La hora de no ser manada
La visita a Mendoza de la vicepresidente Victoria Villarruel dejó en claro su calidad y calidez personal, su falta de vanidad, su sencillez. Ha dejado mal parados a aquellos que tanto la agreden.
Victoria Villarruel en el Desayuno de la Coviar
Alf Ponce/MDZLa imagen de un viejo hablándole a un círculo de chicos, nos remite a la transmisión de las historias épicas de cualquier cultura. Así se han contado las vidas de los héroes. Y si hay héroes, también tienen que haber traiciones. Porque de eso se ha hecho la épica y así es como se fue contando. Primero por los viejos que han transmitido las leyendas, y después por la historia y la literatura.
En todos estos relatos nunca falta algún monje negro, algún personaje menor con aspiraciones de poder, que se aprovecha de las inseguridades del gobernante de turno, manipula la situación y expone a los héroes como enemigos. Los presenta como traidores. Porque para sobresalir, si no existe el brillo propio, hay que quitar el brillo ajeno.
En su momento, algo dijo Shopenhauer sobre los que brillan e iluminan y los que van tratando de opacar al luminoso y nivelar para abajo. Decía que, a través de la historia, los sabios, más o menos, siempre han dicho las mismas cosas y los idiotas, más o menos, siempre han repetido las mismas cosas. Cambian las épocas, los personajes, pero la esencia humana, sigue siendo la misma.
Al heroico Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, se lo empujó al destierro. Los Tres Mosqueteros fueron acusados de traición por un Cardenal bastante cuestionado. En la realidad y en la ficción que la ha sabido representar, se ha perseguido a los personajes entrañables que han representado los principios nobles, los valores trascendentes. Y para condenar a los justos, han retorcido la verdad y les han caído con toda la fuerza del reino o el estado, para conseguir la condena social de nuestros paladines. Toda bajeza es legítima a la hora de injuriar a hombres y mujeres nobles para presentarlos como enemigos públicos.
Nuestro ejemplo más cercano y dramático lo tenemos en nuestra provincia. El Libertador, el General José de San Martín y Matorras, debe salir de Mendoza, de noche, para no ser apresado y posiblemente asesinado por los esbirros de Rivadavia. Anteponer los principios y no querer prestarse a una lucha entre hermanos, son de esas actitudes que exponen tanto al injuriado como al difamador. Y así se fue de nuestra Patria y pasó sus años en un exilio del que nunca más volvió.
Más cercanos en el tiempo, nuestros Señores Veteranos de Malvinas fueron sumergidos en el olvido por la desmalvinización. El olvido y el ninguneo ha provocado cientos de suicidios. Vidas que no pudieron soportar la falta de reconocimiento de una sociedad que después de vivarlos, les dio la espalda.
En medio de esta mediocridad en la que estamos sumergidos, es indignante ver como se trata de denigrar a la poca buena gente con valores propios, con ideas superadoras, con personalidades fuertes. Somos testigos de las persecuciones, comentarios despreciativos y el menoscabo a sus figuras. Ni más, ni menos que lo dicho por Shopenhauer. Esos idiotas siguen repitiendo las mismas cosas de siempre, pero nos resuenan mucho más indignantes al ver, en medio del desánimo, cómo se intenta destruir cualquier germen de superación antes de que pueda desarrollarse.
Sin lugar a dudas, estas son las inseguridades y las artimañas. Cuando un mediocre se encuentra frente a un espíritu noble, se le prenden todas las alarmas de su conciencia. Se dan cuenta, que cuando alguien puro y con buenas intenciones se acerca, no hace más que mostrar sus miserias, al igual que una mancha se nota en un paño blanco.
La visita a Mendoza de la Vicepresidente Victoria Villarruel, dejó en claro su calidad y calidez personal, su falta de vanidad, su sencillez. Ha dejado mal parados a aquellos que tanto la agreden. Son esos mismos que han transformado palabras tremendas, como “traición”, en meros hechos declamativos, sin profundidad y sin ningún tipo de sustento. Porque hoy no importa tanto qué pruebas hay de lo que se dice. Ni siquiera importa el significado de lo que se dice. Simplemente se repiten sin análisis palabras vacías pero dañinas, con tal de desprestigiar a alguien y congraciarse con otro.
Las declaraciones del actual Diputado Nacional por Mendoza Luis Petri, acusando a Villarruel de golpista, sin pruebas, sin evidencias, sin ningún otro motivo, que mostrarse como una persona dispuesta a todo con tal de agradar a su líder, son un metro para dimensionar bajezas.
Ante la crítica concreta sobre el funcionario Manuel Adorni, que llevó en el avión presidencial, de vacaciones, a su mujer en un viaje oficial, donde las pruebas abundan y hasta el mismo funcionario lo reconoció, la diputada nacional Orozco, repite en los medios y para quien quiera escucharla, su acusación a nuestra Vicepresidente. La califica de “traidora”. Por supuesto, a la hora de difamar no les desborda la imaginación. Van por donde el libreto les indica. Todo sea por la foto y los 5 minutos de una fama bochornosa. Y para demostrar la fidelidad y sumisión que le debe al rey y su corte.
Pero todos los pozos tienen un fondo. Y cuando se suponía que todos aceptamos mansamente que todo está permitido y se pueden decir hasta las más obscenas descalificaciones, han comenzado a escucharse otras voces.
Por fuera de la manada, donde los dispuestos a repetir, repiten, están los que deciden pensar, analizar y valorar. Y se preguntan: ¿Qué hizo Victoria? ¿Cuál es la traición de Villarruel?.
Cuando no se comprende cuál es el rumbo, formular preguntas sirve para aclarar el camino.
¿Será traidora Villarruel por amar a su Patria y sus Tradiciones?.
¿Será traidora por estar cerca de los Ciudadanos?.
¿Será traidora por defender, la industria, la producción y empleo Nacional?.
¿Será traidora por visitar nuestras Provincias?.
¿Será traidora por tener pensamiento propio y no repetir las consignas de moda?.
¿Será traidora por creer que ya es época de unión entre los Argentinos?
Aunque todavía no se vea claro para dónde nos debemos encaminar, ha comenzado otra etapa del país. Estamos en el inicio de lo nuevo por conocer.
Habrá llegado el momento de analizar, evaluar y dejar de escuchar a los monjes negros, a los títeres y a los loros. A esos que nos quieren marcar el rumbo con espejismos. Los manipuladores, los ventajeros, los que retuercen la situación y juegan con nosotros para su beneficio. Los que consideran traidores a quienes, apartándose de cualquier libreto preestablecido, miran, analizan y valoran por fuera de su bolsillo y sus conveniencias circunstanciales.
Si ser traidor es profesar y defender los valores que manifiesta Victoria Villarruel, somos muchos los que estamos dispuestos a ser tildados de traidores.
Luis Giachino
La Juan Bautista

