Cavernícolas en la montaña: colados, peleas a puño limpio y desprecio por el otro
Pasaron las vacaciones en Chile con el combo mendocino clásico: playa, shopping y descanso. Pero, al cruzar la frontera, afloró su raíz primitiva: disputas, escándalo y pelea a trompada limpia por un lugar en la final de la Aduana argentina, una escena patética, cavernícola.
Esa pelea quedó registrada en videos y es una muestra de lo que ocurre frecuentemente en ese sitio. Largas filas, gente que busca sacar provecho para ganar algunos minutos, insultos, broncas; también picardías para esconder bienes comprados en el exterior.
Hay más. La frontera genera esa idea de “tierra de nadie” y por eso hay basura por todos lados. El viento acumula bolsas y otros residuos que los viajantes arrojan como si fueran a desaparecer. No es falta de control, pues es complejo custodiar una zona inmensa a casi 4 mil metros de altura. Es desamor por el lugar y desinterés por el prójimo, esa idea difundida de cuidar solo el metro cuadrado de cada uno, sin importar el resto.
Relatos salvajes
La violencia con la que se resolvió el "caso de la Aduana" genera vergüenza por el efecto expansivo, pero también por la representación. Es un ejemplo de la falta de respeto a la convivencia, un sálvese quien pueda y primitiva ley del que se cree más fuerte.
En el complejo Roque Carranza, en Horcones, la custodia está a cargo de Gendarmería Nacional, quien ordena y dispone. La presencia de esa fuerza de seguridad no persuade y, nuevamente, existe esa sensación de todo vale.
Más allá de la infraestructura que atrasa, el Paso y la Aduana tienen límites físicos y logísticos que hacen imposible responder a la demanda con la celeridad que los impacientes turistas exigen. Casi 10 mil personas por día cruzan desde Chile en temporada de verano y se genera un cuello de botella difícil de resolver por las limitaciones geográficas. Hay advertencias diarias sobre ello. En vez de cargarse con paciencia suman malhumor y, para peor, hay reacción.
La acción de resolver por mano propia cualquier altercado trae consigo la idea de darle la espalda a cualquier norma y autoridad. “Irse a las mano”, porque falta palabra, respeto y expectativa positiva sobre las estructuras que deberían resolver los problemas.
Hay casos más dramáticos aún de la búsqueda de solución por mano propia de cualquier problema. Ocurrió, por ejemplo, con los casos de violencia por mano propia de parte de víctimas de delito.
El hecho más extremo fue en enero, cuando un ladrón fue golpeado hasta morir en el barrio Lihué. También en Guaymallén un grupo de vecinos linchó a un ladrón que había intentado robar un celular. En tiempo de ultracomunicación, todo quedó registrado en videos que generan una onda expansiva inmensa. El efecto colateral es, también, una promoción dañina de resolver todo por propia mano obviando las convenciones, normas e instituciones que hacen a una convivencia en paz. Los mensajes que acompañan las publicaciones en redes sociales agitan esa tendencia.