Papelones presidenciales históricos: reprobados
La historia es una maestra que se está quedando sin alumnos. Fue una muletilla que ocupé por años. “¡Es que los pibes no estudian!”, uno escuchaba (y escucha) por ahí. Y sí; puede ser cierto. Tal vez esos chicos estudian otras cosas que nosotros no captamos. Hoy se informan y se nutren de notas que tienen que ver con sus intereses y que aquella histórica escuela tradicional, que tanto bien nos hizo durante más de un siglo, actualmente ya no los satisface. No estoy justificando nada. Las evaluaciones educativas demuestran claramente que el nivel es bajo. Hasta en casos, muy bajo.
Y si es cierto que deberíamos adecuar situaciones, aunque percibo mucha preocupación en varios sectores, y se nota que hay predisposición y acciones concretas en docentes, directivos y gestores por reformular y adaptar instancias a un problema multicausal. Es cierto también que el sistema que pondera los méritos se relajó y que el ámbito de la exigencia se tornó muy permisivo, y está costando mucho encausar.
“¡Si, pero los pibes no estudian!”. No son todos. La amplia mayoría sigue estudiando firme, empujados por una familia que se rompe el alma para mandarlos de punta en blanco a la escuela y que se desvive para que a los chicos no les falte nada. En el fondo; no es este el tema que quería abordar. Reitero, sin justificar nada, ni a nadie.
“¡Es que los pibes no estudian!”, insisten. Siempre el ejemplo debe venir de arriba. Y lo digo por los últimos conductores del país. Y si los pibes no estudian, en algo tendrá que ver el pésimo ejemplo que recibimos de nuestros últimos presidentes.
Macri y su puerto en Santiago del Estero
La crónica periodística le llamará “furcio”. Pero porqué hay que ser benevolente. Si ese pibe de la escuela sostuviera lo mismo, cualquier evaluador (desde la humilde profe del colegio al especialista de las pruebas PISA, lo marcaría como un error. Es más, “la señorita” de antes, diría que es garrafal y, como loros, deberías repetir bien el concepto nuevamente).
Ejemplos. El entonces presidente, Mauricio Macri, cometió un grave error geográfico al sostener que se estaba licitando un puente que unirá Rosario con Corrientes, cuando la verdad es que ambas ciudades quedan a cientos de kilómetros. "Estamos licitando miles de kilómetros de rutas y puentes, como es el caso de Rosario-Corrientes y Santa Fe-Paraná", sostuvo el jefe de Estado en su momento. Rosario queda a más de 200 kilómetros del límite con la provincia de Corrientes. (Fue un 30 de marzo de 2018).
Pero los problemas de Macri, más con la Geografía que con la Historia, empezaron antes. Fue en su campaña electoral de 2015. Aquel candidato Mauricio Macri se “cebó” con las promesas y en el combo prometió “rutas, caminos, puentes, puertos”. Estaba en Santiago del Estero que todos sabemos no tiene salida al mar. Fue un jueves 5 de noviembre de 2015. Varios videos lo corroborarán. Bueno; también habló de “pobreza cero”.
Cristina y su "obras desde Jujuy a la Quiaca"
Cristina tiene varias de estas. Tomaré algunas. En un encuentro de científicos usó una frase fuera de los libretos políticos convencionales. El problema en este caso fue con la química, cuando recordó “que lo único que aprendí en las clases de química en el colegio secundario fue la fórmula del agua”. Perdón; tampoco aprendió eso: "Hache dos cero", sostuvo. Es “hache dos O” (con vocal O por oxigeno). El auditorio enmudeció. La presidenta nunca se percató del error y sonrió ante las cámaras. La salvó, por lo menos en el registro histórico escrito, el equipo de “predispuestos” taquígrafos que trabaja en la Casa Rosada. Pero la frase quedó guardada en audios y videos que se consumieron rápidamente a través de Internet. (8 de diciembre de 2008).
Fue muy recordada también aquella expresión en medio de la crisis y enojo con el campo cuando a la soja la trataba de “yuyo”. Otro fallido histórico fue cuando en medio de las presentaciones de su libro “Sinceramente”, Cristina aprovechó el feriado del Día de la Bandera y llevó a Rosario su obra. En esa instancia, la por entonces candidata a vicepresidente del Frente de Todos dio una charla en la que entre otras cosas se refirió a su prócer favorito, y lanzó una frase que sorprendió: "Yo hubiera sido amante de Manuel Belgrano". "Fue un economista y fue un apasionado en su vida", apuntó la ex mandataria en una parte del acto proselitista en el Teatro Metropolitano. "No sé si hubiera podido ser la esposa (del prócer) porque a éste no lo casaba nadie. ¿Saben que Belgrano nunca se casó? No había forma", añadió Cristina y arrojó su provocadora opinión: "Yo hubiera sido la amante, a lo mejor, qué sé yo, no sé. Pero algo con Belgrano hubiera tenido, estoy absolutamente segura". En el fondo, el peronismo siempre tuvo esa capacidad de apropiación. “Belgrano hubiera sido peronista”. Peronista como Biden (según Alberto), o como Trump, según Moreno. O como el mítico “Tropero” Sosa que tanto ayudó a San Martín durante la gesta libertadora, declarado “el primer descamisado mendocino” en 1947 ante la visita de Eva a Mendoza. Son exageraciones obviamente. Expresiones que se permiten en históricas campañas. Es que así eran las farahonas egipcias.
Alberto y... ¿por dónde empezar?
En su momento escribí sobre el tema. No soy de expresarme imprudentemente, pero sobre Alberto no voy a extenderme demasiado. No vale la pena. No bancó a los cínicos. Alberto Fernández, a mi humilde entender, lo es. Solo expresaré que en su afán de “sabelotodo”, y de pésimo “maestro ciruela”, dijo que “los argentinos salen de los barcos y los brasileños lo hacen de la selva” y citó la expresión como de Octavio Paz. “Mala información” (diría su compañera de fórmula). Una brutalidad. Lo peor fue que desconoció miles de años del rico pasado nativo y autóctono de nuestros pueblos originarios. Imperdonable.
Otra. En una visita a Tucumán durante los actos por la Independencia de 2021 dijo que “Machaca” Güemes era la esposa de Martín Miguel de Güemes. ¡Es la hermana, maestro! Ella estaba casada con Román Tejada. “Güemes, armó una suerte de guerra de guerrillas por orden de San Martín. Lo hizo acompañado por una mujer; Macacha Güemes, su esposa, pero también por una mujer emblemática para la libertad de América Latina: Juana Azurduy”. Saraseó, el versero.
Milei y el nuevo bautismo
San Martín no necesita que nadie lo defienda. Su gloria es reconocida en el mundo entero. A él sí, la historia lo ha juzgado como el máximo referente nacional. Indiscutidamente es el “Padre de la Patria”.
Tampoco quisiera entrar en otras cuestiones que no sean las meramente históricas. Expresábamos al comienzo de la nota: “¡Los chicos no estudian!”. Y sí. Después de todo lo expresado, doy en parte la razón. No coincido, y no me gustan las generalizaciones.
Pero al menos, aquellos que tienen responsabilidades públicas y serán escuchados por millones, no pueden cometer errores garrafales. Uno no puede mantenerse impávido ante ciertas simplificaciones, juicios o expresiones. Recuerdo cuando en su momento (Carlos, otro especialista del tema) dijo que había leído las obras completas de Sócrates y que nos remontaríamos por la estratosfera. Era Menem. También cuando De la Rúa revoleaba nombres por doquier sin acertar ninguno. Cuando “el Adolfo” se hizo el gallo y dijo que no pagaría nada al FMI. Le cortaron la luz y duró pocas horas. O cuando aquel asesor económico, del por entonces candidato Milei, Emilio Ocampo, sostuvo textualmente: “San Martín no fue el Padre de la Patria, ni el Libertador de América”. Todo mal.
Lo último. Recientemente, el presidente Milei, leyendo un discurso (leyendo, reitero) rebautizó ante los Granaderos al general San Martín. Lo llamó “Juan José”. Error. Se llamaba José Francisco. “Cholo”, le apodaban de joven porque era trigueño. Su suegra que no lo quería mucho le decía despectivamente: “ese soldadote”. El único amigo con el cual se tuteaban era con Alejandro Aguado. Cuando más, Álvarez Condarco se atrevía, y a veces, llamarlo “compadre”. Pero San Martín no se llamaba Juan José. Se llamaba José Francisco. Fin.
Pero para algunos, siguen siendo solo los pibes, los que no estudian. La historia es una maestra que se está quedando sin alumnos. Hay algunos que ni copiando pasarían de grado. Sin embargo, llegaron a presidentes de la Nación Argentina. En el fondo, es la historia argentina.