Axel Kicillof, el candidato "natural" que mira de reojo lo que le pasó a Rodríguez Larreta y a Vandor
Kicillof enfrenta una crisis que le impide mostrar logros y soporta la presión de aliados que buscan protagonismo, aunque su futuro rol sigue sin definirse.
Máximo Kirchner, Sergio Massa, Cristina Fernández de Kirchner, Mariel Fernández, Axel Kicillof y Verónica Magario en un encuentro del PJ Bonaerense en el municipio de Moreno. Esa fue la última "Foto de Familia" y Cristina y Axel no pudieron sentarse juntos Foto: Prensa
Axel Kicillof es metódico. Para quienes conviven cotidianamente con él y con la urgencia de la gestión, ministros, secretarios e intendentes, es casi un nerd que atiende tema por tema y hasta se da el lujo de poner en modo avión todas sus obligaciones con tal de pasar un momento de calidad con su familia.
Ese ejemplo de organización laboral y política, además, genera un contraste inmediato con la poco explorada vida familiar de Javier Milei, su archienemigo. Sin embargo, estos valores quizás no le alcancen para llegar a la Presidencia de la Nación porque el correlato directo del voto es siempre lo que representa, el significado mismo del propio candidato.
La plata que no alcanza
Kicillof es el gobernador de la Provincia de Buenos Aires desde hace siete años. Durante todo ese tiempo vivió corriendo la gestión desde atrás sin poder resolver ninguno de los problemas que heredó a pesar de haber contado en su primer mandato, cuando compartió la relación con Alberto Fernández como Presidente y aquel, por pedido expreso de Cristina Kirchner, le enviaba miles de millones de pesos que nadie pudo notar en una mejora sustancial de la calidad de vida.
El gobierno nacional no tiene escuelas, hospitales, Justicia ni policías o, mejor dicho, las obligaciones en todas estas materias son mucho menos que las que tiene la Provincia de Buenos Aires pero los recursos son inversamente proporcional. Las exportaciones y los impuestos nacionales son 3.5 veces más grandes que la recaudación bonaerense, aunque sobre esta última cae la mayor carga de las prestaciones dadas por el Estado. María Eugenia Vidal fue la que judicializó esta situación y cuando la Corte había validado su reclamo realizó un acuerdo con el gobierno de Mauricio Macri para deponer tal instancia con la promesa nacional de atender esa diferencia.
La necesidad permanente de fondos de la gestión bonaerense es histórica y siempre merecen ser discutidos. Eduardo Duhalde, cuando aceptó en los ’90 ser gobernador, lo hizo a cambio de un fondo especial para el Conurbano bonaerense equivalente a USs 600 millones de dólares, monto que se fue licuando con los años hasta que Néstor Kirchner empezó a canjear fidelidad con obras directas... En cuanto a los empleados, por sus prestaciones obligatorias, Buenos Aires tiene el doble que la administración nacional. Y ni que hablar con respecto de la Ciudad Autónoma, que por radicación de empresas tiene el más alto ingreso per cápita del país.
Igualmente, hasta que conoció la integralidad de la Provincia y decidió qué priorizar, el gobernador perdió mucho tiempo. La Cuarentena Eterna que él también promovió hizo lo demás pero cuando se retomó la normalidad todo empeoró. La Corte Suprema trabaja de manera limitada, la Policía sigue siendo parte del problema de inseguridad y los hospitales públicos solo son un servicio limitado que la crisis hace colapsar. Y en Educación sigue la misma tendencia que los otros ítems.
Con todas estas salvedades expuestas, Kicillof no solo tiene problemas económicos preexistentes sino que ahora también debe soportar las que provoca una deliberada política nacional que desfavorece cada área productiva y comercial de la región, fundamentalmente en las grandes urbes como el Gran Buenos Aires, Bahía Blanca y Mar del Plata. Y con “el campo”, el sector más pujante del país, el kirchnerismo nunca supo cómo hablar. El actual gobernador no escapa a esa norma.
En el caso de Kicillof, también es la política
En tanto las cuestiones políticas son tan o más graves que las anteriores. El ahora precandidato presidencial es el derivado de una ausencia extrema de referentes que obligó a Cristina Fernández de Kirchner a imponer a un candidato en 2019 e importarlo desde Caballito, en la Ciudad Autónoma. Como se dice siempre, “del otro lado de la General Paz”, el candidato “natural” era Martín Insaurralde pero su imagen y proyección de votos no alcanzaba para garantizar, antes de la elección, un resultado favorable.
La voluntad de la ex presidenta lo hizo llegar a la Provincia que ya tenía más de ochenta “mini gobernadores” preexistentes de su mismo partido, con dominio territorial con los que tenía que convivir y, además, debía conducir. Lo segundo se le hizo muy difícil porque todos tenían jefaturas claras detrás de sí como La Cámpora, el Frente Renovador y el insaurraldismo, que recién bajó su protagonismo cuando a su creador lo encontraron con Sofía Clérici en El Bandido atracado en Marbella.
El resto quería sacarse de encima a La Cámpora y se abrazó con alguien que los pusiera en un lugar de importancia. Tras la crisis de 2023 fueron a buscarlo a Kicillof para que éste encabece el Movimiento Derecho al Futuro. Y el gobernador se hizo cargo de esa demanda, aunque no lo blindó de las presiones de ninguno de sus aliados preexistentes ni de la natural relación que tenían con la ex presidenta de la Nación.
Kicillof es el único obligado a hacer algo diferente al resto. Es Presidente o nada. Y eso también lo condiciona a aceptar cuantas pretensiones le presenten para ayudarlo en su salida obligada desde la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, lugar desde el cual ninguno de sus antecesores llegó, a la Presidencia. La única excepción fue Duhalde, quien lo hizo por un motín institucional armado en plena crisis de 2001.
Sus rivales lo ven como un nuevo Horacio Rodríguez Larreta y sus enemigos creen que es la reencarnación de Augusto Timoteo Vandor. Ambas referencias tienen en común que contrariaron en algún momento o entraron en conflicto con sus líderes naturales. Larreta perdió contra la decisión de Mauricio Macri y Vandor nunca pudo armar al Peronismo sin Perón. Kicillof, directamente, se emancipó de Cristina Fernández de Kirchner cuando no la apoyó como presidenta del PJ Nacional y, un año después, le dio la mano en Expoagro a Macri.
No son pocos los que creen que en algún momento tiene que hablar con su ex conductora política. Que vaya a San José 1111 o la llame por teléfono. Lo primero sería un gran gesto que descomprimiría mucho más que lo segundo. Él todavía recalcula los costos y beneficios de semejante paso, pero cuanto más tarde, peor será.
Como en un virtual Piedra Papel y Tijera ninguno tiene el poder real sobre el otro pero la capacidad de daño sumado a su resiliencia hace que Cristina tenga un poder que termina eclipsándolo. Ella, en definitiva, construyó lo que condujo. Él siempre fue su mejor candidato, pero con ejército prestado.
Rodríguez Larreta se equivocó en querer “jubilar” a Macri antes de armarle un mega geriátrico en el que el ex presidente siguiera sintiéndose jefe. Kicillof sabe que Ella le mandó casi veinte cartas y mostró un celular en medio de un acto para demostrar que no aceptaba ser corrida de la toma de decisiones de Alberto Fernández. Todo muy difícil…
“Todo muy difícil” porque, además, todas las encuestas muestran un límite fuerte a la “vuelta del pasado”, ese con el cual, en algún momento, cualquier peronista, incluido Kicillof, deberá negociar.