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El homicidio de Leonel: el abandono detrás de los "ajustes de cuentas"

El homicidio de un niño de 7 años en una villa de Las Heras deja al descubierto el abandono del Estado y la política de las zonas marginadas de Mendoza. La peligrosa política de "autorregulación" en la que se prescinde de responsabilidades.


“Solo escuchamos muchos disparos, muchísimos. Nos quedamos adentro y no salimos”, explicaba la mujer, una abuela de menos de 40 años, que se enteró del asesinato de Leonel recién al otro día. Se habían encerrado, como ocurre en cada balacera, para evitar estar expuestos. Cerrar las puertas tampoco les garantiza seguridad, pues las paredes de su casa son de madera, chapa, nilón y descartes de materiales que se reciclan como cerramientos. Los tiros comenzaron temprano ese día en la zona de calle Junín.

Es habitual en esa zona liberada a la “autorregulación” que la política eligió como método. Es decir, que la violencia, los negocios relacionados con varios delitos y las rencillas entre el lumpenaje que se agrupa en pequeñas bandas tenga sus propias reglas.

Que se “maten entre ellos”. Que todo quede con ese eufemismo que esconde mucho más: ajuste de cuentas. Con esa frase se resume la violencia urbana que es producto de otros delitos. Drogas, abuso de armas, regenteo de prostitución, “peajes” por cuidado, microcréditos usureros. Pero algunas veces sale mal y en el “ajuste de cuentas” resultan víctimas a las que es imposibles cargarle alguna culpa. Leonel tenía 7 años y lo mataron en una balacera que ejecutaron en la casa en la que vivía. Se supone que tenía como destino otras personas. El formato usado fue obsceno; balas sin pudor.

La villa “El Chori” y otros asentamientos aledaños están marginados, y la política los dejó por igual. Por eso el homicidio de Leonel no es un hecho policial, sino una consecuencia política. Tampoco es preciso el polisémico término “tragedia”. Una tragedia sugiera una gama más amplia y laxa de causas que resultan en una muerte, sin que medie necesariamente un delito. No fue una tragedia, fue un homicidio ejecutado por una banda para, aparentemente, vengar traiciones internas en una zona liberada por la política.

El caso de Leonel sacó de registro la “autorregulación”, pero esas situaciones son más frecuentes de lo que se conoce. Le pasó este año a Brunella en Godoy Cruz y ocurre, incluso, con las amenazas constantes. “Se meten con las familias de las otras bandas, con amigos, amenazan a gente que no tiene nada que ver. Te usurpan las casas, te queman”, explica otra mujer a MDZ.

Autorregulación

A primera mañana había una paz mentirosa en la villa “El Chori”. Habían matado a Leonel y la policía estaba en el lugar. Bronca, pase de facturas, realidades tapadas; todo quedaba plasmado en los testimonios de quienes viven en el lugar.

Esa villa está a pocos metros de la Ruta 40, el acceso norte de Mendoza. Impenetrable por voluntad propia para el Estado, zona liberada. “Nadie se mete, todo se regula internamente. No son bandas grandes, son grupitos que controlan la zona y cuando hay desencuentros lo resuelven a los tiros”; explicó un dirigente político.

Ya no hay punteros, porque la política perdió el interés, la necesidad y la vocación de permear en esos barrios. Antes tenían que hacer un trámite y siempre había un gestor en el barrio que se convertía en puntero. Quieras o no, era un punto de encuentro para tener un vínculo distinto. Ahora todos los trámites son online, y los problemas los resuelven entre ellos”, explicó otro dirigente.

La hermana de Leonel.

El control se ejerce a los tiros y bajo amenaza. Se pagan peajes o se rinden fidelidades a las “banditas” a cambio de cierta tranquilidad para que no se usurpen o incendien casas. Las celebraciones están tercerizadas y la atención solo llega el final de la cadena de autocontrol: cuando hay un homicidio o un hecho policial trascendente. El principal sospechoso del homicidio de Leonel fue detenido e imputado. Está la promesa de juzgamiento rápido. Esa resolución no aborda el fondo.

El comercio minorista de droga es uno de los negocios más mencionados en la zona. Justo donde menos intervención profunda hay. La Justicia Federal porque dice no tener recursos y la Justicia Provincial porque no es ni quiere que sea de su competencia. El otro delito invisibilizado es el acceso ilegal a las armas y su uso. “Tienen mucha facilidad para conseguir armas y eso da poder”, explican. Incluso, hay tarifarios informales para ejecutar mandados ilegales y delitos graves. Los montos sorprenden y detrás hay otro dato de la vida cotidiana de “El Chori” y otros barrios: el consumo. La venta de drogas, en su mayoría de mala calidad, crece porque sube el consumo y los efectos se notan. “También nos encerramos porque los pibes están dados vuelta y se mandan cualquiera”, dice la joven abuela que prefiere “saber menos” para no arriesgarse.

Leonel tenía 7 años y quedó en un registro que es tendencia. En Mendoza, como en todo el país, los niños y adolescentes son principalmente víctimas. No es ajuste de cuentas, no es una tragedia. Es el emergente más grave del abandono.

Colaboración especial de Mariano Godoy, periodista de MDZ Radio.