Qué piensa hacer Suarez y aún no se anima a decir

El gobernador electo aplazó para dentro de una semana la definición de los integrantes de su futuro gabinete. Aunque sí, ya proyecta cambios en la estructura del Gobierno. El pacto con Alfredo Cornejo para que las internas partidarias no se lo devoren, viaje a EE. UU  y las apuestas fuertes:  la minería y una reforma de la Constitución, con reelección incluida. 

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Marcelo Arce

Recién el lunes por la noche Rodolfo Suarez pudo relajarse un poco. En ese momento, y a poco más de un día de haber ganado la elección, todavía tenía la sensación de que debía pellizcarse para ver si era cierto lo que había ocurrido. Se sirvió un trago, preparó un pedazo de chocolate y se sentó en el sillón de su casa para ver en televisión la biografía de Luis Alberto Spinetta, el músico que todavía sigue influyendo en su vida.

Como la mayoría de los fanáticos del Flaco que vieron el documental emitido por NatGeo, no pudo contener las lágrimas. Y al mismo tiempo,  pensar en lo que se viene.

Un día después de eso tuvo otro impacto fuerte. En este caso, desde lo político. Él, Alfredo Cornejo y los intendentes del Gran Mendoza tuvieron un encuentro reservado en donde por supuesto hubo clima de festejo por haber retenido el poder para el radicalismo. Y un agradecimiento especial del gobernador para los jefes comunales por el trabajo en conjunto que les permitió ganar la elección.

Suarez percibió que, con esas palabras, se alejaba una de las sombras que pueden llegar a cubrir a su administración. Cornejo se juró a sí mismo no repetir los errores del pasado y le dice a quien quiera escucharlo que no interferirá en las decisiones de su sucesor. El actual mandatario sabe de lo que habla: fue una de las puntas de lanza de la ruptura que enfrentó a Julio Cobos con Roberto Iglesias entre 2003 y 2007, que derivó en la pérdida de la gobernación a manos del peronismo después de que las luchas internas devoraran aquella gestión.

En la mente de todos está respectar al acuerdo político que tanto Suarez como Cornejo trenzaron hace varios años, después de la muerte de Víctor Fayad. En aquel momento hicieron una especie de pacto de caballeros. "Si somos inteligentes, los dos podemos llevar el radicalismo sin problemas por mucho tiempo", se juraron.

Suarez también fue hábil para que Cornejo escuchara lo que quería escuchar en estos últimos tiempos. Esto es, que se comprometía a darle continuidad a las políticas clave de esta administración. Y esto está centrado fundamentalmente en la promesa de mantener bajo control al gasto público. Aunque entregó una carta que, a futuro, podría jugarle en contra. El intendente se desentendió de la rosca del armado de las listas para la Legislatura.

A decir verdad, Cornejo tendrá de qué ocuparse desde el año que viene. Comenzará desde el Congreso la construcción política de su proyecto presidencial para 2023, tratando de convertirse en uno de los líderes de la oposición a nivel nacional ante el muy posible triunfo de Alberto Fernández.

Allí vislumbra una tarea en conjunto con Horacio Rodríguez Larreta, quien sin embargo todavía tiene que revalidar su cargo en la ciudad de Buenos Aires el 27 de octubre. De la marcha del país y de la habilidad política de Cornejo, dependerá si se llegará al objetivo o no.

Urgencias y prioridades

De su vínculo con el actual, se desprende uno de los temas a resolver en el corto plazo para el futuro gobernador: el armado de su gabinete. El propio Suarez definió que hasta dentro de una semana no comenzará a delinear los nombres de su equipo, aunque es consciente que deberá hacer equilibrio entre los funcionarios actuales y quienes lo acompañarán desde la Municipalidad.

Otro problema aquí. Cómo armar un gabinete con tropa propia, sin desarmar la estructura de funcionarios que hoy trabajan en Capital.

Cuentan que hace unos meses Cornejo reunió a sus más de 250 funcionarios para hablar de gestión y en un momento les dijo que no iba a pedirle a Suarez por ninguno de ellos. Pero aquí se generan dudas, sobre todo, porque el radicalismo mendocino tiene para ofrecer equipos. Pero no tantos como para formar dos estructuras completas de gobierno.

Sin embargo, más allá de los nombres, ya existe un borrador con modificaciones en el organigrama de Gobierno. Suarez entiende que deberían unificarse las carteras de Turismo y Cultura, con lo que se le augura poca vida como tal, al Ente que hoy conduce Gabriela Testa. También se apunta a generar un área específica para Ciencia y Tecnología y un cambio sustancial: se terminaría desarticulando el mega ministerio de Producción, que hoy abarca áreas como Agricultura, Energía, Obras Públicas y otras.

Suarez sabe que la clave de su primer tramo de gestión estará en el cumplimiento de las metas que se trazó en la campaña para generar empleo y apuntar a la producción.

No hay mucho misterio en este punto. Primero, no le queda alternativa que prenderle una vela al futuro gobierno nacional para que la macroeconomía repunte.

Y más en el largo plazo, tratar de apostar todo a los que han sido sus caballitos de batalla: desarrollar tanto Vaca Muerta como la minería, para usarlos de motores para generar trabajo y riqueza.

Con los yacimientos de petróleo no convencional, el plan es acoplarlo al reimpulso que le darán al proyecto de Vale, la mina de sales de potasio de Malargüe. Hace unas semanas, para evitar la judicialización, Mendoza acordó con la empresa brasilera el traspaso de la mina a la provincia y ahora se está buscando un nuevo inversor. El proceso será seguramente largo, pero ya existiría un interesado en poner los más de U$S 1500 millones que se precisan, aunque más detalles no se conocen.

El otro asunto será la minería. Acá le asiste un derecho al nuevo gobernador. En la campaña dijo que su intención era desarrollar la actividad y la gente lo votó. Es cierto que trató de que el tema no se transformara en uno de sus ejes electorales, pero habló de modificar la ley 7722.

Es seguro que se vendrá un debate en la Legislatura sobre este tema y que este  seguirá por el camino que hasta ahora ha tenido. Es decir,  se intentará aprobar alguno de los dos proyectos que ya están presentados y que fueron impulsados por el peronismo.

El gobernador saliente y el entrante, ya acordaron un puñado de decisiones que se tomarán en el corto plazo y que se trabajarán en la transición.

Una de ellas será la contratación de una empresa de consultoría para comenzar a trazar la factibilidad de la creación de un banco provincial, otra de las promesas de campaña.

Es casi un hecho que Cornejo y Suarez viajarán después de las elecciones del 27 de octubre a los EE.UU. Allí los espera una ronda de inversores y Cornejo pretende, en esa gira, presentar a su sucesor a nivel internacional.

Pero el dato político estará en la intención de Suarez de terminar de acordar con Cornejo que, antes de irse en diciembre, se lance otra vez la convocatoria a una reforma de la Constitución.

Habrá que estar muy atento aquí: la iniciativa incluirá la discusión por la reelección del cargo de gobernador. Y Suarez está perfilado para que el debate de la reforma se de y no se correrá de la alternativa de ser el primer mandatario en la historia de Mendoza que tenga la posibilidad de resultar reelecto.

En casi todos los intentos que se hicieron en los últimos 20 años, los cambios profundos en la Carta Magna se cayeron porque el gobernador que los impulsó buscó siempre su propio beneficio político.

Quizás a partir de ahora ese escenario cambie. El radicalismo no solo tendrá números propios en la Legislatura, sino que además cambiaron los criterios de la Suprema Corte de Justicia para determinara las mayorías que se precisan para avanzar con la reforma. El tiempo dirá si prospera esta iniciativa que, a decir verdad, independientemente de las necesidad de aggiornarla, la Constitución es un tema de agenda de la dirigencia política más que de la gente.

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