El origen: por qué Mendoza se achica, genera menos riqueza y una preocupación que crece
Mendoza cosecha la falta de planificación que hubo en el pasado. Por qué la provincia "crece menos" y los temores nuevos de la casta.
De un lado, personas que no tienen para comer y viven con precariedad extrema, y del otro una torre de vigilancia para barrios privados. Fincas abandonadas en medio de un paraíso rodeado de hoteles de lujo. Una historia industrial enorme, pero empresas que migran para producir en otras provincias. ¿Cómo explicar los contrastes de Mendoza? Difícil, porque es la historia de un deterioro lento y constante.
El discurso político mendocino tiene algunas redundancias que ya parecen traumáticas. Una de ellas es pedirle al presente lo que no se sembró en el pasado y, al mismo tiempo, externalizar las culpas. Es lo que pasa cuando intentan explicar un dato duro que se transformó en un problema crónico: Mendoza se empequeñece, produce menos y cada vez alcanza para menos personas. Toda la riqueza que genera la provincia en un año se redujo más de un 18% desde el 2011. Además, Mendoza crece menos que la Nación y las actividades que son motores de la “nueva economía” tienen un desempeño pobre. El informe anual del IERAL brinda algunas señales de ese deterioro. La economía de Mendoza se recuperó 3,5% el año pasado, pero en el tercer trimestre cayó. Las exportaciones bajaron, el comercio tuvo un mal cierre de año y la industria sufrió.
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Gran parte del problema que se sufre en el presente está en lo que no se hizo en el pasado, de un proyecto productivo, social y educativo pensado cuando había recursos y que funcionara como siembra de futuro. La cápsula del tiempo que se dejó hace décadas atrás está vacía.
Mendoza impulsa la minería como salvadora, aunque el mismo equipo había rechazado la actividad hace dos décadas y los especialistas advierten sobre el riesgo de jugar un “pleno” a una sola actividad con alta volatilidad. El petróleo está en decadencia desde que la Provincia se hizo cargo de la gestión de esos recursos y hoy cosecha la mala estrategia del pasado. La industria madre de la provincia, el vino, cae y no logra salir de los conflictos institucionales “pos Plan Estratégico”.
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El producto bruto per cápita, es decir toda la riqueza generada en la provincia dividido por la cantidad de habitantes, se redujo sensiblemente. En 2011 el PBG per cápita era de 9100 dólares anuales y el año pasado bajó a 7500 dólares, lejos incluso del pico de 2015, con más de 10 mil dólares per cápita. Con la salvedad obvia de las diferencias por el tipo de cambio, las actividades productivas de Mendoza sufrieron un deterioro enorme y allí está parte de la explicación.
Mendoza creció menos que la Nación y hacia fines del año pasado hubo caída en la actividad. Bajaron las exportaciones, a contramano del resto del país, el comercio se retrajo hacia fin de año y el petróleo, la actividad que más aporta al Producto Bruto está en decadencia. La razón por la que Mendoza se recuperó menos que el resto del país es, entre otras cosas, que la matriz productiva local no participa en actividades que son los motores de un crecimiento heterogéneo: la minería, el petróleo y el agro.
Cápsula del tiempo
El contraste más importante es el de la actividad petrolera. Esa industria aporta el 17% de toda la riqueza de Mendoza y está en declive desde hace años por la baja en la producción convencional. La foto panorámica de Argentina indica que hay un crecimiento enorme en la producción de petróleo y se genera un superávit energético. El detalle marca un contraste enorme entre lo que ocurre en Neuquén con Vaca Muerta y lo que pasa en el resto de las provincias petroleras como Mendoza: los yacimientos maduros están agotados y fuera de foco de las grandes empresas para invertir. El retiro de YPF de esas áreas maduras fue durísimo para la economía local. La intención de explorar el potencial de Vaca Muerta en Mendoza es un camino incipiente y lleno de obstáculos por la mala herencia del pasado por falta de infraestructura y de visión.
En 2007, por ejemplo, se diseñaron las primeras licitaciones de áreas petroleras desde que la Provincia tomó el control de esos recursos, como indica la Constitución y la “ley corta” de hidrocarburos. Las tensiones y lobbies pudieron más que las estrategias productivas. Esas áreas, licitadas entre las gestiones de Julio Cobos y Celso Jaque, se adjudicaron a empresas sin experiencia y que ejecutaron negocios inmobiliarios y no productivos. Se sumó, además, falta de visión para exigir exploración que garantizara un futuro mejor. Le dieron 7 áreas a empresas como Ketsal y Kilwer, que no tenían activos propios para ejecutar un plan productivo ni respaldo para responder a las promesas de inversión. Hubo transacciones privadas y poco impulso productivo; abandono de áreas y muchos negocios relacionados con los activos; más trabajo para abogados que para ingenieros en petróleo, más trajes que mamelucos.
En 2011 hubo más maniobras clave: se extendieron concesiones, entre ellas a YPF con la gestión interna del grupo Petersen. El petróleo no convencional comenzaba a verse en el horizonte, pero Mendoza no exigió exploración e inversiones que pudieran sembrar un futuro distinto en Malargüe, donde está la “lengua mendocina” de Vaca Muerta. Curiosidad aparte: hay datos de producción local desde esa formación, aún cuando no se habían ejecutado maniobras de fractura.
Esa historia no quedó tan marcada a fuego en quienes toman decisiones. El mismo grupo empresario que fue el ganador de esas áreas petroleras en 2008 se quedó con la explotación del proyecto Potasio Río Colorado, la mina de fertilizantes que está en Malargüe y había sido abandonada por Vale. Para sorpresa de pocos, la empresa Minera Aguilar tampoco cumplió los planes de inversión el año pasado y hay una renegociación para determinar el camino a seguir, que será con un proyecto más pequeño aún. Minera Aguilar, de José Luis Manzano, le ganó la puja a Corporación América, el grupo liderado por Eduardo Eurnekian, que tiene como capital propio ser un jugador importante en el transporte y comercialización de gas, insumo crítico para la producción de Potasio, y también en el área logística. Lo ocurrido con PRC es parte de un bucle en el que parece que en “Mendoza no se puede”.
En la industria minera, por ejemplo, hay quienes mencionan a Mendoza con un asterisco por la “inestabilidad”. Pero no se refieren a la Justicia, tampoco a ninguna fragilidad institucional; sino a la forma en la que cambian de posición. Hoy la provincia impulsa esa actividad exigiendo resultados imposibles en el corto plazo. Hace dos décadas Mendoza tomaba caminos que parecen contradictorios. Se amplió la reserva Laguna del Diamante, se aprobó la reserva privada Villavicencio y se sancionó la ley 7722. Gran parte de esas decisiones tuvieron que ver con el bloqueo a la minería.
El dato toma relevancia no por estar a favor o en contra de esa actividad, sino como una muestra de la facilidad en el cambio de orientación. Más delicada es la visión sobre recursos frágiles como el agua: el tema ha sido eliminado de los discursos oficiales porque consideran que atenta contra el impulso a la minería. La emblemática censura a la Vendimia es una muestra de un discurso más profundo en tiempos en los que se decidirá el futuro de ese recurso por los próximos 50 años.
La falta de siembra que hubo en el pasado que se traduce en una “mala cosecha” del presente también se nota en la infraestructura. La falta de disponibilidad de energía eléctrica y gas, por ejemplo, demoró inversiones. La línea Cruz de Piedra-Gran Mendoza se inauguró el año pasado tras una espera de 30 años. En distribución y optimización del agua la demora y la falta de planificación derivó en una “guerra” por el acceso en zonas de alta demanda, como el Sur del Río Mendoza y el Valle de Uco, aún cuando había obras planificadas para armonizar el desarrollo de esas zonas.
Sensibilidades
Más preocupación que los problemas estructurales de la economía genera el deterioro de la calidad de vida; el día a día de los mendocinos y la posibilidad de que se transforme en malestar. Ese deterioro le quita impermeabilidad al gobierno. Por eso, por ejemplo, las sospechas de corrupción o de gestión de privilegios repercuten mucho más que en épocas de buenas vibras.
Los escándalos por el patrimonio de los funcionarios, con Manuel Adorni a la cabeza, y de sospechas de favoritismos en la entrega de créditos hipotecarios incomodan a toda la clase política, pues hay dirigentes de todos los partidos que han sido adjudicatarios de créditos de bancos públicos; sea el Nación, el Ciudad y hasta el Banco Provincia. Mendoza es uno de los principales clientes del Nación. Y la flexibilidad para otorgar créditos llegó al colmo de ser advertido por la Justicia Federal: le dieron un crédito hipotecario para “vivienda única” al exjuez Walter Bento en una maniobra tan oscura que las juezas del TOF 2 pidieron que se investigue.
La Provincia tiene poca gimnasia en el avance de averiguaciones relacionadas con la transparencia del accionar de funcionarios y la Oficina de Ética Pública acompaña en ese relajo. Las DDJJ de los funcionarios tienen información incompleta y poco reveladora, salvo casos que resaltan como el crecimiento del patrimonio del exgoberndor Rodolfo Suarez y la austeridad que manifiesta tener Alfredo Cornejo en su estilo de vida.



