24 de marzo: qué pasa cuando una sociedad olvida
La crisis política, social y económica del gobierno de Isabel Perón aceleró el colapso institucional que derivó en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Jorge Rafel Videla y Emilio Eduardo Massera concentraron el poder mientras no solo llevaban adelante una fuerte represión sino también un combate entre ellos por el monopolio del poder.
ArchivoTodos los 24 de marzo están cargados de sentimientos; desde chicos nos tratan de explicar lo sucedido con una mirada poco crítica, apoyando a un extremo o al otro; pero si aprendemos a estudiar la historia de manera objetiva, entenderemos que algunos discursos que suenan coherentes, no lo son.
El fracaso de "Isabel" y el "Rodrigazo"
Un 11 de febrero de 1975, María Estela Martínez de Perón, afectada por el fallecimiento de su esposo, Juan Domingo Perón, y sin poder gobernar de manera exitosa, decide firmar un decreto presidencial donde acepta la ayuda de las Fuerzas Armadas para combatir a los grupos guerrilleros que en ese momento actuaban en la clandestinidad, copaban localidades, secuestraban y asesinaban. No se puede negar que gran parte del pueblo apoyaba la decisión y pedía una resolución a la inseguridad.
Para complejizar la situación, el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, impulsa una fuerte devaluación del peso, medida conocida como “Rodrigazo", que empeora los salarios, dispara la inflación y genera grandes movilizaciones. El intento por parte del Gobierno de renovar el Pacto Social, entre centrales obreras y empresarios, resulta también un fracaso.
Los 90 días y el golpe de Estado
En diciembre del mismo año, con un clima de tensión, problemas económicos, sociales y políticos, las Fuerzas Armadas. le dan 90 días a “Isabelita” para que mejore la situación y como esto no sucede, el 24 de marzo de 1976, es derrocada y comienza la última dictadura cívico militar, autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”
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Al mando de la junta militar que ejecutó el golpe de Estado, están Jorge Rafael Videla, teniente general del Ejército, Emilio Eduardo Massera, almirante de la Armada, y Orlando Ramón Agosti, brigadier general de la Fuerza Aérea.
Lo que pasó durante el golpe, se recuerda como una de las épocas más oscuras y sangrientas de nuestra historia, socialmente explicada. Pero esto nos genera una pregunta… ¿Qué pasa si una sociedad olvida?
Cuando un pueblo pierde la memoria sobre un hecho, la historia se repite, no se cuenta, ni se pasa de generación en generación. La manera de contarlo varía y el relato real se pierde.
Entre los crímenes de lesa humanidad y la subversión, la hipocresía
El brutal abuso provocado por el Estado, la privación de libertad, las violaciones a los derechos, las desapariciones, las muertes, el cuestionamiento al pensamiento y las apropiaciones, entre tantos actos delictivos llevados a cabo, deben ser condenados y se debe señalar a todos aquellos culpables, sean actores intelectuales o materiales. La frialdad con la que fueron realizados los crímenes de lesa humanidad no debe ser olvidada.
Para conmemorar de forma completa a los caídos en esta etapa, habrá que recordar a todas aquellas víctimas de grupos subversivos, por lo general civiles y/o familiares relacionados con las fuerzas o con el poder a quienes pocas veces se las nombra.
Cuando hablamos de empatía, también es necesario entender que las personas encargadas de lastimar, perseguir y derribar las vidas ajenas deben ser juzgadas sin importar su ideología, porque cuando se avala un acto pero se rechaza el mismo -dependiendo quien lo haya efectuado- únicamente se puede hablar de una hipocresía generalizada que define a nuestra sociedad.




