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El riesgo de la pérdida de memoria

La banalización de la historia sólo ayuda a que se consagren diseños políticos nocivos y a que puedan repetirse tragedias.

El golpe de Estado de 1976 no es una anécdota más en las efemérides, es el punto cúlmine del desprecio por la ley, por las instituciones y -fundamentalmente- por las personas. Es lo que una Nación no debe permitir, admitir ni soslayar

Las falsas etiquetas

Reducir las ideologías en la antinomia "derecha" e "izquierda" sólo ayuda para distraer y acentuar la ignorancia política. Las características de una y otra guardan más similitudes entre sí que diferencias consistentes. Esas etiquetas sirven, en demasiados episodios de la historia, para disfrazar intereses no manifiestos. El inicio de la dictadura más violenta, perversa y criminal, merece evocarse aunque haya quienes se fastidien, a diestra y siniestra.

La malversación de las palabras

Por más abstracto que sea el sustantivo "libertad", sólo un necio o un perverso podría atribuir tal cualidad a una dictadura. Un oxímoron tan elocuente como repetido. El autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional fue un régimen que abolió el Estado de Derecho, por lo cual asignarle carácter de liberal es peor que caprichoso, un ardid que disuelve el significado de "libertad" en todas sus posibles acepciones.

De parte de quién

Las definiciones sobre el bien y el mal -ambos adverbios que no dejan lugar a la duda- dependen de los acuerdos sociales, o sea, están sometidos al escrutinio colectivo, y no son estáticos. Varían con el tiempo. Asimismo, esa dinámica cultural no exime de responsabilidad a quien, por un interés particular, pretenda cambiar la convención a su propio criterio. El golpe de 1976 estuvo auspiciado por intereses sectoriales de la Argentina y foráneos. Abunda literatura que explica el fenómeno y documentos que lo certifican. A propósito, días atrás se presentó la novela del periodista y escritor mendocino, Manolo Corominola, "Quantum y los gritos del viento", en la cual pone en relieve lo que fue el "Plan Cóndor" con presteza literaria.

Pinochet y Videla. 

Todo va mejor con... la verdad

Que los responsables de la dictadura hayan adscripto al sistema capitalista, empujado entonces por las distintas vertientes filosóficas del liberalismo clásico, y con indisimulable apoyo de Estados Unidos, no termina de describir la situación de la Argentina en el período 1976 - 1983. Dos datos incontrastables. Argentina por primera vez en su historia realiza exportación de granos a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El hombre clave para ese debut en las relaciones comerciales con el gigante euroasiático fue el Ministro de Interior, a quienes muchos sindican como el cerebro de la dictadura: Albano Harguindeguy. ¿Cómo se entiende que combatieran al comunismo y a la vez trabaran este acuerdo inédito?. Y el dato más sobresaliente por sus aspectos concretos pero más aún, por su valor simbólico: el Partido Comunista vernáculo fue el principal accionista de Coca Cola Argentina. Como es legítimo dudar de estos datos, recomiendo acudir al libro "El Oro de Moscú" (Sudamericana 1996) del corresponsal de la agencia TASS, durante 20 años, Isidoro Gilbert.

La evolución de la especie

Una de las interpretaciones más difundidas indica que el inicio de lo que llamamos "cultura" del homo sapiens fue la decisión de dar sepultura a sus muertos. Un ritual en el que se reconocía la importancia del ser y la finitud de nuestra especie. La constatación física de que no volveremos a estar con esa persona. Durante la dictadura argentina, se privó a miles de familiares y amistades de ese mínimo ritual. Además de detener sin que medien las instancias judiciales que corresponden, de secuestrar, torturar y matar compatriotas, desaparecieron sus cuerpos, el terror en su máxima expresión.

Increíble

Días previos al Mundial de 1978, campeonato en el que Argentina fue sede designada años antes, Harguindeguy convocaba a periodistas y secretarios de redacción de los principales diarios, para "instruirlos" de lo que debían escribir sobre Argentina. Los organismos de Derechos Humanos habían logrado difundir afuera del país lo que aquí ocurría. Sonaba increíble para quienes no padecían alguna de las atrocidades proferidas por los miembros del gobierno o de las fuerzas paraestatales, que existieran cárceles clandestinas, torturas, muertes y desapariciones forzadas. El único medio impreso que desde el comienzo se atrevió a publicar sobre los pedidos por aparición con vida de secuestrados y detenidos fue el Buenos Aires Herald, diario fundado exactamente un siglo antes del golpe de Estado (1886), editado especialmente para los angloparlantes. Las otras publicaciones que antes habían dado cuenta de lo que estaba ocurriendo, fueron clausuradas y muchos periodistas, perseguidos, otros secuestrados y desaparecidos. Sin dudas, el caso más emblemático fue el de Rodolfo Walsh, asesinado a un año de la dictadura, cuando difundió su "Carta Abierta a la Junta Militar" mediante la cual denunció tanto la censura como al terrorismo de Estado. Robert Cox tuvo mejor suerte. El periodista inglés debió huir y exiliarse, en 1979. Las Madres de Plaza de Mayo, ese mismo año, publicaron una Solicitada agradeciendo la integridad y coraje del economista británico devenido director del Buenos Aires Herald.

La esperanza trunca

En marzo de 1981, debido al desastre económico y social, reemplazan a la cúpula de la Junta Militar y comienza a presidir el país Roberto Viola. El gobierno de facto veía sucumbir su ambición de perpetuidad y levantan la prohibición a partidos políticos. Se consagra la Multipartidaria, que integraron el Peronismo, el Radicalismo, el Desarrollismo, el Socialismo y la Democracia Cristiana. La presión para que se conformara un cronograma de restitución institucional propició el alejamiento de Viola, con dos efímeras intervenciones (Liendo y Lacoste) para que a fines de 1981 quedara usurpando el sillón de Rivadavia, Leopoldo Fortunato Galtieri.

El paro general y la aventura bélica

El 30 de marzo de 1982 se efectuó un paro general y movilizaciones en las provincias. El lema de la convocatoria fue "Pan, Paz y Trabajo" liderada por Saúl Ubaldini, secretario general de la CGT Brasil. Además de las centrales obreras se sumaron cientos de miles de particulares, docentes, comerciantes, productores y decenas de organismos, laicos y religiosos. Aquella jornada concluyó en tragedia. En Mendoza las fuerzas de seguridad asesinaron al sindicalista Benedito Ortiz. Dos días después, la recuperación de las Islas Malvinas fue el recurso que encontraron para prolongar su estadía ilegal en las instalaciones de la República. Otra tragedia y la evidencia de que la valentía era sólo impostada ante indefensos. Mario Benjamín Menéndez, protagonista en crímenes de lesa humanidad contra compatriotas, fue quien firmó la rendición a dos meses de una guerra desproporcionada, y luego se jactaba de las felicitaciones recibida por sus vencedores. Juan Pablo II arribó a la Argentina tres días antes de concluir aquella otra tragedia.

Adiós a la perpetuidad

Una frase ayuda a describir al principal responsable de la Guerra de Malvinas: "las urnas están bien guardadas" había dicho Galtieri. Después del 14 de junio de 1982, día de la capitulación de la guerra en que Argentina pretendió recuperar sus legítimos derechos, frente al invasor, Gran Bretaña, fue el principio del fin. El aumento inexplicable de la deuda externa, la altísima inflación, los índices de desocupación, el cierre de fábricas, el derrumbe de la industria nacional y las atrocidades y crímenes de lesa humanidad que iban desvelando las denuncias cada vez más públicas, sumaban argumentos a la derrota bélica. Todo fue forzando a los asaltantes de la República para acordar una fuga ordenada. Bignone fue el último personaje de la dolorosa historia que ocupó de manera ilegal e ilegítima un lugar guardado para quienes fueran consagrados por el voto libre y universal.

Desamparo

Censura, desinformación, falacias y manipulación. Cuatro elementos que le impidieron a los argentinos el conocimiento de lo que ocurría. La arenga triunfalista de Malvinas y su pronta derrota sirvieron para desenmascarar una construcción narrativa aislada de la realidad, sin embargo, la insistente inoculación de una historia falsificada, aún tiene consecuencias en la actual democracia y la traduce en un frágil sistema.

Tan potente fue la propaganda de la dictadura que hay quienes no se conmueven con la comprobación fáctica de torturas aberrantes y homicidios crueles. Eso también explica que la recuperación de la Democracia fue indispensable pero no suficiente. Los crímenes, las amenazas e impiedad calaron profundamente. El terror y la ignorancia es un cóctel que anula la criticidad . El actual gobierno nacional es prueba rotunda de lo vulnerable que sigue siendo la República, con un poder judicial endeble y cooptado; con un Congreso que produce más vergüenzas que leyes y con un presidente que promete destruir lo que le fue encomendado cuidar y mejorar. Un presidente que degrada la investidura y ni siquiera honra el nombre del artífice de la Independencia de Argentina, Chile y Perú.

La memoria

Conmemorar el 24 de marzo no debería ser una opción, sino un deber ciudadano. Honrar los pactos, defender el sistema y mejorar la calidad institucional no es sólo tarea para la casa, es una labor cotidiana. Estamos constituidos de memoria. Nuestra identidad colectiva, nacional, es la síntesis de la Memoria. Hasta nuestra anatomía es el resultado de la memoria. Quienes ocupamos lugares en el entramado formativo e informativo, tenemos una responsabilidad superior. Ejercitar y promover la participación en el debate permanente, es lo que nos permitirá erradicar mezquindades individuales para construir un destino común, que de ninguna manera debe ser impuesto, sino consensuado por toda la sociedad, respetando reglas, no sometiendo las reglas a nuestras conveniencias ocasionales.

La estatura de la sombra

La medida de la sombra no refleja la propia estatura, depende desde donde provenga la luz. Y apagar la luz lo único que garantiza es que todo sea sombra.

La confrontación maniquea, el insulto, la descalificación, es peor que inútil. Es inexorable desterrar esa vocación por "desaparecer". Expulsar, proscribir, impedir, aniquilar son los verbos recurrentes de esta actualidad política tan decadente. Pretender que no exista el disenso, aspirar a que no participe el otro y considerar que hay una verdad revelada y una sola posibilidad de abordar los desafíos, es un síntoma de la incapacidad intelectual y la precariedad moral que nos atraviesa. Estamos a tiempo, si no fomentamos la memoria, el deterioro será irreversible.