La alegría del día más triste de un gobernador sin reelección

La alegría del día más triste de un gobernador sin reelección

Eso está viviendo Alfredo Cornejo tras decidir que Rodolfo Suarez será quien se calce la tarea de llevar adelante su legado, justo un exsoldado de su archiadversario interno, Víctor Fayad

En Mendoza pasa una y otra vez, cada cuatro años. El gobernador no puede ser reelecto, resulte apreciada su labor en la gobernación o no. La Constitución que data de 1916 no confía en el criterio de la sociedad y, por lo tanto, le quita la chance de decidir la continuidad, aunque sea por un solo período. Por eso, la alegría de consagrar el nombre de quien aspira le suceda se transforma siempre, inalterablemente, en el día más triste de su mandato. Es el primero de sus últimos días en el ejercicio de un poder en que muy probablemente, a estas alturas, tres años después de haber asumido, un mandatario empieza a sentirse habilidoso después de los reacomodamientos iniciales.

Eso está viviendo Alfredo Cornejo tras decidir que Rodolfo Suarez será quien se calce la tarea de llevar adelante su legado, justo un exsoldado de su archiadversario interno, Víctor Fayad, aquel que le bloqueó todas las batallas por acceder al control de la UCR en el pasado,.

La alegría y la tristeza se conjugan en un momento en que determino que no sería uno de los propios quien compita por la gobernación. Generosidad desconocida en un Cornejo batallador y celoso de lo suyo, o empecinamiento de la coyuntura, en la que sus aliados en lugar de pechar hacia arriba aparecen en el contexto nacional como un lastre, la realidad está servida.

Ahora, los reflectores pero también las lupas estarán puestos sobre Suarez, el intendente que llegó en silencio y consiguió aglutinar detrás de sí no solo a los radicales, sino que en virtud de un equipo municipal mitad heredado, mitad construido por él, logró un guiño a sus proyectos desde Buenos Aires y, con ello, concita atención nacional.

Cornejo empieza ahora a transitar el primero de los últimos días de su gestión. Pero ahora deberá compartir -nobleza obliga- el moño sobre lo hecho o las críticas sobre lo no realizado. Así es la política, al menos en Mendoza.--

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