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Messi, la locura que gira sobre su figura que hace pelear periodistas con streamers

¿Hasta dónde llega la intimidad de una estrella mundial que es adorada y seguida por millones de fans en todo el mundo? ¿Cuál es el límite entre la noticia y el pedido de que no se diga nada? ¿Se debe cuidar al ídolo y su intimidad a cambio de la información? ¿Cuánto vale una primicia o, como sucedió con Florencia Peña, decir algo que luego terminó siendo desmentido, incluido por ella misma?


Hipocresía. Negocios. Privilegios. Información. Confianza. Cuarto Poder. Mentira. Estas eran algunas de las palabras que aparecían en la nube armada en la época kirchnerista por un ahora recluido consultor que preguntaba, en medio de la pelea por la ley de medios, qué opinaba la opinión pública sobre la función del periodismo y la de las empresas periodísticas.

Néstor Kirchner fue el pionero con su famoso Clarin Miente y ahora, Javier Milei es su exégeta, con un larguísimo posteo donde ratifica su creencia en que la población debe odiarnos por ser lacras y malas personas. Y él también, al igual que Jorge Messi, creía que nunca se podía mostrar enfermo o con alguna dificultad motriz. Por eso, dos días después de una operación, fue al acto de Luna Park.

Lamentablemente, algo de razón empiezan a tener quienes ponen en duda y no le dan tanta relevancia a nuestra función como periodistas. Cuánto más uno se mete en el océano mediático, más nota la hipocresía, defensa de intereses, comerciales, y destrato al colega que entra en desgracia.

Por eso Manuel Adorni tuvo la oportunidad, durante dos años, de decirle de todo a los periodistas acreditados en la Casa Rosada sin que nadie reaccione, ni siquiera los vilipendiados profesionales, quienes nunca hicieron una medida de fuerza ni le vaciaron las conferencias por miedo a ser raleados y nunca más ser considerados para tomar un café por las autoridades de turno.

El caso de Florencia Peña y su difusión de la supuesta muerte del papá de Lionel Messi entrará en los anales de la hipocresía mediática. Primero, por el escarnio a la cual fue sometida por parte de un público que la quiere cancelar por tener ideas kirchneristas. Segundo, porque el presidente Javier Milei la destrozó diciendo que todo lo que hace es porque forma parte de un plan sistemático de los seguidores “kukas” en desmedro de Messi. El presidente, al igual que sus espejos kirchneristas, creen que hay una competencia con Diego Maradona. No entienden que el verdadero futbolero no hace tal distinción.

Fue Milei el que reconoció como un “gran gesto” de Nicolás Occhiato haber despedido a Peña y los productores luego de semejante “mentira” comunicacional. Pero él no echa a Manuel Adorni a pesar de la abrumadora cantidad de pruebas por enriquecimiento ilícito que pesan en su contra.

Esta costumbre de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio atraviesa también a buena parte de la profesión, quienes luego de dos años de manso silencio y apoyo directo a cada decisión adoptada por Milei por miedo a que vuelva “la chorra y los chorritos”, empezó a considerar que el presidente también es falible, que su hermana y Adorni son un lastre y muchas cosas más.

Jonatan Viale se atrevió a decir que “matan a Messi porque nunca vivió del Estado, porque hizo la propia solo con su esfuerzo”. Lástima tanta memoria selectiva. Critican a Adorni por no cumplir con las reglas fiscales y enriquecerse pero no tomaron en cuenta la pelea judicial que mantuvo la familia Messi con el fisco de Barcelona en 2016.

Quién empezó a blanquear la enfermedad del papá de Messi fue Eduardo Feinmann el miércoles pasado. Hasta ese momento había trascendidos, medias palabras y sospechas de que algo pasaba en el entorno del mejor jugador del mundo y, quizás, de todos los tiempos. Pero los Messi no querían que se supiera nada. Son así, como muchos astros mundiales, como jugadores espectaculares, como presidentes y famosos. No quieren sentir la finitud. Les molesta. No les gusta. Están en su derecho. Y ahora también trasciende que Jorge, quien parece estar estable aunque sigue internado, se enojó muchísimo con el periodista de Radio Mitre.

Pero Messi, como lo fue Maradona en su momento, o cualquier estrella mundial, donde los aficionados siguen por millones sus historias, quieren saber qué les pasa, cómo se sienten, también deben entender que ya no tienen vida privada. Porque no solo los fans quieren saber qué vestimenta usa Antonella Rocuzzo sino, también, la salud de sus hijos y, en este caso, la de su padre. No se puede ser tan abierto en algunas cosas y en otras, tan cerrado. No existen matices para los seguidores que endiosan a sus figuras.

Nicolás Occhiatto, el dueño y creador de Luzu, reaccionó instintiva y rápidamente ante una crisis en el canal de streaming. Pero también fue desproporcionado y marca a las claras una nueva época, donde todo no solo es trivial, sino que los compromisos son efímeros porque se rompen apenas afectan intereses.

El padre del mejor jugador del mundo y una peculiar reacción.

Occhiato es parte de la nueva comunicación, amistosa, sin agravios, lavada de críticas u opiniones. Messi fue a su lugar de trabajo en varias oportunidades y, por esa relación, AFA le abrió de par en par su predio mundialista. Ahora, todo eso, con cientos de miles de dólares invertidos, empieza a entrar en riesgo.

En ese canal no hay regla editorial, sí algunos parámetros. La noticia brindada por Peña, que también estuvo mal al decir que se lo había hecho decir su producción, fue rápidamente rectificada y aclarada ocho minutos después del primer mensaje apocalíptico. Entonces, se podía suponer que el grosero error ya había sido subsanado, pero no.

La actriz de Casados con Hijos le mandó inmediatamente un sentido y acongojado mensaje a la mamá del astro mundial, con quien tiene una excelente relación. Celia aceptó la explicación y las disculpas y, según la periodista Yaninna Latorre, hasta la invitó a tomar un café cuando termine el mundial.

Los periodistas, furiosos porque no son escuchados ni seguidos por una población que eligió otra cosa, fueron rápidos a señalar la poca profesionalidad de los streamers, en este caso, el de Florencia Peña. “No chequean, no preguntan, hablan boludeces”, se escuchó. ¿Son los mismos profesionales que dijeron que había muerto Diego Maradona, el Papa Francisco o Juan Pablo II antes de tiempo?

Los comunicadores tenemos siempre de ser fieles a solamente una cosa. La información. Y, si se opina, no cambiar según la ventaja del momento. Por eso, cuando la gente fue a buscar romper y enterrar a la casta, también nos metió a todos nosotros ahí. Ese mismo lugar donde Milei entró con la misma rapidez que llegó al poder y varios colegas prefieren permanecer.