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La maquinaria de corrupción de Walter Bento: un veredicto de alto impacto, que alivia pero no cura

El veredicto del Tribunal Oral 2 fue contundente: los delitos cometidos por Walter Bento tienen impacto institucional. Una maquinaria de corrupción enquistada en la justicia que todos conocían y nadie denunciaba. Las implicancias

Bento lideró una banda de delincuentes al menos desde el año 2007.

Bento lideró una banda de delincuentes al menos desde el año 2007.

Rodrigo D'Angelo / MDZ

Walter Bento no es una persona austera. Por eso ostentaba inmuebles en barrios exclusivos, viajes a sitios poco discretos y otros lujos. En el recorrido de crecimiento hay, sin embargo, señales de gula patrimonial, de avaricia por acceder a cuanta ventaja pudiera tener para enriquecerse al margen de la ley, aun cuando tenía como trabajo defenderla.

Por eso, por ejemplo, accedió de manera irregular a un crédito hipotecario del Banco Nación (destinado a gente sin casa) para pagar un departamento de lujo que ya había comprado. O, como relató la presidenta del Tribunal Oral 2, usó a su hijo que tiene discapacidad para registrar bienes para lavar dinero, para esconder los bienes que había comprado con dinero ilegal proveniente del pago de coimas. Es un detalle minimalista al lado de la magnitud de los hechos de corrupción ocurridos alrededor del Juzgado Federal 1. Pero grafican la sensación de impunidad total que vivía Bento y su clan durante más de una década y media.

Bento era juez federal con competencia electoral y pudo ejecutar una red de corrupción expandida, conocida y obscena delante de todos. Así lo determinó la justicia: fue una organización criminal que funcionó al menos desde 2007, con base en el juzgado federal 1 de Mendoza. Como dijo el Tribunal, fue una asociación ilícita “de carácter permanente y estructurada cuya finalidad era la obtención de beneficios económicos ilegales mediante la venta de decisiones judiciales". En el mundo Bento se mezclaban el glamour ABC1, con el submundo del delito. El contacto con el círculo rojo y la política, con personajes grises que se movían entre la delincuencia, la delación y los negocios sucios.

Diego Aliaga era polifacético. Entre otras cosas, era el "informante 59" de la policía. Foto: Gentileza
Diego Aliaga era polifacético. Entre otras cosas, era el
Diego Aliaga era polifacético. Entre otras cosas, era el "informante 59" de la policía. Foto: Gentileza

Diego Aliaga era el principal gestor del perfumado juez: aduanero, contrabandista, informante policial, buchón de delincuentes y gestor de esa empresa liderada por un hombre que tenía mil apodos. Aunque la trama era conocida, nadie la había investigado y en el edificio de calle España elegían convivir más que combatir. El cruce telefónico de un narco en el que se mencionaban los favores ofrecidos por un juez y también el homicidio de Diego Aliaga fueron los detonantes inesperados de la investigación.

Las reacciones de los imputados a la sentencia de la causa Bento

Las reacciones de los imputados a la sentencia de la causa Bento

Una organización con tintes mafiosos

La asociación ilícita es una figura compleja de probar, que tiene pocos antecedentes de la magnitud de la que funcionaba en Tribunales, justamente porque se trata de una instancia institucional. Cristina Fernández de Kirchner, por ejemplo, no fue condenada por ese delito. En cambio es más habitual que ocurra en bandas criminales relacionadas con el narcotráfico, que tienen de por sí una organización con roles divididos. Bento, según determinó la justicia, gestó esa “empresa” apenas se hizo cargo del juzgado, pues había asumido en 2005. Ningún juez nace de un repollo en Argentina y el exmagistrado caído en desgracia menos aún. Fue elegido por Néstor Kirchner, pero bajo el padrinazgo de Juan Carlos Mazzón. Tuvo gestos diversos, y solía presionar a distintos actores con expedientes en su escritorio. Carpetazos. Tuvo también su paso mediático, cuando se hizo cargo de un conflicto de intereses entre poderosos grupos empresarios como Supercanal y Cablevisión (Grupo Vila-Manzano y Clarín).

La organización tenía tintes mafiosos. Así, por ejemplo, había una primera instancia de ablande: los gestores, como Diego Aliaga, usaban la información policial y judicial que tenían para advertirle a las víctimas (que en general eran delincuentes de delitos federales) que podían tener problemas judiciales. Y les ofrecían una salida preventiva pagando coimas. Si no accedían, les caía el peso de la ley corrupta, con Bento como ejecutor. Allí, con la privación de la libertad como principal herramienta, la tarifa se encarecía. Estremece escuchar el relato en voz de una jueza, sobre todo por el matiz institucional que tuvieron los delitos de la banda liderada por Bento. “No se trata de un proceso por delitos comunes, sino de un juicio que interpela al funcionamiento de las instituciones. Un juicio que interpela a los funcionamiento de las instituciones, a la confianza pública y al modo en que el poder cuando se desvía puede ser utilizado para obtener beneficios ilegítimos”, relató Gretel Diamante, puntana y acostumbrada a enfrentarse al poder.

El juicio es histórico porque se trató de una investigación iniciada cuando el protagonista estaba en ejercicio del poder. Y Bento era de ejercerlo. Por eso usó artimañas para esconder pruebas y la persuasión tácita para que la política, la totalidad de los dirigentes políticos mendocinos, obviaran lo que pasaba hasta que pasó de ser el rey de Tribunales, a un harapo. La matriz de corrupción fue descubierta, pero no queda claro si fue arrancada de raíz. Abundan los testimonios alrededor del caso sobre otros hechos que pasaron bajo el radar, que zafaron de ser observados; otros abogados que también formaban parte de la cadena de la felicidad, otros delincuentes que se beneficiaron con favores a cambio del pago de coima. Y, sobre todo, otras instituciones.

juicio sentencia walter bento (6)

En la sentencia se menciona al pasar que habría que investigar al Banco Nación por haberle dado a Bento un crédito que no le correspondía. Más preguntas surgen sobre el accionar de la Administración de Aduanas, el principal foco de las causas en las que se sospecha de corrupción. El delito de contrabando es uno de los más recurrentes y, con un puerto seco enorme como es el que se gestiona con el Paso Cristo Redentor, es esperable que ocurra. Algunos testimonios dieron señales de ello; incluso sobre algunos funcionarios que eran los favoritos de Bento y que no estuvieron sentados en el banquillo. Por eso la enorme duda que queda es si se trató de un juicio con repercusión enorme, de un sismo importante; o de un mani pulite, un terremoto que obliga a cambiar todo en una institución fundamental que tiene una larga historia de malos olores. Claro, pues Bento no es el primer juez destituido y tampoco el primero que va preso. Ya había ocurrido con otros inquilinos de su despacho y con la Cámara Federal.

Cuando leyeron el veredicto, Walter Bento no hizo gestos; como ocurrió durante todo el largo proceso en el que se derribó su extraña teoría de gran conspiración contra él. En sus últimas palabras buscó ahondar en la legitimidad de su patrimonio, asegurando que él como otros en Tribunales es “ABC1” y solo con el último aliento, cuando ya parecía muy tarde, pidió que solo lo condenen a él. Antes, claro, había usado a toda su familia como parte de su organización criminal.

La pirámide de la corrupción, en una infografía

bento infografía 2