Negocios, geopolítica y coimas: la historia detrás del regreso de IMPSA a Venezuela
IMPSA anunció un acuerdo con Venezuela para terminar trabajos que habían quedado suspendidos. Cómo influyó la detención de Maduro, la intervención de Estados Unidos y las relaciones de los nuevos dueños de la empresa. La historia de corrupción detrás.
IMPSA tiene contratos con Venezuela que fueron frenados. Ahora se reactivarían.
La empresa IMPSA anunció un acuerdo con el Gobierno de Venezuela para terminar los trabajos en la represa de Tocoma, en la localidad de Bolívar. La decisión fue celebrada en Mendoza, en el país caribeño y también en Estados Unidos, pues la embajada de ese país en Venezuela así lo manifestó. Esa repercusión no es casual, pues detrás de la operación hay un proceso en el que la geopolítica tuvo mucho que ver y, sobre todo, la historia de IMPSA en Venezuela y el presente de los nuevos dueños de la histórica empresa metalúrgica.
Lo de IMPSA no es un nuevo negocio, sino un retorno. Es que el acuerdo implica trabajos en un complejo hidroeléctrico que comenzó a gestar Hugo Chávez, avanzó con Nicolás Maduro y ahora terminaría con Delcy Rodríguez en el poder, pero con la supervisión de Estados Unidos. Más aún, IMPSA ejecutó grandes contratos en ese país cuando aún era propiedad de la familia Pescarmona y los problemas financieros tuvieron también a Venezuela como eje. El acuerdo anunciado implica terminar ese complejo hidroeléctrico, que había quedado envuelto en una maraña de corrupción y burocracia.
El proyecto Tocoma quedó paralizado cuando estaba cerca de finalizarse. La obra civil fue terminada, pero estuvo envuelta en varios escándalos de corrupción. La brasileña Odebrecht lideraba el consorcio y hubo reconocimiento de pago de sobornos. IMPSA estaba a cargo de la las 10 turbinas. Según la información oficial, 2 de esas máquinas están instaladas y listas para operar (serán las que se pondrán en funcionamiento con el acuerdo firmado recientemente). Una tercera está avanzada (con el rodete tipo Kaplan y sus mecanismos armados) y las otras 7 tienen un 70% de avance en su fabricación.
El avance en la central será progresivo y es el primer paso en la nueva etapa de IMPSA en Venezuela, pues la empresa nacida en Mendoza tiene otros contratos en su haber y, sobre todo, agujeros negros en su balance provenientes de esos negocios truncos.
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Para desanudar todo, la política tuvo mucho que ver. IMPSA estuvo al borde de la desaparición por las deudas y un intento fallido de rescate por parte del Estado. Finalmente fue adquirida por el fondo Industrial Acquisitions Fund, LLC, de bandera norteamericana y con fuerte influencia en la Venezuela intervenida. De hecho, el avance para los nuevos negocios fue posible también gracias a la intervención de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Los nuevos dueños de IMPSA vieron luz tras la detención de Nicolás Maduro y la permeabilidad de Delcy Rodríguez, quien conoce a fondo el tema porque fue funcionaria de Chávez, de Maduro y ahora está a cargo del Gobierno en vinculación con Estados Unidos.
Los principales directivos de la empresa son venezolanos y conocen el monstruo desde adentro. Los monstruos: el Gobierno de Estados Unidos y los negocios en Venezuela. Jorge Salcedo Hernández, el presidente de IMPSA, es un abogado experto en abrirle la puerta a empresas en conflicto con las leyes de Estados Unidos. Juan Manuel Domínguez, el vicepresidente, también en venezolano, especialista en comunicación política y otros negocios. Como dato de color, fue representante del Inter Miami y conoce al círculo de empresarios latinos que opera en Miami, como Jorge Mas y también sus ramificaciones en Argentina. En el directorio se sumaron otros abogados que fueron parte del proceso de negociación y compra de IMPSA por parte del grupo norteamericano – venezolano. El fondo de inversión compró la empresa antes de que se concretara la detención de Nicolás Maduro y el cambio político en Venezuela. Y resultó altamente beneficiada por ello.
En Tocoma, IMPSA tenía contrato para proveer diez turbinas Kaplan de 223 MW, reguladores de potencia, diez generadores de 230 MVA. También había firmado un contrato para la Planta Hidroeléctrica Macagua I, ubicada sobre el Río Caroní en la ciudad de Puerto Ordaz, para la reconstrucción de una planta hidroeléctrica con capacidad instalada de 462MW. También se había acordado con los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro la provisión equipamiento para la Central José Antonio Páez. Se trataba de la provisión de 5 equipos para la Central ubicada en la región de Barinas. Al mismo tiempo, también en 2012, el Gobierno de ese país adjudicó el la rehabilitación de las descargas de fondo de las represas La Vueltosa y Borde Seco y los trabajos en la Central Hidroeléctrica Fabricio Ojeda.
Según el balance, el 95% de las cuentas a cobrar de IMPSA son por contratos en Venezuela. “El 94,96% del saldo de créditos por ventas al 31 de marzo de 2026 se deriva de sus contratos con CORPOELEC (ex “EDELCA”). A partir del ejercicio 2013 se ha visto afectada la capacidad de CORPOELEC para cumplir con sus obligaciones en los plazos contractualmente pactados”, advierten en el Balance. Justamente el acuerdo anunciado por IMPSA es con Corpoelec, la empresa estatal de energía del país caribeño.
Tal como dijo Enrique Pescarmona, Venezuela era uno de los principales focos de negocios de IMPSA. Pero hubo problemas. Así quedó reflejado en su testimonio y el de Francisco Valenti ante la justicia por la “causa cuadernos”.
En esos testimonios los representantes de IMPSA explicaron que nunca tuvieron problemas con Hugo Chávez y que llevaban una relación de más de tres décadas con ese país. Pero esa situación cambió. La licitación por Tocoma, por ejemplo, fue en 2006, pero se complicó. “BARATTA en una de las reuniones que tuve en el Ministerio, por mediados de 2007, directamente nos pidió dinero para regularizar los pagos del Gobierno de Venezuela. Interfirieron en los pagos, nos demostraron su poder, los retrasaron en algunos casos entre 120 y 300 días. Esa interferencia se materializaba exponiendo la estrecha relación que tenía Cristina Fernández con Hugo Chávez. Luego también nos amenazaron con que iban a interferir en la firma del acuerdo de Tocoma, y que efectivamente pasó, porque estuvo en el limbo durante todo el año 2007 hasta que finalmente se firmó en 2008. Ese stress financiero llevó a la compañía a ceder a las exigencias indebidas”, dijo Valenti en su declaración indagatoria.
El ex directivo de IMPSA reconoció haber pagado al menos 1,8 millones de dólares en “cuotas” de 200 mil dólares. La mayoría realizados en la habitación de un hotel de Buenos Aires. “Esos pagos que mencionan en la imputación están conectados a la interferencia para el cobro del contrato de Macagua con el Gobierno de Venezuela”, aseguró el acusado.
El propio Pescarmona hizo referencia a esas extorsiones. En su testimonio dijo que antes no habían tenido problemas con Chávez, en obras anteriores. Pero con la represa Tocota la presión vino en Argentina. Y, según él, tras las coimas los pagos se regularizaban. “Ahí en Venezuela, hicimos la obra Macagua que era un obra de 200 millones de dólares, era una repotenciación. A principio todo iba fantástico y de golpe nos dejan de pagar. El que nos paraba los pagos era el Sr. De Vido. Fue una extorsión impresionante y más porque ellos paraban los pagos, porque yo con Chávez no había tenido problemas en Tocota. El tema de las extorsiones las conversé informalmente con la gente de Techint porque a ellos les pasaba lo mismo con la expropiación de SIDOR”, testimonió Pescarmona, luego de haber reconocido los pagos indebidos a Roberto Baratta.
Tras los giros enormes que involucran negocios, política y relaciones internacionales; IMPSA vuelve a Venezuela.
En la ecuación de IMPSA había valores positivos como la experiencia, las certificaciones para producir material de centrales atómicas, complejos hidroeléctricos y hasta inteligencia artificial. Pero otros negativos como una deuda de casi 600 millones de dólares, contratos caídos.
En Mendoza, donde la empresa fue fundada hace más de 100 años, surgen algunas dudas. La principal es si la planta de Godoy Cruz seguirá siendo la base industrial de la firma.