Cómo fue el momento más tenso en el búnker de Alejandro Bermejo

Cerca de las 11 de la noche, los asesores le avisaron al precandidato a gobernador del PJ que al final perdería la elección. Como todavía tenía una ventaja a su favor en el recuento partidario de los votos, se decidió no reconocer la derrota. Por qué el intendente de Maipú se refugió en el silencio y qué opinaron los hermanos Félix.

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guillermo carmona, anoche, en el búnker de Bermejo. Hubo quienes criticaron su mensaje.

El suspenso se terminó en el búnker de Alejandro Bermejo antes de las 23 de este domingo. Una proyección de votos aportada por los consultores Analía del Franco y Carlos Germano decía que la elección terminaría con una victoria apretada de Anabel Fernández Sagasti.

La agria novedad provocó un intercambio de opiniones en privado. La diferencia final de esta proyección era inferior a un punto y se contradecía con los datos del momento, en los que Fernández Sagasti iba a atrás. Era una paradoja: Bermejo iba ganando, pero ya había perdido.

Había ido ganando casi toda la tarde, por cerca de 20.000 votos, según los registros partidarios, pero ese fenómeno tenía que ver exclusivamente con la demora de la carga de datos en los departamentos en que Fernández Sagasti había sido más fuerte: Guaymallén y Las Heras. Si se computaban ambas comunas, la torta se daba vuelta por más de 10.000 sufragios a favor de la candidata de Unidad Ciudadana.

Cuando en el hotel The Mod se supo cuál sería el destino de la elección, los hermanos Félix propusieron salir a reconocer la derrota sin más vueltas. Debido a que se habían impuesto en San Rafael, General Alvear y Malargüe, los Félix eran los más relajados en un búnker que pasó de la incertidumbre a la resignación en cuestión de minutos.

Aunque no hablaron con la prensa, se les notaba en la cara lo que pensaban: si se había perdido la elección, no era por su culpa.

Pero el núcleo duro de Bermejo -entre ellos, la senadora Ana Sevilla- se opuso a reconocer el desenlace de la PASO. A una hora de que se terminara el domingo, todavía había ilusión, a pesar de todo: el 0,9 por ciento a favor de la candidata de Unidad Ciudadana que cantaba la proyección de Del Franco y Germano no alcanzaba para suprimir definitivamente las esperanzas.

Los Bermejo son moderados y el debate sobre qué hacer frente a la derrota inminente no fue acalorado. Cordial, incluso, dijeron algunas fuentes, aunque eso suene raro.

El propio Alejandro Bermejo escuchaba en silencio el cruce de opiniones. Desde afuera se lo había visto tenso y un poco preocupado durante toda la tarde. Estuvo casi siempre encerrado en una sala del hotel en la que se analizaban los datos que iban llegando.

Bermejo, el candidato distante, se metió al "corralito" de los periodistas una sola vez, temprano en la tarde. No habló con ellos nunca más en las horas decisivas.

Su hermano Adolfo, jefe de la campaña y vocero de Alejandro, sí se expresó en el momento más álgido, y en medio de la presión para que alguien saliera a dar algún mensaje. "Estamos palo a palo con los votos", se sinceró ante las cámaras y micrófonos.

No fue él quien protagonizó la última salida mediática y no todos se mostraron de acuerdo este lunes con lo que dijeron los que se encargaron de dar el mensaje final.

Patricia Fadel, con cifras copiadas en un papel y a contramano de las proyecciones, aseguró que Bermejo conservaba una ventaja a su favor, y Guillermo Carmona se embaló con un difuso cuestionamiento dirigido a la Junta Electoral y el Gobierno.

El presidente del PJ mendocino sugirió que había "una posibilidad de manipulación" en la difusión de los datos electorales. No dio más detalles y algunos lo criticaron hoy: "Eso fue una locura, hubo arrebatos personales", dijeron algunos aliados eventuales de la campaña peronista.

Uno de los Félix (Omar) se fue del búnker cuando el resto decidió que no se reconocería la derrota allí mismo. El otro (Emir) optó por quedarse un rato más con el candidato vencido.

Siempre es difícil digerir una derrota. A Bermejo le costó unas cuatro horas: recién alrededor de las tres de la mañana, en lo profundo de una noche en la que sería difícil dormir, levantó el teléfono para hablar en privado con la joven que le había ganado la elección.

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