La angustia de la pérdida continua

Las dudas de los aliados de Cristina Fernández de Kirchner, que la ven "sin posibilidades de juntar nada"

Lo más grave que observa el Círculo Rojo es que, si fracasa Milei, no hay nadie en condiciones de recoger los pedazos que queden de Argentina. Y el kirchnerismo, por primera vez, no conduce nada.

Alejandro Cancelare
Alejandro Cancelare domingo, 21 de abril de 2024 · 08:37 hs
Las dudas de los aliados de Cristina Fernández de Kirchner, que la ven "sin posibilidades de juntar nada"
Foto: Prensa Cristina Fernández de Kirchner

Los gobernadores e intendentes del peronismo kirchnerista renovador necesitan un líder. Urgente. A diferencia de lo que sucedió en 2015, cuando perdieron contra Mauricio Macri, nueve años después ya tienen algunas certezas que, en la anterior derrota, no tenían.

Primero. Saben que no pueden juntarse nuevamente en un frente político sin haber pasado por las oficinas de un escribano público y haber firmado un nuevo contrato social, con puntos mucho más específicos, sin posibilidad de ninguno de sus miembros de escaparse de esos parámetros bajo tema de perder el lugar que ocuparía en el presunto poder y, además, algunos quieren agregar, “resolverlo como lo hacíamos antes, a los tiros o a las trompadas”.

Segundo. Se acabó la posibilidad de que “Cristina vuelva a pegar todos los pedazos del jarrón que se rompió”, como muy bien graficó un intendente que la aprecia pero ya sabe que no puede conducir lo que viene, y mucho menos, representarlos.

Tercero. La ausencia de Cristina Fernández de Kirchner, impedida de nombrar a un vice como Amado Boudou a través de una conferencia de prensa donde todos los invitados especiales se sorprendieron al igual que la prensa o de un candidato presidencial por Twitter, como Alberto Fernández, hace que todos los dirigentes estén en igualdad de condiciones, ya sea para pelear por la Presidencia de la Nación como la gobernación bonaerense, donde conviven, dentro del peronismo kirchnerista renovador, casi cincuenta precandidatos entre intendentes impedidos de una reelección más y funcionarios y legisladores que también se quieren anotar.

“Twitter no existe más. Ahora es X. Todo quedó viejo. Inclusive la manera de activar a sus seguidores de la mejor dirigente que tenemos”, se sinceró uno de los posibles reemplazantes de Axel Kicillof en la provincia. Otro, en cambio, sigue resignándose. “Al final, ella va a pegar cuatro gritos, amenaza con armarnos listas en cada distrito, y listo. Se acabó la rebeldía”.

En este mar de dudas y sin certezas sobre el futuro de la economía nacional, cada vez que alguien quiere sacar la cabeza “lo hace a destiempo. Además, parecen sin rumbo. Un día se agrupan con los unitarios, otro con los federales. En este caso, a veces aparece articulando en favor de Axel Kicillof y otro por Máximo Kirchner”, confió un legislador que sigue de cerca los movimientos de quienes pretenden asomarse a la política nacional o provincial.

El actual intendente, Ferraresi, su antecesor, Baldomero Alvarez y los Othacehé, padre e hijo

Un ejemplo claro de la desconexión y hasta cierta pérdida de tiempo y espacio fue la foto que se sacó días atrás el intendente de Avellaneda y ya publicitado rival de La Cámpora, Jorge Ferraresi, con el antiguo jefe comunal de Merlo, Raúl Othacehe. “Es de locos!” exclamó uno de los aliados del exvicepresidente del Instituto Patria en su proyecto provincial, cuando al inicio se juntó con Fernando Gray, Facundo Moyano, Juan Zabaleta y había armado bloques propios en distritos que hoy conduce La Cámpora, como Quilmes y Lanús.

Sin embargo, algo está pasando detrás de la supuesta pelea súper estructural entre Máximo, Axel y Sergio Massa. Si bien las brujas no existen, pero que las hay, las hay. Sino, preguntarle a un importante intendente que invitó a uno de los tres y luego fue llamado por otro al cual, supuestamente, no le habla. 

Como MDZ había descripto oportunamente, esta triple alianza bonaerense se asemeja al juego de Piedra, Papel y Tijera, donde cada protagonista tiene una ventaja y perjuicio sobre el otro. Terminan anulándolos. Entonces, si Axel quiere ir en su carácter de gobernador a un lugar, avisa a uno de sus dos aliados obligatorios. Luego de esa consulta, termina yendo, y recibiendo el destrato como el que consiguió en Quilmes y Hurlingham la semana pasada, o, directamente, es invitado a declinar la participación.

Él, entonces, toma su propia decisión. O no le habilita lugares de poder a Massa, de ahí que Malena Galmarini tenga tiempo para realizarse su primer tatuaje o habilita a sus ministros a pegarle por debajo de la línea de flotación al hijo de los dos presidentes.

Igualmente, de los dos socios incómodos con los que tiene que tratar diariamente, Kicillof elige al excandidato presidencial de Unión por la Patria, quien por un giro especial, antes de finalizar su mandato, lo salvó de no poder pagar el aguinaldo de mediados de año. “No lo puedo decir públicamente”, le confesó a un testigo que lo vio salir de un encuentro con Massa en las oficinas que el creador del Frente Renovador tiene en la Avenida Libertador, en la zona de Recoleta.

"¿Sabés cómo termina esto?", inició su último monólogo un espectador de lujo de toda esta puja y reacomodamiento. "Seguro, los que más gritan e insultan terminan siendo el 'jamoncito' de la pelea y desaparecerán de cualquier lista. Y, los que no son de nadie, también, porque no los van a defender. En conclusión, vamos a hacer una unidad como siempre, viendo cómo los de arriba arreglan sin hacer nada para los de abajo". 

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