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Con Manuel Adorni se va un pedazo de Javier Milei

Investigado por presunto enriquecimiento ilícito, dejó el Gobierno tras 111 días de crisis y expuso una de las mayores contradicciones de Javier Milei.


Manuel Adorni era el soldado más fiel y comprometido del proyecto libertario y terminó siendo su mayor contradicción. El exjefe de gabinete, que durante dos años repitió el evangelio del ajuste, la meritocracia y la batalla cultural, no pudo explicar el hallazgo de una caja de zapatos con dólares en la casa de su padre, un viaje en avión privado a Punta del Este que según la justicia costó US$9.000 —él dijo haber pagado US$3.600— ni su estilo de vida que no guardaba ninguna relación con sus ingresos.

Pasaron 111 días desde que estalló el escándalo cuando se conoció que su mujer, Bettina Angeletti, había viajado a New York en el avión presidencial hasta que a Javier Milei no le quedó más remedio que desprenderse de él: el Senado y la Justicia tendieron un cerco imposible de franquear.

No echaron a un funcionario más

Con la salida de Adorni del Gobierno, se va quien mejor expresaba el ADN libertario. Un cruzado de la batalla cultural que decía arremeter contra esa casta que nos privó a los argentinos de gozar del país que merecíamos. Un militante contra la educación pública, contra el Hospital Garrahan y contra los discapacitados; sólo por citar algunos de sus ejemplos más lacerantes. Un tipo que se alegraba con los despidos y exhibía una soberbia pocas veces vista en política. Alguien que al final no pudo justificar sus bienes ni su forma de vida: un clásico de la política argentina. Pero que en su caso esa contradicción resultó más violenta, más obscena, precisamente porque él se pavoneaba de ser diferente.

Pasaron 111 días desde que estalló el escándalo.

El escándalo está sembrado de bienes que no tienen justificación: un departamento en Caballito, otro departamento, una casa en el country Indio Cuá, viajes de lujo, ahorros en pesos y dólares. Nada cierra en relación con sus ingresos y su modesto estilo de vida hasta que llegó a la función pública. Ante las inconsistencias, ensayó una explicación casi inverosímil: una caja de zapatos con dólares de su padre fallecido y una supuesta inversión de 200.000 dólares en Bitcoins en 2014 que le habría reportado 300.000 dólares de ganancia. Así, Adorni se hizo rico aunque le costara llegar a fin de mes. Un caso único de austeridad. El jefe de gabinete rápidamente se convirtió en meme en las redes sociales y en una burla para el ideario libertario que tiene como bandera la ética y la moral como el propio Javier Milei pregona.

El juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita tienen abiertas causas por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa. Investigan los vuelos en avión privado a Punta del Este, varios viajes, compra de inmuebles, préstamos de jubiladas y el uso de tarjetas de crédito de empleados de la jefatura de gabinete para comprar colchones, ropa blanca, equipamiento para juegos electrónicos y hasta un Flipper de los Locos Addams por la friolera de unos U$S 8.000 aproximadamente.

Javier Milei lo protegió todo lo que pudo

Por lealtad, por orgullo o por complicidad lo protegió; algo que probablemente nunca se sepa. Lo que no tiene discusión es que involucró a todo el gabinete en un operativo para lograr la impunidad de su protegido. El 29 de abril, el presidente arreó a sus ministros al Congreso para que, como una barra brava, aplaudieran al jefe de gabinete mientras mentía descaradamente. Son cómplices. Empezando por el propio Milei y su hermana, y siguiendo por cada uno de los ministros que estuvieron ese día en la tribuna. Son los mismos que nos hablan de meritocracia mientras aplauden la opulencia injustificada. Los mismos que celebran las mentiras de Adorni mientras le explican al ciudadano común que el nuevo modelo es salir a pedalear para una plataforma de delivery porque así "sos tu propio jefe". Ellos estaban ahí como garantes de la impunidad, pero no lo consiguieron.

El presidente arreó a sus ministros al Congreso para que, como una barra brava, aplaudieran al jefe de gabinete.

Con Adorni se va un pedazo de Milei porque Adorni es Milei

No venía del PRO como Diego Santilli -sucesor de Adorni-, Luis Caputo y tantos otros funcionarios de este gobierno. No era un peronista reciclado como Daniel Scioli o Guillermo Francos. Adorni fue parido desde las entrañas libertarias y, fundamentalmente, era un soldado de Karina Milei. Por eso, lo que se va con él no es solo un funcionario investigado por enriquecimiento ilícito: es alguien que sabe demasiado. En los gobiernos nadie roba solo, y siempre hay una ley del arrepentido disponible en la que refugiarse. Karina debe ser muy consciente de ello. A esta altura, bien vale recordar la sentencia de la ex canciller Diana Mondino: son corruptos o estúpidos. El tiempo seguramente lo develará.

La ex diputada Elisa Carrió fue dura y desde su cuenta en la red social X disparó: Adorni no solo era jefe de gabinete, era el diputado más votado de la Ciudad y futuro candidato a jefe de gobierno y recordó que Paula Oliveto, ex candidata a legisladora porteña, “que luchó contra la corrupción toda su vida no alcanzó el 3%”; algo que interpela la hipocresía de los argentinos con la corrupción.

La comparación con Martín Insaurralde es inevitable

Aunque termina siendo una mera chicana: el escándalo del yate y el vestidor-bóveda no disculpa ni atenúa la responsabilidad de Adorni. La diferencia entre ambos casos es la magnitud del latrocinio —en favor de Adorni habrá que decir que no tuvo los años que tuvo Insaurralde para abocarse a esa tarea— y los tiempos de reacción: Kicillof eyectó al ex marido de Jésica Cirio a las 24 horas que Sofía Clerici publicara las fotos a bordo del yate Bandido surcando el Mar Mediterráneo. Milei tardó 111 días en expulsar a Manuel Adorni. El episodio Insaurralde fue un trago amargo para Kicillof pero que pasó rápido; el de Adorni es una herida que el gobierno no supo, no quiso o no pudo cerrar a tiempo. El gobierno que vino a "destruir a la casta" demostró tener reflejos mucho más lentos y corporativos para proteger a los suyos que el propio peronismo bonaerense al que criticaban.

La comparación con Martín Insaurralde es inevitable.

Manuel Adorni dejó el gobierno y con su salida se llevó un pedazo de Milei. Porque no hay que olvidar nunca que Adorni es Milei…y Karina.

* Martín Pittón, analista político y conductor del podcast Micro Mundos.