El extremismo de Javier Milei le abre un resquicio a la vuelta de un outsider con la política tradicional
Axel Kicillof y Máximo Kirchner, aunque terminen con un nuevo pacto de no agresión, significan, para una porción importante del electorado, el retorno al pasado. Los diálogos de Mauricio Macri y el sueño de un nuevo centro. El proyecto de Jorge Brito presidente.
Jorge Brito dialoga frecuentemente con todos los sectores políticos. ¿Podría ser solo candidato del peronismo?
Alf Ponce Mercado / MDZA medida que se acerque el período electoral, se sabrá hasta donde las distancias políticas y geográficas que mostraron este fin de semana Axel Kicillof y Máximo Kirchner terminarán rompiendo o no la frágil convivencia que existe en Fuerza Patria, en la que Sergio Massa se mantiene en silencio no solo por su propia sobrevivencia sino porque, si habla, podría acelerar la ruptura.
Casi como quien no quiere la cosa, sin pedir permiso, Emilio Monzó se metió de nuevo en el peronismo. No lo hizo ni con un acto ni creando una línea interna. Simplemente, inició una ronda de consultas con gobernadores e intendentes a los que primero les expuso lo que él estaba viendo, la vacancia opositora y, después, encontró una respuesta a sus propias dudas y a las de sus interlocutores: Jorge Brito como candidato del centro derecha peronista y no tanto.
El joven banquero, heredero de un imperio financiero que vio fracasar varios proyectos que su padre escuchó y financió es una opción, no depurada ni convalidada, para el péndulo que siempre domina la política argentina, donde las modas de los outsiders o los dogmas partidarios dominan los escenarios electorales.
Máximo Kirchner y Axel Kicillof dijeron lo mismo el viernes pasado en las reuniones en las que cada uno fue protagonista. Pero lo expresado termina invalidando al otro. ¿Cómo es eso? Mientras que el gobernador y presidente del PJ bonaerense sostuvo que el próximo candidato presidencial provendrá del lugar que él conduce, el peronismo provincial, el hijo de los dos presidentes dijo que la única conducción que tiene él es la de Cristina Fernández de Kirchner. Cada uno se siente jefe de su propia tropa.
“Máximo lo que le está diciendo a Axel es que no le importa si quiere ser él el presidente, siempre y cuando que acepte la jefatura de Cristina”, tradujo un relevante dirigente que navega entre ellos dos. Pero el gobernador había desechado esa posibilidad hace diez días, cuando en un encuentro en la Ciudad de Buenos Aires con los seguidores del Movimiento Derecho al Futuro abortó cualquier posibilidad de construir un engendro presidencial similar a Unión por la Patria, en la que el presidente formal era Alberto Fernández pero el poder real estaba en otro lugar, la vicepresidencia de la Nación.
Kicillof reconoce que aquella experiencia fue nefasta para el país porque también fue parte del engranaje dispuesto por Cristina Fernández de Kirchner en aquella ocasión. Mientras que Fernández, el presidente, armaba el “trío pandemia” con él y Horacio Rodríguez Larreta para paliar los efectos desconocidos de la cuarentena del COVID, desde la Provincia de Buenos Aires se bombardeaba cualquier acuerdo, se cerraban actividades y se forzaba a romper esa teoría de cogobierno.
La revuelta policial bonaerense, que rodeó la residencia presidencial de Olivos, y que terminó con la quita de 2% de la coparticipación porteña por pedido de Cristina en favor de su gobernador, por temor a que se incendiara la Provincia, fue el ejemplo más palpable de aquella pelea en la que la vice y el gobernador trabajaron en tándem.
Quién es el outsider que proponen para candidato
Paolo Rocca, el empresario vilipendiado por Javier Milei, no vería con malos ojos que un “outsider con experiencia”, al estilo de Mauricio Macri en su momento, tomase el poder. Jorge Brito lo es, aunque fracasó en suplantar a Marcelo Gallardo y no sostener un proyecto futbolístico propio. A mitad de su mandato tuvo que entregar las llaves del club al director técnico que se transformó en monumento.
El dueño de Techint se juntó con Macri para pedirle que sea él quien enderece lo que empezó a torcerse con el desvarío místico de Javier Milei. Casi como Sergio Berni, cuando le reclamaba a Cristina que sacara a Alberto Fernández. “El que trajo el chancho se lo tiene que llevar”.
El expresidente sigue dudando. No lo ayudan las ambivalencias observadas en uno de sus más escuchados referentes, Cristian Ritondo, quien aún no se decide en convocar a una reunión de dirigentes bonaerenses para plantarse, aunque sea para negociar, como una variante a La Libertad Avanza. Dicen que eso debilitaría a su amigo Diego Santilli en la posibilidad de quedar como candidato libertario. Santilli ingresó en ese diminuto círculo de la confianza de El Jefe, Karina Milei, aunque siempre esté a prueba, a diferencia de Sebastián Pareja, que no tiene quien desde hace media década le demuestra lealtad.
En Ciudad de Buenos Aires pasa algo más o menos parecido. Jorge Macri entiende que su futuro depende del acompañamiento de los violetas porteños. Enfrente asume que habrá una oposición variopinta pero con aire de centro izquierda, casi esnob, que si se junta es competitiva, con Horacio Rodríguez Larreta, Leandro Santoro y los radicales de Martín Lousteau. Si ellos dejan al kirchnerismo rancio afuera, están en una segunda vuelta que sería tan o más competitiva que la que Lousteau tuvo contra Rodríguez Larreta hace una década.