Javier Milei, el país del 50% y la odisea de mantener la ilusión en los cambios que vienen
Javier Milei en Budapest, crisis con Manuel Adorni y cansancio en el día a día de la economía de bolsillo. El difícil equilibrio entre buenas y malas noticias.
El presidente Javier Milei mantuvo una reunión con el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, en el Monasterio Carmelita de Buda, acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller, Pablo Quirno.
El gobierno atraviesa el tiempo más complicado desde que Javier Milei llegó a la presidencia. Mas complejo quizás que los días previos a las elecciones de octubre pasado cuando la tensión cambiaria obligó a activar el conocido apoyo del secretario del Tesoro, Scott Bessent para equilibrar el barco en medio de la tormenta.
Esta vez no es el dólar o el superávit lo que está en juego. Luis Caputo está embarcado en un armado casi artesanal de los fondos que el país necesitará para cancelar los vencimientos que vienen. Con el mundo en guerra y marchando a la seguridad de los activos en dólares y la Argentina con un Riesgo País que no logra bajar de los 600 puntos, el objetivo de salir a renovar deuda con tasas más bajas en el corto plazo se vuelve una ilusión.
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El problema entonces no es el dólar, aunque si el Riesgo País que no cede. Las dudas hoy pasan por dos puntos que vienen por partida doble: los ruidos en el discurso moral del gobierno y el impacto del ajuste en el bolsillo de muchos argentinos que ven que el paraíso económico prometido puede estar bastante más allá de lo que imaginaban.
Así el país se mueve al 50 % entre indicadores que chocan unos con otros, buenos con malos, y teorías sobre la recuperación que le dan argumentos a todos.
Números para todos los gustos
La semana pasada aparecieron mediciones que van desde darle a Javier Milei un nivel de aprobación de gestión que puede llegar a 50 %, con otras como Opina o Trespuntozero que miden una caída a 35%.
Mientras esas diferencias van a haciéndose más frecuentes en el mundo de las consultoras, otras ubican al gobierno en medio de un nivel de incertidumbre popular cada vez más importante sobre el futuro de la economía y la destreza de la Libertad Avanza para manejarla. Es decir, para quienes creen en las encuestas, aparecen números sobre la credibilidad en la maestría libertaria para avanzar en reformas más allá de lo visto hasta ahora.
Frente a esto Javier Milei festejó un crecimiento anual del PBI de 4,4%. Los dos años anteriores habían sido negativos y la alegría estaba justificada.
¿Cuánto de ese crecimiento llegó a permear a una mejora en el consumo y el ingreso? Difícil saberlo si nos atenemos a los números que el propio INDEC distribuyó sobre el desempleo con una suba a 7,5 %, contra 6,6 % del mismo período el año pasado.
Para los entendidos la dinámica del trabajo y la producción de estos tiempos van a jugarle en contra a Javier Milei. Los dos gobiernos de Carlos Menem con sus reformas demostraron que no hay una derivación directa entre distintos empleadores y geografías a la hora de avanzar con reformas en el Estado. Para ser mas claros: nada indica que automáticamente quienes dejan de trabajar en el mercado del acero se vayan a reconvertir en otra área porque la demanda laboral cambie de un sector a otro más competitivo.
La guerra mundial por los costos
Esa realidad se suma ahora al necesario proceso de mejora en la productividad que deben enfrentar muchos sectores del país. En síntesis: en muchos casos no habrá más mano de obra disponible, sino mayor eficiencia en el trabajo y el tratamiento de costos. La robotización de líneas de producción no es un fenómeno de ciencia ficción, sino una orden directa de las casas matrices a sus subsidiarias en Argentina. Si el país quiere crecer no puede estar fuera del ritmo que lleva cualquier empresa en otro país, esa es la directiva.
En el mundo el problema es mucho más evidente. De acuerdo al análisis de la consultora en gestión estadounidense Oliver Wyman sobre el mercado automotriz, el costo laboral por vehículo en China es de US$ 597, mientras que en los EE.UU. es de US$ 1341. A esa dato hay que sumarle dos noticias. La primera es que los autos producidos en China hoy tienen una calidad similar a la que cualquier otra producción en el mundo. La segunda, y más aterradora para los países que deben mejorar productividad y exportaciones como Argentina, es que el caso chino no es el más desafiante: de acuerdo al mismo informe el costo laboral por vehículo en Marruecos es de US$ 106.
En materia de datos dispares Argentina sigue aportando para hablar . En el consumo hay alarmas prendidas por todo el país. Esta vez el temor comenzó en las provincias con ruidos en el turismo y las economías regionales, pero ya se ve también en Buenos Aires y el Conurbano bonaerense con mucha fuerza.
En enero las ventas en supermercados cayeron1,2 %, en línea con lo que vino anticipando CAME, por ejemplo, pero al mismo tiempo se midió una suba de 1,3 % en los autoservicios mayoristas.
Con la inflación se verifica una dinámica similar. Mientras todo indica que marzo viene con una temperatura cercana a 3 %, en línea con la presión inflacionaria de 2,9 % de febrero, la inflación mayorista del mismo mes fue de 1 %, desacelerando 0,7 con relación a enero.
Javier Milei y el precio del petróleo
Claro que a esos números habrá sumarle ahora la guerra en Medio Oriente con una suba del petróleo que anoche se mantenía en US$ 112 para el barril de Brent. El desafío de Irán al haber logrado llegar con un misil a la base de la OTAN en la isla Diego García en el medio del Océano Indico marca un límite al que hasta ahora no se había llegado: Teheran desafía así para mostrar que tiene capacidad operativa de atacar directamente hasta cualquier capital europea. Ayer, además, se intensificaron los bombardeos desde Israel e Irán y Europa comienza a pensar en que esta guerra no terminará tan rápido como prometió Donald Trump en origen.
Argentina vive en ese mundo y las consecuencias ya llegan con una suba de combustibles que será difícil evitar. Son todos argumentos que juegan en contra del plan de estabilización que lleva adelante el gobierno.
Para colmo, Luis Caputo hizo gala esta semana de los problemas que tiene para hablar de temas urticantes y se metió a reconocer: “Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete, ocho meses”, para luego rematar: “Uno, como policy maker, puede controlar la oferta, que es lo que hacemos nosotros, pero nosotros no podemos controlar la demanda, no podemos forzarlos a ustedes a tener pesos en el bolsillo si no quieren”.
Javier Milei llegó al gobierno con la promesa de no dejar pasar un solo desliz en materia de corrupción y manejo de la cosa pública. Sea posible o no semejante promesa de transparencia en un país como Argentina que vive sumido en la corrupción para obscena que se pueda imaginar en los últimos 20 años, el problema como siempre sucede con la política no es ser, sino parecerlo. Y así mantener la credibilidad general en el proyecto.
Al gobierno eso no le viene saliendo bien en los últimos tiempos. El caso Libra promete más dolores de cabeza en el horizonte y no menos. El presidente y su hermana tienen que terminar de dar explicaciones ante las muestras que siguen apareciendo. Mauricio Novelli dejó audios de sobra que suman dolores de cabeza todos los días al mundo libertario, sobre todo cuando habla de filtrar empresarios cripto en el mundo de Javier Milei.
El esfuerzo del gobierno en el tan promocionado Argentina Week terminó opacado no solo porque las promesas de inversión allí escuchadas deberán confirmarse en dólares efectivos que se atornillen en nuestro suelo para que entusiasmen al mercado, sino porque en medio de esa cumbre estalló el escándalo de los viajes de Manuel Adorni y su esposa que terminaron opacando todo. Menos cuando su amigo Marcelo Grandio, aparece cruzando facturas por el pago de ese viaje que cada día oscurecen mas que lo que pretenden aclarar.
No hubo euforia ni en los empresarios, ni en los 11 gobernadores que se sumaron a ese viaje y que tuvieron en el Council of the Americas su momento de brillo.
Ese saldo negativo no es culpa solo de las dudas en torno de la política local, con un peronismo que aún sigue desorientado y con Cristina Fernández de Kirchner contra las cuerdas enfrentando pruebas contundentes en Cuadernos sobre la corrupción en su gobierno.
¿Corrupción o bolsillo?
Hay una regla, quizás triste y hasta difícil de reconocer en Argentina: el votante medio mira y se asusta por la corrupción, solo cuando la economía hace ruido. Quizás no habría tiempo para detenerse en un viaje de la esposa de Adorni en el ARG 01 o el vuelo a Punta del Este que cada día tiene más oscuridad sobre su facturación y pago, si los bolsillos del argentino medio no tuvieran la tensión que hoy tienen a la hora de enfrentar el fin de mes.
El bolsillo es uno solo y hoy existe una guerra a la hora de establecer prioridades de pago: lo que se lleva la energía no va a ir a la cuenta del supermercado, lo que vaya a las desreguladas facturas de la medicina prepaga va a impactar en las mesas vacías de restaurantes y bares.
Es una enseñanza que Mauricio Macri aprendió cuando se lanzó a racionalizar los costos de la energía que el kirchnerismo le había dejado cuando subsidiaba hasta el 85 % del consumo de cada hogar en un acto de demagogia poca veces visto en la historia mundial. Javier Milei debería aprender de ese peligroso ejemplo. Macri ya lo hizo y por eso esta semana se lanzó a recrear el PRO, sin moverle el piso al gobierno, pero volviendo a pararse como una alternativa por si acaso.