ver más

IMPSA dejó de ser mendocina: cómo está y qué puede pasar con la empresa

IMPSA fue cedida a una empresa de capitales extranjeros con una pata en Venezuela. Aseguran que hubo acuerdo por la deuda, pero hay incertidumbre sobre el futuro productivo de la empresa.

En 1907, Enrique Pescarmona fundó una metalúrgica que sería emblemática, hasta convertirse en la primera "multinacional" nacida en Mendoza y que tenía en su siglas el apellido de la familia fundadora. Esa compañía acaba de tener un vuelco histórico que es producto del deterioro que vivió en las últimas décadas. IMPSA dejó de ser una empresa mendocina y argentina para ser una subsidiaria de ARC Energy, una compañía de capitales norteamericanos y que en su haber tiene una historia más corta que la propia IMPSA. La empresa se había deshilachado; perdió contratos, incumplió compromisos financieros, estuvo al borde de la quiebra, en 2018 cambió de nombre para dejar de tener la marca "Pescarmona" y hasta fue estatal por algunos años antes de pasar a manos extranjeras. 

El Gobierno nacional y el de la Provincia firmaron con Arc la venta de las acciones clase C que representan la transferencia de la empresa. Esa "venta" fue testimonial, pues se hizo sin valor de mercado. Es que empresa va con valores intangibles como su historia y el know how, pero con más de 500 millones de dólares de deuda y sin poder pagar los sueldos. Por eso la urgencia.

La empresa se comprometió a capitalizarla con aportes que alcanzarían para pagar sueldos y avanzar en algunas otras acciones. La firma del contrato estaba prevista para cuando el gobernador Alfredo Cornejo regrese de París. Pero todo se precipitó y decidieron adelantarlo para evitar distorsiones. El propio Cornejo y Juan Pazo fueron los que aceptaron el pedido de los nuevos dueños para firmar el contrato, aún con el gobernador fuera del país. Entre las curiosidades de esa maniobra está el protagonismo que tomó Hebe Casado al encabezar el acto de la firma y usarlo para beneficio propio de manera extra institucional.

Cornejo  Pescarmona. 

Para la gestión liderada por el Alfredo Cornejo es una situación incómoda. El Gobierno de Javier Milei reimpulsó la privatización con duros términos hacia el proceso anterior de intervención del Estado del que la gestión de Cambia Mendoza fue parte relevante. La plasticidad de esa alianza permitió que haya fotos con todos: desde la imagen de Cornejo con Enrique Pescarmona (empresario que tuvo también una profunda relación con un sector del PJ a través de Juan Carlos Mazzón), hasta la de Suarez con Alberto Fernández y de Cornejo con Milei y sus funcionarios. Tres visiones distintas, tres escenarios diferentes y en los tres Cambia Mendoza estuvo de acuerdo.

Alberto Fernández y Rodolfo Suarez, cuando firmaron la estatización. 

El futuro

La deuda de IMPSA es de 570 millones de dólares. Pero los acreedores son "blandos": bancos estatales e internacionales que en su momento otorgaron recursos a IMPSA y la empresa no cumplió. Las deudas de Venezuela y el fracaso del proyecto en Brasil fueron dos de los desencadenantes de la crisis, pero no los únicos. Según fuentes allegadas a la negociación, Arc consiguió acuerdo con los acreedores para prorrogar los pagos que debían empezar pronto. No ha sido aclarado si la empresa mantendrá su sede social en Mendoza, cuántos empleos se mantendrán y si se abrirán sucursales en otros sitios. IMPSA siempre estuvo físicamente en la provincia, aunque tuvo su sede social en Luxemburgo y hasta montó una planta para construir aerogeneradores en Brasil. El principal acreedor de IMPSA es el Banco Interamericano de Desarrollo. La empresa mendocina consiguió un préstamo de esa entidad y, tras la reestructuración, le debe 164 millones de dólares al BID, un 33% de la deuda total. Los bancos que dependen del Gobierno nacional están segundos en la lista. Entre el BICE y el Nación, IMPSA le debe 111 millones de dólares. El Banco Brasilero es otro de los grandes acreedores, con 61 millones de dólares.  

Un horno para la industria petrolera que fue fabricado en IMPSA. 

El futuro de IMPSA es incierto, sobre todo por el tipo de empresa en el que se convertirá ahora que tiene otra bandera. En principio, por ejemplo, podría potenciarse el perfil de empresa de servicios. En ese plano uno de los ejes sería la reparación, repotenciación y asistencia a las represas hidroeléctricas del país. IMPSA es la única empresa que fabrica turbinas en el país y muchas de las que hay instalada se construyeron en Mendoza. Creen que hay un negocio potencial de 600 millones de dólares solo en la reparación de las turbinas en uso.

ARC tiene en carpeta aprovechar la oportunidad de negocio que hay en Estados Unidos con la fabricación e instalación de grúas portuarias, un área en el que IMPSA se hizo fuerte desde sus inicios. Pero difícilmente esa infraestructura pueda construirse en Argentina para ser exportada. Mucho menos con el perfil productivo que el presidente Donald Trump le ha dado a ese país, con fuertes aranceles a las importaciones. Justamente ese foco es lo que complica la ilusión que había generado en algunos actores la cesión de IMPSA a una empresa norteamericana. Muchos creen que lo que los nuevos dueños pueden aprovechar son más las certificaciones, la experiencia y los antecedentes de IMPSA que su fábrica real en Mendoza. IMPSA, por ejemplo, es una de las pocas empresas en el mundo habilitadas para construir piezas para reactores nucleares.

La empresa dueña de IMPSA tiene vinculaciones con empresarios venezolanos y, curiosamente, Venezuela fue uno de los epicentros de negocios de la empresa fundada en Mendoza y que tiene un volumen de recursos incobrables enorme. El otro choque fue la planta construida en Brasil para la fabricación de aerogeneradores, que hoy está abandonada.  

La industria del petróleo es otro de los ejes en los que se podrían capitalizar oportunidades, siempre y cuando Arc inyecte más recursos para producir. Vaca Muerta impulsa mejoras en las refinerías y otro tipo de infraestructura pesada que la empresa de capitales extranjeros, pero experiencia local puede aprovechar. 

La cartera de proyectos de IMPSA está en revisión, pues muchos contratos se cayeron por falta de financiamiento. Es que tenían como base fideicomisos y aportes estatales. Otros, como Tambolar, desaparecieron por el fracaso de los procesos.