Las inundaciones no se fijan ni en las motosierras ni en la corrupción
Argentina es un país casi infantil, que desde hace años espera que otros resuelvan problemas. Su población presume que sus dificultades y tragedias aparecen sin tener ninguna responsabilidad. Eluden el pago de impuestos ya que no creen en el Estado o, simplemente, porque suponen que la plata no va a ningún lado. El evasor es un héroe y lo único que se cuida es el propio lucro.
En este fin de semana trágico, donde casi medio conurbano se hundió bajo el agua ante una tormenta inédita para estos tiempos, en el que todos nos acordamos de la tragedia sufrida en Bahía Blanca hace algunos meses, la Ciudad de Buenos Aires será el epicentro de una votación y, paradójicamente, fue la única que no se inundó.
La elección, según todos los sondeos, la dominan el candidato que representa al partido que más denuncias por mal utilización de los fondos públicos recibió en las últimas décadas y por otro que se ufana de utilizar una motosierra para eliminar cualquier construcción de obra pública en todo el país. Atrás aparece el oficialismo que hizo que la Ciudad no se inunde más.
Pero como las elecciones no se definen por cuestiones racionales, sino que las emociones predominan por sobre todos los demás sentidos, poco o nada de esto se analizará. Como tampoco lo harán los responsables de haber permitido la construcción de miles de metros cuadrados en lugares donde naturalmente eran parte del esponjamiento de los ríos y brazos de agua que conviven con varias de esas zonas, ubicadas en la región norte y sur del Gran Buenos Aires.
Ahí se mezclan barrios carísimos, con terrenos de mil metros cuadrados cada uno, y asentamientos armados por las sucesivas crisis económicas. “La cantidad de agua influye. Lo que no se previó es el riesgo, porque acá cayeron 200 ml en un día y no de manera pareja”, empezó con su explicación el especialista urbano y ambiental Néstor Gil Conners.
“Esto de hoy antes no pasaba. ¿Cuándo se cagó el AMBA y todas las otras regiones del conurbano con concentración de emprendimientos de lujo o de extrema pobreza? Entre mediados del ‘65 y ‘75 del siglo anterior”, inició su enfoque Gil Conners.
Gráfico, el arquitecto utiliza dos palabras de moda para ejemplificar lo que sucede. “Las causales esta originada por la "casta" cuando se descontrola paulatinamente el avance de la "mancha urbanizadora" y la otra hunde sus raíces en "las fuerzas del cielo": de manera progresivamente agravada se instala una Crisis Ambiental de escala regional y también global”.
“Primero, se permiten ocupar los intersticios ´vacantes´ a lo largo de rutas y trazas viales, rellenando sin cuidado un territorio de baja escorrentía. Y, todo se transforma en tragedia, cuando se interrumpe una larga siesta climático meteorológica que duró sesenta años cuya perdurabilidad se imaginó eterna, una vez que las lluvias volvieron a la copiosidad que tuvieron en el último cuarto del Siglo XIX”, explicó.

“Ambas cuestiones son inabordables por sus costos, complejidades y por la imposibilidad humana. Solo queda trabajar en la emergencia y en la adaptación al riesgo”, concluyó ante la pregunta de MDZ.
El intendente de Zárate, Marcelo Matzkin, confirmó lo relatado por Gil Conners y comentó que el casco histórico del pueblo, ubicado a cincuenta metros sobre el nivel del río, no sufrió inconvenientes mayores. La costanera está inundada, pero escurriendo. Efectivamente, donde el agua quedó quieta, sin irse, es en donde se hicieron los barrios nuevos donde no se previó una precipitación ni de cien milímetros. Ahí la propia autopista hace de dique de contención”.
El Área Metropolitana Buenos Aires, conocida como AMBA, es eso. Un espacio dominado por la anarquía, la pobreza, y los emprendimientos nacidos por un afán incontrolable de lucro excesivo o la pasividad de los distintos gobiernos para proyectar asentamientos que luego serán usados para su propio beneficio electoral. En verano no hay luz o agua. En invierto falta el gas. Siempre se sufre el agua.
Las rutas que hoy se ven colapsadas por las lluvias siempre existieron. Fueron construidas hace más de medio siglo y los barrios pegados a esa muralla constructiva no existían. Ninguno salía perjudicado. Mucho menos había poblados a la vera de los ríos, obstruyendo el desagüe natural de los ríos cuyas corrientes vienen desde Brasil, por la zona norte, o desde el Río de la Plata o el propio océano, en la zona sur.
Ni que hablar en el centro de la Provincia de Buenos Aires, una palangana natural que fue invadida por canales clandestinos de riego y, sin las obras públicas imprescindibles, cada lluvia se transforma en una gran laguna. Falta de inversión, motosierra, y corrupción. Un cóctel que sobrevive por decisión popular.


