La era del funcionario multitasking: desde la gestión hasta sonreír para las redes
Los funcionarios son multitasking: se ocupan de la gestión, de los problemas internos y tienen que hacer videos de las redes. Cómo les sienta este nuevo perfil.
Los funcionarios multitasking, de la gestión a las redes. Foto: Marcos Garcia/MDZ
El celular vibra arriba de la mesa mientras la reunión todavía no termina. Un ministro corta unos segundos para responderle a un intendente que reclama fondos, vuelve a la conversación principal, revisa una encuesta enviada por WhatsApp, aprueba un comunicado y antes de levantarse ya grabó un video corto para redes sociales. Todo en menos de media hora. En la política de Mendoza apareció una figura nueva: el funcionario multitasking, que va de la gestión a ocuparse de las redes sin escalas.
No es que alguien se "deslome", parafraseando al término tan repudiado que usó el jefe de Gabinete Manuel Adorni, sino que a diferencia de otras épocas los funcionarios se ocupan de muchas más tareas que en otras décadas.
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En Mendoza, como en gran parte del país, los funcionarios dejaron de tener tareas delimitadas. La política se aceleró, los equipos se achicaron y la exposición pública creció hasta niveles inéditos. Hoy un ministro no sólo gestiona: también comunica, contiene crisis, monitorea redes, negocia con sectores internos y responde demandas que llegan las 24 horas.
Los funcionarios dejaron de tener horarios
Víctor Fayad, el fallecido intendente de Ciudad de Mendoza, solía ser la excepción a la regla. Recorría por las noches para ver si los recolectores habían sacado la basura de las calles. Esa actitud del exintendente que no delega se replica hoy en muchos funcionarios, algunos por decisión propia y otros porque las dinámicas cambiaron.
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Hace algunos años las estructuras eran más amplias y las funciones estaban más separadas. Existían asesores especializados para cada área, voceros con peso propio, equipos de prensa numerosos y funcionarios menos expuestos a la demanda inmediata. La cadena de decisiones era más lenta, los tiempos absolutamente otros.
En los últimos años, entre el ajuste de estructuras estatales, la reducción de cargos políticos y la presión por mostrar austeridad, muchos equipos quedaron reducidos al mínimo. El resultado fue casi inevitable: los propios funcionarios absorbieron tareas que antes delegaban. Pero también la lógica de la inmediatez que trae el uso de las nuevas tecnologías por parte de la población los atrapó a todos.
El ministro de Gobierno Natalio Mema se ocupa del metrotranvía, las paritarias, armar reuniones con los legisladores libertarios para contenerlos dentro de la estructura del oficialismo provincial. Además, es el titular del Congreso de la UCR, por lo tanto tiene cargos partidarios, pero sigue siendo el ministro político de Alfredo Cornejo. Entonces si le preguntan sobre cualquier tema, siempre está dispuesto a responder.
Hoy un ministro puede pasar de discutir presupuesto a responder una entrevista radial desde el auto. O de coordinar un operativo de emergencia a publicar una historia de Instagram. La lógica política actual exige presencia permanente.
En Casa de Gobierno y en varios municipios consultados por MDZ lo describen con una frase sencilla, pero que concentra la idea de lo que atraviesa la política: “si no comunicás, pareciera que no hiciste nada”.
La transformación se nota especialmente en la relación con las redes sociales. Antes alcanzaba con una conferencia de prensa y una gacetilla enviada a los medios. Ahora la política vive en tiempo real: un video viral, una foto fuera de contexto o un reclamo vecinal publicado en Twitter pueden instalar agenda en cuestión de minutos. Incluso, descartan la conferencia de prensa.
Hay ministros que revisan personalmente sus redes de madrugada. No sólo ministros: el gobernador Cornejo, que la multitarea le encanta desde siempre, también. Incluso es quien se encarga personalmente de monitorear las tareas a las terceras o cuartas líneas y de consultar si tienen dudas, leer diarios y armar reuniones políticas.
Los intendentes, multitasking por excelencia
El retiro de muchas funciones del Estado nacional desde que Javier Milei preside la Nación lo sienten los gobernadores y los municipios. Por eso, los intendentes probablemente sean quienes mejor representan el fenómeno del funcionario multitasking. La demanda sobre ellos es permanente y simultánea. Deben gestionar servicios básicos, enfrentar reclamos vecinales, mantener presencia territorial, sostener actividad política y además mostrarse activos en redes.
Un jefe comunal puede arrancar el día supervisando un operativo de limpieza, después atender un conflicto por inseguridad, más tarde participar de un acto escolar y terminar la jornada grabando contenido para redes, porque sabe que buena parte de la construcción política actual también pasa por ahí.
La hiperconectividad terminó eliminando las pausas. En varios municipios reconocen que las reuniones políticas ya no se organizan únicamente alrededor de temas de gestión. Muchas veces - otros dijeron "la mayoría de las veces"- el análisis gira sobre impacto digital, viralización y humor social. Un error de comunicación puede generar más problemas que uno administrativo menor: un posteo con errores, una foto que estuvo de más.
Por eso, los funcionarios casi no pueden tener bajo perfil. Deben saber responder una entrevista hostil, hablar frente a cámara, negociar internamente y reaccionar rápido frente a una crisis.
Esa exigencia constante tiene costos. No necesariamente desde un discurso dramático, sino desde algo mucho más concreto: agotamiento operativo, jornadas eternas, poca capacidad de desconexión y una dinámica basada en la reacción permanente. Muchos funcionarios sienten que trabajan “apagando incendios” todo el día.
La política mendocina, históricamente más estructurada y moderada que la nacional, tampoco escapó a ese cambio cultural. Incluso dirigentes con perfiles tradicionalmente técnicos tuvieron que adaptarse a una lógica mucho más expuesta y veloz.
Ya no alcanza con gestionar bien puertas adentro. También hay que mostrarlo, explicarlo y defenderlo casi en tiempo real.
Algunos lo consideran una modernización inevitable de la política. Otros creen que esa dinámica superficial favorece la improvisación y reduce el tiempo para pensar políticas de largo plazo porque mientras todo ocurre en simultáneo, el riesgo es que lo urgente termine desplazando siempre a lo importante.
Sin embargo, nadie dentro del sistema político parece imaginar un regreso al modelo anterior.



