Elefante blanco
Mendoza asiste a su noveno año sin zoológico. Fue el 16 de mayo de 2016 , durante la gestión de Alfredo Cornejo al frente del Poder Ejecutivo, en su primer capítulo, cuando se decidió cerrar definitivamente el Zoológico provincial, que había sido inaugurado en 1903, aunque emplazado en otro lugar del Parque General San Martín
Recuerdos culposos
Según la edad que se atraviese, miles de mendocinos evocan alguna visita a ese enorme predio de 48 hectáreas, ubicado en el Cerro de la Gloria. El estruendoso sonido del rugir de los leones aún resuena en la memoria de los hoy adultos, que en su niñez, pasearon y se maravillaron, jaula por jaula, con las diversas especies de mamíferos, aves y reptiles. Por entonces, resultaba una experiencia de gran emoción, entretenimiento y también, pedagógica. Los nombres inscritos como escudos de familia, descifraban las características taxonómicas. Ejemplares de bellísimos felinos, de enormes osos, hipopótamos y hasta rinocerontes. Jirafas, tigres y leopardos. También en ese lugar muchos comprendieron que difícilmente camellos y dromedarios podrían desplazarse por el aire para andar transportando a Magos. Arrojarle comida estaba prohibido, aunque todos quienes compraban maníes, sabían que el 50% iría a los simpáticos chimpancés o a los mandriles, simios que por entonces no padecían los vituperios de un presidente inimaginable. Claro, no se podía evitar en el recorrido por esas serpenteantes callecitas asfaltadas visitar el predio con paredes de piedra y piso de tierra, donde estaban los elefantes, esos longevos gigantes de colmillos extensos y tentadores, de cuero grueso y arrugado, de mirada contemplativa y siempre triste
Aprender a desaprender
La clemencia por los animales no es un asunto de la modernidad, ni de la postmodernidad, pero sin dudas, los aportes de naturistas, médicos veterinarios y personas sensibles, condujeron a la humanidad a entender mejor los profundos estudios de los etólogos. El Planeta no es “el humano y el resto condenado a sus caprichos”. La preservación de la biósfera requiere cambiar conductas y -claro que sí- modificar juicios sobre lo que está bien y lo que no. Argentina fue pionera dictando la Ley 4346 en el año 1954, que garantiza protección a los animales ante la trata y sanciona la crueldad. Y con los años se avanzó concibiendo otros derechos. En Mendoza, en julio del 2008 se dictó la ley que prohíbe espectáculos adonde se explota a los animales, algo típico en circos. En 2016, un fallo inédito le otorgó una “habeas corpus” a la mona Cecilia, que igualó en derechos al humano. Debieron trasladarla a un santuario en Brasil.
El arte, la fauna misteriosa y el tiempo
El padecimiento al que son sometidos los animales en cautiverio está muy bien retratado por Moris, en “el Oso” y por Chico Novarro en “Carta de un león a otro”. En el caso del tema de Birabent, su protagonista, el oso, sufre cuatro años para volver al bosque y estar contento de verdad, en cambio, los animales del cerrado Zoológico de Mendoza, además de los muchos años que estuvieron entreteniendo a chicos y sufriendo el encierro, desde hace 9 años están privados de la libertad y nadie sabe muy bien si aún viven ni en qué condiciones. Una obra que debió estar terminada en el segundo semestre de 2017, en abril de 2025, no lleva ni el 50% de avance. Como es la clásica costumbre de la actualidad politica de Mendoza, la culpa siempre es de los otros. Pasó Macri y no se hizo; durante el gobierno de Fernández se quejaron porque entregaba en cuotas los dineros y ahora -cómo no- es el gobierno del elogiado por Cornejo, Javier Milei, quien no envía los fondos. La empresa constructora solicitó indemnización, y fue la provincia quien desembolsó más de 400 millones para que continúen la obra, La explicación de la ministra Jimena Latorre tiene argumentos menos solventes que las predicciones de Jimena La Torre. Aducen un cambio conceptual de 360 grados, hay quienes se preguntan si esos grados son a la sombra.
Esto no es una novela, aunque parezca
En 2008, el Nobel de literatura José Saramago publicó “El Viaje del Elefante”, una novela que rescata una de las tanas historias absurdas del “poder”. Con su puntuación inigualable y el dominio de la ironía, Saramago narra un sueceso real, cuando el Emperador de Portugal João III, en 1551, decide regalarle al Archiduque Maximiliano de Austria, su propio elefante, Salomón. Las dificultades del traslado, las peripecias a las que somete a sus súbditos y al propio animal, se parecen demasiado a lo que ocurre en Mendoza, 9 años después de la decisión de cerrar el Zoológico.
Aquí los elefantes no se balancean en telarañas y tampoco son protagonistas de ocurrentes venganzas y maléficas intenciones, pero Kenia ya consiguió su pasaporte a Brasil y será protagonista, tal como se contó aquí, en un documental con el actor y músico Nicolás Pauls.
Surrealista
“El periodista hizo todo lo posible para poder explicar lo que había ocurrido, pero le resultó imposible” Ese fragmento del cuento “El elefante desaparece”, del archipremiado escritor japonés Haruki Murakami, parece extraído de un crónica mendocina. Explicar que un proyecto, que cuenta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, que insume miles de millones de pesos, aún esté en obra, sin que alguien pueda arriesgar su culminación y más aún, sin que la mayoría de la población tenga clara noción de lo que terminará siendo, reviste más intrigas que el texto de Murakari. Por el tiempo y los dineros, hay quienes suponen será el Jurassic Park de Spielberg, en el vientre del Cerro de la Gloria
Elefante blanco, inédito
En arquitectura se denomina “elefante blanco” a esas obras monumentales que carecen de utilidad funcional o a edificios que de tan grandes y costosos, jamás se terminan. Según explican, la denominación surge del Reino de Siam, lugar que ahora ocupan dos países recientemente muy castigados por la naturaleza: Tailandia y Myanmar. Ahí, los llamados elefantes blancos o albinos, eran considerados “sagrados” y a diferencia de los otros, no podían ser usados para los menesteres habituales. Tampoco podían extraer de ellos el marfil ni aprovechar sus atributos como medio de transporte y carga. Estaba prohibido utilizar su gruesa piel. Entonces, cuando querían perjudicar a algún adversario, le regalaban estos sucesores de mamuts, de piel clara, a veces algo rosada, a quienes debían cuidar y alimentar, sin tener alguna retribución, y eso les provocaba un quebranto total.
El caso del Ecoparque es una especie de Elefante Blanco, pero invisible. La demora, los gastos superlativos y la incumplida promesa de concretar el Ecoparque, desde 2016 hasta hoy, se contraponen a los discursos de austeridad y ahorro. Inevitable recordar que se ensañaron criticando a su antecesores y justificaron esos reproches, principalmente, poniendo como ejemplo la construcción del Arena Aconcagua, ese estadio contiguo. Sin embargo, a esas instalaciones al menos las usan para diversión personal-oficial, mientras el resto de los animales están aún encerrados, sin régimen de visitas y a la espera de que se les dicte, al menos, el beneficio de prisión domiciliaria.