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Marcelo Colombo y la singular historia de vida del anfitrión del Papa

El arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Marcelo Colombo, será clave en la visita del Papa. Un recorrido por su vida.


Recién había comenzado el otoño cuando nació Marcelo Colombo. Su llegada al mundo se produjo estrenada la década del 60, el 27 de marzo de 1961, en el barrio porteño de Caballito. Pasaron más de 66 años, hoy es el Arzobispo de Mendoza, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el hombre clave en la visita del papa León XIV el próximo noviembre al país.

Seguramente leerá "clave" y no le gustará del todo. No es por falsa modestia. Colombo toma distancia del protagonismo que buscan muchos líderes contemporáneos. Se concentra en los procesos colectivos, siempre fue así. Recorrer su vida inevitablemente llevará a descubrir que es un hombre que se involucra con lo que pasa a su alrededor, con la comunidad que le toca acompañar.

Que busca el diálogo pero que no tiene escollos para decir lo que piensa, que pronuncia palabras con una voz firme, y que es fiel a lo que la doctrina social de la Iglesia dicta: habla de justicia social, aunque esa expresión colisione con las ideas del gobierno de turno.

Hijo de Aydeé y Mario, hermano más grande de Rubén, Marcelo Daniel estudió en el Colegio San Francisco de Sales, de los salesianos, tanto en la primaria como en la secundaria. Apenas salió se puso a estudiar Derecho, una materia que lo acompañará durante toda su vida. Después se fue al servicio militar - que era obligatorio de en esa época-, volvió a la Facultad de Derecho y se llegó al seminario.

Pero era 1982 y tuvo que regresar por tiempo al servicio militar: era la guerra de Malvinas. Fue parte de la reserva, no le tocó viajar a las islas pero estaba entre quienes podrían hacerlo. Para ese entonces, llegaba por primera vez a la Argentina Juan Pablo II.

Es hincha de Racing Club, pero no fanático del fútbol.

El llamado

¿Existe acaso un momento cuando alguien se da cuenta que quiere ser cuando sea grande? Para algunas personas sí, hay recuerdos concretos, una foto quizá un poco borrosa por el paso de los años, para otras fue una película, una sucesión de hechos. Para Colombo no hay muchos rodeos: "desde siempre".

El "siempre" abarca sus días en el colegio de los salesianos, pero también si vamos hacia adelante los religiosos que conocerá. Un obispo lo "impactó" y es entonces donde decide entrar al seminario. Se trata de Jorge Novak, el primer obispo de la diócesis de Quilmes, quien se destacó por su labor por los más pobres y por su enérgica defensa de los derechos humanos durante la dictadura cívico-militar.

Estar con la gente más postergada de la sociedad y defender los derechos humanos, serán también banderas que levantará con firmeza cuando Colombo se convierta en obispo.

Su familia no estuvo de acuerdo con que fuera al seminario. Colombo lo atribuye, en parte, a las preocupaciones lógicas de los padres frente a un futuro que no conocían. Con el tiempo, fueron comprendiendo y acompañando la elección.

En 1982 ingresó al seminario. No abandonó del todo el Derecho: continuó dando materias libres y, por pedido del propio obispo, terminó la carrera. Aquella formación terminaría acompañándolo durante toda su trayectoria eclesiástica. Más tarde viajaría a Roma para especializarse y doctorarse en Derecho Canónico.

Después vinieron los años de formación y de trabajo pastoral. Fue formador del seminario, párroco en Bernal y de Nuestra Señora de la Paz, y tuvo una experiencia decisiva en Roma entre 1992 y 1995, durante el pontificado de Juan Pablo II.

Guarda, incluso, una fotografía junto al Papa polaco. Luego regresó a la Argentina y continuó su tarea pastoral y académica. Fue párroco y rector del seminario y del centro de estudios. En sus destinos pastorales conoció de cerca comunidades atravesadas por la migración y por distintas realidades sociales.

Marcelo Colombo, obispo de Orán

En 2009 llegó uno de los grandes cambios de su carrera: fue nombrado obispo de Orán.Allí encontró una Iglesia con un fuerte perfil misionero y comunidades alejadas geográficamente. Para Colombo fue una experiencia que recuerda especialmente. Quizá una de las que más le gustó por las características.

Había comunidades a las que llegar significaba recorrer largas distancias. Muchas veces viajaba solo y otras acompañado para visitar a personas y grupos que estaban literalmente lejos de los centros urbanos.

Su última parroquia fundada en esa etapa fue San Pedro en Los Toldos, en una zona que implicaba atravesar territorio boliviano para llegar desde la Argentina.

Esa experiencia dejó una marca en su manera de concebir el trabajo episcopal: no esperar que las personas lleguen a la Iglesia, sino salir a buscarlas.

Obispo de La Rioja, los mártires y Francisco

Después llegó La Rioja.Colombo ya había conocido personalmente a Jorge Bergoglio, quien había sido gran canciller de la universidad donde él era docente de Derecho Canónico. Cuando Francisco fue elegido Papa, algunos meses después Colombo recibió el llamado para convertirse en obispo de La Rioja.

Allí tuvo un papel central en el proceso judicial y eclesial vinculado con el asesinato de Enrique Angelelli y otros religiosos y laicos. Participó como querellante en la causa por el esclarecimiento de esos crímenes y, luego de la declaración judicial sobre el asesinato y la responsabilidad de sus autores intelectuales, impulsó el proceso de canonización de Angelelli y sus compañeros mártires.

Francisco finalmente los declaró beatos.Para entonces, Colombo ya había sido designado para Mendoza. La homilía con motivo del homenaje a Enrique Angelelli en Punta de los Llanos, el 3 de agosto de 2014, decía:

Fuente: Revista Criterio

Además, tuvo un rol principal como mediador en el conflicto por la resistencia de la población a la minería en Famatina.

Fuente: Cultura de Montañia

Las protestas de la gente en Famatina. Foto: tn.com.ar

Mendoza y una relación atravesada por la búsqueda del diálogo

Llegó a la Arquidiócesis de Mendoza en 2018. Desde entonces atravesó años intensos, incluidos momentos de fuerte tensión política y social.

Uno de ellos fue el conflicto alrededor de la Ley 7722 y la minería.Colombo llegó a Mendoza con una suerte de etiqueta que él mismo rechaza: la de “obispo antiminero”. Su posición, sin embargo, busca correrse de esa dicotomía.

“No es minería sí, minería no, sino minería cómo, y qué quiere la gente, la comunidad”, resume.

Durante la crisis de diciembre de 2019 llegó a plantearle al entonces gobernador Rodolfo Suarez que revisara la decisión de modificar la normativa. Su argumento no estaba basado en una oposición absoluta a la actividad minera, sino en la necesidad de preservar la paz social y generar espacios de diálogo.

En Uspallata, la Iglesia prestó la capilla para que la gente se reuniera tras la audiencia pública a miles de kilómetros que hizo el Gobierno.

El arzobispo que hoy conduce a toda la Iglesia argentina

En paralelo con su tarea en Mendoza, Colombo fue creciendo dentro de la estructura de la Iglesia argentina .En 2017 fue elegido vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Argentina. En 2021 pasó a ser vicepresidente primero y en 2024 fue elegido presidente.

La Conferencia Episcopal Argentina tiene un rol central en la agenda pública. Como mandó Francisco y sigue haciéndolo León, marca posiciones sobre temas actuales como una postura contraria a la baja de la imputabilidad, las brechas sociales, entre otros asuntos relevantes.

El cargo de Colombo adquiere ahora una dimensión especial. No será simplemente el arzobispo anfitrión de una eventual actividad papal en Mendoza. Como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, forma parte de la delegación que acompañará institucionalmente a León XIV durante su visita al país.

Por eso conoce de cerca los preparativos y el armado del itinerario. Habla de horarios, cuestiones protocolares, recorridos y de las indicaciones que eventualmente pueda realizar el propio Papa.

Pero, detrás de la agenda, Colombo imagina algo más. Espera una visita de “mucho impacto pastoral” para las comunidades y las diócesis, pero también una oportunidad para que el Papa renueve una invitación a toda la sociedad al diálogo, a la empatía y a la escucha.

En su mirada, uno de los puntos centrales será el “clamor de la tierra y de los pobres”, una preocupación que identifica fuertemente con el magisterio de Francisco y que, sostiene, también está presente en León XIV.

Colombo conoce al actual Papa y lo visitó recientemente. Por eso su mirada sobre León XIV no parte solamente de lo que aparece en los discursos públicos. Cuando se le pregunta si observa una continuidad entre Francisco y León, prefiere otra palabra.

“Más que continuidad, es una valoración y una profundización de ese legado”, explica. Ve una “sintonía conceptual” entre ambos pontificados, aunque también reconoce que León XIV tiene sus propios acentos y una agenda propia.

Y esa mirada también alcanza a quienes dentro de la Iglesia nunca terminaron de aceptar a Francisco. Colombo atribuye parte de esas resistencias a posiciones políticas o tradicionales incapaces de dialogar con otras miradas.

Frente a eso, rescata una invitación que Francisco repitió durante su pontificado: la misericordia.

Para Colombo, la unidad de la Iglesia sigue siendo un horizonte irrenunciable.

Un arzobispo feliz en Mendoza

A pesar de la dimensión nacional de su actual responsabilidad, Colombo está feliz en Mendoza.Su vida cotidiana, cuenta, transcurre entre entrevistas, encuentros con grupos, visitas a sacerdotes, comunidades y colegios. Los fines de semana se multiplican las actividades pastorales, las confirmaciones y las celebraciones patronales.

También habla de sus amigos, que no pertenecen exclusivamente al mundo eclesiástico: comerciantes, profesionales, docentes y personas de distintas actividades.Esa diversidad parece ser, en definitiva, una de las claves de su perfil.

El hombre que comenzó estudiando Derecho, que entró al seminario en 1982, que conoció a Novak, que pasó por la Roma de Juan Pablo II, que recorrió las comunidades del norte, que acompañó la causa de Angelelli, que atravesó los conflictos mineros y que hoy preside la Iglesia argentina llega a la visita de León XIV con una historia que excede ampliamente los cargos.

Será uno de los hombres que estará más cerca del Papa. Y, acaso, también uno de los encargados de traducir esa visita en algo que vaya más allá de una agenda, un protocolo y una fotografía: un encuentro entre la Iglesia, el Papa y una sociedad argentina que Colombo insiste en mirar desde el diálogo, la empatía y la búsqueda del bien común.