Chau tren de pasajeros: una decisión que atrasa y conviene a pocos
La llegada del tren de pasajeros a la provincia de Mendoza fue el 3 de junio del año pasado para muchos pueblos mendocinos y un sector de la ciudadanía, una verdadera fiesta. Lugares que estaban abandonados, empezaron a sentir nuevamente la esperanza de que retornaba el tren a sus vidas después de 30 años. Y con eso, todo lo que vendría después, de acuerdo a lo que habíamos aprobado en la Legislatura provincial: nuestro masterplan para que alrededor de las estaciones del tren se construyeran casas, volvieran los centros comerciales, la vida se tornara pujante.
Mucha gente viajó por primera vez a Buenos Aires. El tren era lentísimo, tardaba 28 horas en llegar, pero muy barato y cómodo. Personas que jamás tuvieron la posibilidad de ir a la capital argentina lograron gracias al tren ese sueño que con el costo de otros medios de transporte, parecía imposible.
Faltaba mucho por arreglar al ferrocarril: las vías no estaban en las mejores condiciones en muchos tramos – por eso iba lento-; a veces era difícil conseguir pasaje por a la escasa frecuencia ya que pasaba una vez por semana. Y mucho por hacer hacia adelante: recuperar los 900 kilómetros de vías que tiene Mendoza, para que el tren no solo llegara a Palmira, sino que tuviera paradas en las distintas regiones del Gran Mendoza, siendo una verdadera conexión entre los distintos sitios como sucede en Europa.
Ante el cambio climático, que trae en estos momentos una consecuencia que nos afecta de manera directa, avanzar en un transporte ecológico es sin duda la mejor opción. Ante la crisis económica que vive nuestro país, apostar a un transporte barato e inclusivo, es una respuesta acertada y concreta. Ante los accidentes de tránsito, que han crecido este año de forma asombrosa, el tren es una solución.
Sin embargo, de un día para el otro, sin mediar una comunicación oficial, se decidió cancelar el tren de pasajeros a Mendoza. Se tomó la determinación de dejarnos sin chances de discutir al menos, las soluciones posibles para mejorar todo lo que debía ser corregido de este medio que fue el motor de muchos pueblos que hoy no existen, hasta los años 90.
¿A quién conviene esta decisión? ¿A qué sector de la ciudadanía beneficia? ¿Qué otras opciones baratas y ecológicas tendrá la gente para viajar de provincia a provincia? ¿Cómo queremos mirar la Mendoza del futuro?
Lamentamos el fin repentino de este anhelo que va a de la mano, sin duda, con el desprecio por el ferrocarril mostrado por sucesivos gobiernos provinciales en Mendoza y la nula visión federal sobre el proyecto de país de la Casa Rosada.
¡Vamos a seguir peleando para recuperar el tren! Hay que defender a Mendoza.
