste 47 años de protección.
-Eso es responsabilidad de los presidentes. Y de mi laburo también, creo. De mi forma de laburar.
Semana Santa en Campo de Mayo
-¿Hubo algún momento en que dijiste "esto no lo saco", por motivos propios?
-No lo tengo como un recuerdo principal, pero seguramente lo habré hecho, habré bajado la cámara. Semana Santa, por ejemplo. Semana Santa en Campo de Mayo. Alfonsín decide ir, la plaza estaba llena, y yo me subo al helicóptero con él. Llegamos al regimiento y un edecán me dice: "Cuidate, Víctor". Y ahí me quedé con la duda, porque que te lo diga un militar armado, del palo, de donde íbamos… El único civil era yo —bueno, Alfonsín como presidente civil, y yo como fotógrafo—. Los demás eran todos militares: los tres edecanes, el jefe de la Casa Militar y tres integrantes de la custodia presidencial, de la Policía Federal. Fue un momento de mucha tensión porque Rico no quería venir.
-Rico era uno de los que comandaba la sublevación.
-Uno de los que la comandaba. El edecán del Ejército lo fue a buscar y nosotros mirábamos, mirábamos, y nadie venía. Al final llegó Rico y se metió en el despacho del comandante del regimiento. Yo no entré. Podía haber entrado, pero no entré, porque afuera estaban todos los supuestos militares leales a los gritos, diciendo "avanza la civilidad, avanza la civilidad".
En esa época estaban el peronismo, el radicalismo y el Partido Intransigente, no había más. Todos se acercaron a parar y contener a la gente, porque si se producía el desborde, creo que estaríamos hablando de otro país hoy.
De Alfonsín a Milei: retratos en una frase
-En una entrevista definiste a Alfonsín como "un gallego cascarrabias" y a Menem como "un desprejuiciado". Si te preguntara por Cristina Kirchner y por Javier Milei, ¿cómo los definirías?
-Cristina… creo que es una política de raza absoluta. Y Milei… una persona que, creo, maneja el poder.
-Por último: si tuvieras que elegir tres fotos que representen la historia argentina reciente…
-Imposible. Ni tres ni cinco. Porque imaginate: si en 50 años tengo que elegir tres fotos, soy un fracaso.

