Justicia, poder y mafias: cuando investigar también pone en riesgo
La Justicia acelera para el poder y duda ante mafias. Amenazas a jueces exponen un sistema que llega tarde y deja solos a quienes investigan.
Fernando Pinos Guevara, el juez de la investigación del triple crimen narco de Florencio Varela.
Archivo MDZHace apenas unos días analizamos cómo la Justicia puede moverse con una velocidad inusual cuando el caso involucra a la AFA y cuenta con respaldo político. Decisiones exprés, comunicados oficiales y gestos institucionales coordinados. El mensaje fue inequívoco: cuando el poder se siente amenazado, el sistema reacciona. Pero esa rapidez no es la regla. Es la excepción.
El reciente robo y amedrentamiento sufrido por , expone la otra cara del sistema: una Justicia que muestra firmeza frente a disputas políticas, pero vacila cuando debe enfrentar estructuras mafiosas. Esa diferencia no es casual. Es estructural.
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La Justicia rápida para el poder
Cuando el conflicto roza el equilibrio político, la Justicia aparece ordenada, visible y eficiente. No hay dilaciones ni silencios incómodos. El Estado actúa porque el problema lo interpela directamente. En esos casos, la ley funciona como escudo del poder. Ese despliegue contrasta con la parsimonia frente a delitos complejos, amenazas o intimidaciones que no afectan el centro político. Allí la respuesta se fragmenta, se posterga o se diluye. Y ese contraste erosiona algo más profundo que una causa judicial: la credibilidad institucional. La ley no debería correr cuando conviene. Debería caminar siempre al mismo ritmo.
Mafias, silencios y zonas liberadas
Las mafias no necesitan controlar todo el Estado. Les alcanza con que el Estado llegue tarde. Operan sobre el miedo, el desgaste y la previsibilidad de la inacción. Cuando un juez es amenazado y la reacción no es inmediata ni contundente, el mensaje no es solo para él: es para todo el sistema. Investigar tiene costo. Y ese costo, hoy, se paga en soledad. No se trata de un robo aislado ni de un hecho menor. Se trata de marcar territorio, de demostrar quién manda cuando el Estado duda. Cada silencio institucional deja un vacío. Y los vacíos de poder nunca permanecen vacíos. El silencio también gobierna.
El costo social del miedo
¿Qué le pasa a una sociedad cuando sus jueces piensan en irse? Cuando investigar implica exponerse sin respaldo claro. Cuando la vocación choca con la supervivencia personal. El miedo no se queda en los tribunales. Baja. Se filtra. Llega al ciudadano común que deja de denunciar, al comerciante que acepta perder, a la víctima que decide callar. La impunidad no siempre se impone por violencia: muchas veces se instala por cansancio. Una Justicia que teme es una Justicia condicionada. Y una Justicia condicionada deja de ser garantía. El daño no es solo institucional. Es social. La desconfianza se expande y el contrato democrático se resiente. Sin protección, no hay coraje posible.
Una pregunta incómoda
Si el sistema puede ser veloz para defender al poder, ¿por qué no lo es para proteger a quienes lo enfrentan desde la ley? La verdadera prueba de la Justicia no está en cómo cuida a los fuertes, sino en cómo respalda a quienes quedan expuestos al investigar. Cuando hacerlo implica riesgo, el problema ya no es el delito. Es el Estado que llega tarde.
* Lic. Eduardo Muñoz. Criminólogo. Divulgador en Medios. Análisis criminológico aplicado a temas sociales de actualidad y seguridad.
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