Ganó la política: por qué los acuerdos serán una obligación de gestión

Las elecciones de ayer fueron un "virtual balotaje". El repunte de Macri le pone coto al futuro gobierno. La búsqueda de acuerdos era una promesa de campaña, ahora será una obligación de gestión.

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Pablo Icardi

Bunker TODOS

Pachy Reynoso/MDZ

El sistema electoral argentino tuvo una adaptación. Las elecciones generales de ayer cumplieron el rol de “segunda vuelta virtual”, tras el ensayo que representaron las PASO. Sí, más polarización, pelea mano a mano entre dos candidatos y disolución de las terceras fuerzas. La victoria de Alberto Fernández no era sorpresa y, a la inversa de las primarias, sí lo fue la diferencia. El capital político que recuperó Mauricio Macri se transformó, así, en uno de los datos de la jornada.

Antes de las elecciones se especulaba con un retorno del kirchnerismo arrasador; el del 54%. No ocurrió y no es una diferencia menor. El nuevo gobierno llegará con respaldo, pero no con un efecto huracán. En el Congreso necesitará los votos de la oposición; si los acuerdos eran una promesa de campaña, ahora serán una obligación de gestión.

Fernández sacó 2 millones más de votos que Macri. Pero ese no es el dato clave. El balotaje se evitó por una diferencia de 3,1 puntos porcentuales. En concreto son 806.472 votos que le permitieron evitar la segunda vuelta. 

El crecimiento de Macri fue enorme entre agosto y octubre. En las PASO el Presidente sacó 7.824.996 votos. En las generales 10.470.607. Alberto Fernández, en cambio, apenas superó el techo de las PASO. En las primarias obtuvo 11.622.020 votos. Ayer consiguió 12.473.709.

El mapa político quedó dividido. Una franja “amarilla” en el centro del país marca un corte entre el Norte y la Patagonia. Pero el resultado se explica con un foco territorial más chico; con lo que ocurrió en el núcleo urbano de Buenos Aires. Argentina es un distrito electoral único y, a la luz de los resultados de ayer, el conurbano tiene el poder. La duda es quién maneja ese capital político.

Primeros pasos

La foto del escenario de la victoria marcaba esa impronta. El primero en hablar fue Axel Kicillof, el gobernador electo de Buenos Aires. El ex ministro de Economía “encendió” la mecha para cuestionar la herencia. Luego lo hizo Cristina, quien marca la agenda política. La ex presidenta buscó condicionar al actual presidente Mauricio Macri y también le marcó la cancha a Alberto; con la agenda regional (saludos a Evo Morales y Lula incluidos) y con el enfoque del gobierno. Luego habló el presidente electo, con una suma de párrafos que no terminaron de hilar una idea de futuro concreto. Detrás, como custodios políticos, Máximo Kirchner de un lado y Sergio Massa del otro. El poder está en la provincia.

El escenario para el gobierno de Alberto es distinto al vivido en la era de Cristina. Llega con menos volumen político que ella, pero mayor al que tuvo Néstor en 2003. Ese es el gobierno de referencia para el presidente electo. 

La inédita foto de Macri y Alberto estrechándose la mano puede ser un buen punto de partida.

Macri recibió a Alberto Fernández en Casa Rosada.

Los liderazgos

Las urgencias están en la economía. Pero resuelve es la política. Y el esquema está en una sana revisión. El Frente de Todos tendrá las disputas internas por la conducción, aunque en el entorno de Alberto lo dejan claro: “el que manda es Alberto y eso se va a notar desde el primer día”.

En Cambiemos varios dirigentes quedaron en pie para reconstruirse como oposición. El dato previo es ese: antes de las elecciones habían ratificado la intención de mantener esa alianza.

Alfredo Cornejo quedó fortalecido por haber revertido el resultado en Mendoza y haber sido el mentor de la recuperación de Mauricio Macri en la provincia, quien también estuvo al borde del 50%. Pero además volvió a mostrar chapa de estratega político y logró el doble objetivo de mantener el poder en la Provincia y también aportar para “el proyecto nacional”. Como presidente de la UCR, incluso, tuvo más rédito: ese partido tendrá ahora más poder en el Congreso, porque tendrá 47 bancas propias, 8 más de las que ponía en juego. Cornejo es uno de ellos. Incluso en el Senado nacional también tendrá más poder.

Los que querían jubilar a Mauricio Macri deberán esperar. Los “trámites en las Anses” dependen de él y ayer no dio señales de retiro. Por el contrario, tuvo un discurso de concordia, pero también de autoconvencimiento. “Vamos a cuidar lo que logramos”, dijo usando la primera persona del plural.

Ese esquema se completa con Horacio Rodríguez Larreta, otro de los ganadores del sector que será oposición desde el 10 de diciembre. Quien quedó peor parada fue, curiosamente, la dirigente que mejor imagen tenía: María Eugenia Vidal.

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