Manuel Adorni: el fusible que se transforma en tapón para que nadie se queme más
La continuidad de Manuel Adorni, pedida por Karina Milei y aprobada por su hermano, resuelve, por el momento, algunas cuestiones conexas. No quieren seguir "quemando" a los pocos funcionarios que están afuera del ecosistema de medios y pueden necesitar en el futuro inmediato.
La selfie de Karina Milei con Manuel Adorni tras el escándalo por los viajes.
X | @KarinaMileiOkManuel Adorni se transformó en un tapón. Habitualmente, los jefes de Gabinete, como cualquier otro funcionario de un gobierno, son el fusible, el elemento que salta ante cualquier anomalía; el que por su presencia evita que nada afecte el cuerpo principal, que es el Presidente de la Nación.
Este no es un Gobierno común. Por empezar, porque tiene una anomalía muy relevante. Está el presidente y este, a su vez, tiene un jefe, que en este caso viene a ser su hermana Karina, quien presume con buen criterio que, si el fusible salta, la impactará directamente a ella.
Adorni no se va, no sólo porque no tienen a quien poner en su lugar, sino porque la debilidad global que presenta el gobierno hace que su figura, dañada, mancillada, hasta humillada, sea imprescindible para que el resto del sistema que conduce el jefe del presidente no corra riesgos.
“Si los políticos y los medios tradicionales dicen A, nosotros hacemos B y les cosemos el ….” se jactan en la centralidad del poder. El autor de esta sonora y olorosa frase se apoya en encuestas que muestran que, salvo en el Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma, en el resto del país el tema no tuvo mayor impacto. En algo hay que apalancar la expectativa de que todo va a pasar.
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Ante la certeza que sus propios defensores no creen en su pericia a la hora de comprar inmuebles y ocultar un crecimiento patrimonial, ¿puede ser posible que los Menem, que tanto influyen en la cotidianidad de la hermana presidencial, hayan elegido que quede como tapón para que se lleve la marca? Por supuesto que no hay respuesta al respecto.
En el poder, todo es factible. Quien ejecuta y gobierna no puede permitir que un peón o alfil caiga cuando éste es atacado porque el efecto posterior puede ser fatal. Por más acusaciones y comprobantes que tuviera en su contra, Cristina Fernández de Kirchner nunca soltó a su vicepresidente, Amado Boudou. Al parecerse tanto Milei y los Kirchner, es fácil deducir que ambos también coinciden en la manera de defender a los propios.
Diferente fue el momento cuando los atacados o los golpeados no eran del entorno de El Jefe. Estos fueron eyectados sin miramientos. Ni siquiera el siempre ubicuo Guillermo Francos pudo sobrevivir al escáner de la hermanísima. Además, equivocado, el antecesor de Adorni solo veía las balas que le llegaban desde las oficinas de Santiago Caputo pero nunca de las del vocero presidencial.
“Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra” relata Juan en el versículo 8:7 de la Biblia. Los rápidos defensores en las redes del mileismo se lo recordaron a María Eugenia Vidal al criticar a Adorni por la utilización de dos jubiladas como parte del enjuague monetario utilizado para comprar sus propiedades. La exgobernadora, hoy conductora de los equipos técnicos del macrismo, también recurrió a una dudosa maniobra económica cuando adquirió su departamento en Recoleta, aunque ella utilizó las bondades de un amigo prestamista.
Quizás por ejemplos similares haya tantos referentes libertarios o defensores de las ideas presidenciales que se mantienen callados. Uno que sufrió el escarnio público hace algunos meses fue Cristian Ritondo, cuando desde el propio gobierno lo acorralaban con denuncias por propiedades en Miami y en CABA por cerca de US$55 millones de dólares. Las relaciones preexistentes del jefe de la bancada del PRO en la política, los medios y la Justicia lo ayudaron para encapsular el tema, aunque no se detenga.
Esto es lo que no tuvo ni tendrá Adorni. Ya es tarde para él y también lo es para un gobierno que lo tiene que dejar ahí como pararrayos hasta que la economía del bolsillo mejore un poco. Lamentablemente para Javier Milei, su equipo tampoco lo ayuda. Si bien no es ilegal, roza con la ética en épocas de vacas flacas que nadie haya pisado el freno para los millonarios créditos otorgados por el Banco Nación a diputados propios y aliados que metódicamente levantan la mano para defender las políticas oficialistas.
Tanto Mariano Campero como Santiago Santurio y Alejandro Bongiovanni no podrían ni pasar por la puerta del BNA si solo presentaran el sueldo que cobran para conseguir esos créditos.
Y ahí está la otra parte de la hipocresía oficial apoyada por un electorado que elije no ver ni escuchar. Nadie puede manejar o aprobar presupuestos por miles de millones de pesos y ganar entre $3.000.000 a $10.000.000, La tentación por la habilitación de la firma es mucha y alguna respuesta debe tener.
En todo caso, la gente empieza a comprender que “son todos lo mismo” como paliativo a reconocer que no todo marcha de acuerdo al plan.
Además, queda más que claro, que la diferencia entre unos y otros está en el tiempo y la audacia que tengan para entrar en el sistema y conseguir más de la teta estatal.


