Canadá, el freno a Trump y a la democracia iliberal se llama Mark Carney
Cuando el mundo estaba enloqueciendo aún más por la democracia iliberal y la embestida de Trump desde Canadá asomó Mark Carney para barajar de nuevo.
El mundo en pleno proceso de cambios de paradigmas evidenciados en la postura de Canadá respecto a Trump y la democracia iliberal.
El primer ministro de Canadá Mark Carney consiguió lo que pocos: poner en evidencia al presidente Trump y a la democracia iliberal, haciendo ver que al polémico empresario le cuesta asumir el rol institucional que le cabe a todo líder democrático, en especial si se trata de la primera potencia del mundo.
La característica de Trump queriendo imponer la razón por la fuerza es uno de los principios básicos de lo que ahora se llama la democracia iliberal.
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Lo cierto es que la máxima autoridad de Canadá se hizo cargo de la actual crisis en política internacional, al punto que la exhibió todavía más en crisis en un sinceramiento desde su ya célebre discurso en Davos, de hace días, apenas.
Davos
Allí Mark Carney dejó en claro que todo, absolutamente TODO, está naciendo en nuestro mundo. Decir todo, en este caso, no es ninguna exageración.
“Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”, dijo, en el inicio de su participación en Davos. Sucedió el 22 de enero pasado.
“Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima …”, expresó.
El canadiense fue muy aplaudido en la villa suiza.
Su discurso mostró la visión de Canadá, también amenazada por Trump desde que asumió su segunda presidencia al frente de Estados Unidos. Mark Carney, en el centro de la máxima reunión anual de poderosos del mundo, eclipsó al propio Trump y opacó la intervención del presidente argentino Javier Milei.
Mark Carney
Mark Carney es hoy la voz emergente de un nuevo orden internacional, del que se sabe poco y que se está bordando en distintos rincones del mundo. La única certeza es la lista de los que no participan, por ahora.
Incluso más: ya está en circulación un ícono gráfico de la bandera de la Unión Europea intervenida con la clásica hoja de arce de la enseña canadiense.
Canadá
Uno de los tramos del discurso no tan difundidos, asegura la posición geopolítica de Canadá, en palabras de su primer ministro:
“Desde que mi Gobierno asumió el poder, hemos reducido los impuestos sobre la renta, las ganancias de capital y las inversiones de las empresas, hemos eliminado todos los obstáculos federales al comercio interprovincial y estamos acelerando la implementación de inversiones por valor de un billón de dólares en los ámbitos de la energía, la inteligencia artificial y los minerales críticos, en la creación de nuevos corredores comerciales y en muchas otras cosas”.
Desde Argentina no podemos dejar de sentir una envidia sana ante tales condiciones que superan el griterío o los anuncios seriales. Y naturalmente por la nueva traza del panorama político.
Este cambio de Canadá obliga a preguntarnos: ¿qué tanto futuro tendrá el matrimonio por conveniencia entre nuestro país y Estados Unidos, en caso que en noviembre próximo los votantes norteamericanos castiguen las políticas de su presidente en las elecciones de medio término?
Otro capítulo más para la serie Argentina insólita.
Democracia iliberal
La semana pasada en entrevista con el filósofo Tomás Abraham surgió el concepto de lo que la ciencia política hoy define como “democracia iliberal”. No fueron pocos los que creyeron que se trataba de un error tipográfico. Ojalá fuese algo tan simple. O sencillamente un error.
Una vez elegido un político iliberal, existen numerosas estrategias que puede utilizar para desmantelar los pilares de la democracia. Este proceso de desmantelamiento se conoce a menudo como "retroceso democrático" o "erosión democrática":
Polarización
En las primeras etapas, incluso durante la campaña electoral, es una estrategia eficaz crear una polarización intencionada sobre temas controvertidos. Estos pueden incluir los derechos reproductivos, los derechos LGBTQI+ o la migración.
Medios de comunicación
Para controlar la narrativa pública, los políticos autoritarios desacreditan gradualmente a los medios independientes, por ejemplo, presentando demandas frívolas contra periodistas o medios de comunicación, intimidando a estos para que se autocensuren.
El daño es aún mayor cuando los medios independientes y los medios de comunicación públicos son controlados por el partido gobernante, ya que la información sesgada hace que la confianza pública en los medios se desplome.
Poder Judicial
Otro paso importante es controlar los tribunales y desmantelar el Estado de derecho, ya que el sistema judicial es la institución con mayor poder para exigir responsabilidades a los políticos iliberales. Esto puede lograrse reemplazando a jueces en puestos cruciales o incluso atacando la Constitución.
En Polonia, uno de los gobiernos junto al del Hungría más clásicos de democracia iliberal, se apeló el nombramiento de jueces sesgados, lo que significó que el poder judicial del país se "mercantilizó".
Sociedad civil
Otra táctica que utilizan los políticos iliberales para consolidar poder es controlar a la sociedad civil. Esto incluye limitar ilegítimamente libertades civiles, tipo el derecho a la privacidad y la libertad de expresión.
En estos casos as organizaciones de la sociedad civil podrían enfrentarse a restricciones legales e incluso a campañas de desprestigio.
Para evitar críticas, la vigilancia suele realizarse en nombre de "medidas de seguridad nacional". En Argentina la práctica parece ser la reglamentación para que personal de la ex SIDE pueda detener a personas que crea conveniente.
Conclusión
“Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar juntos. Este es el camino que ha elegido Canadá. Lo hemos elegido abiertamente y con confianza. Y es un camino abierto a cualquier país que desee seguirlo con nosotros”, concluyó el primer ministro de Canadá, en Davos.
Y el aplauso fue ovación. E hizo historia.
Y de eso se trata la alta política en todos los tiempos desde Atenas a Roma pasando por la Francia de Montesquieu: más historia, menos histeria.








