Una jugada audaz para lograr gobernabilidad que desorienta a toda la política
“No la vimos venir, nos durmió a todos”, admitía anoche un diputado dialoguista que tuvo choques con el oficialismo parlamentario. La sorpresa dominó a los azorados protagonistas de la política profesional luego de haber escuchado en los primeros cuarentena minutos a un Javier Milei auténtico, probablemente con el voltaje político que esperaban. Pero de repente el presidente decidió pegar un volantazo y cerró su discurso de inauguración del periodo de sesiones ordinarias con un llamado al diálogo que descolocó a diputados, senadores y, especialmente, a los gobernadores de Juntos por el Cambio.
El mensaje del líder libertario mostró inicialmente su faceta más agresiva con “la casta” con sus característicos epítetos, aunque a los pocos minutos sacó de la manga una estrategia pragmática y muy audaz. “Javier estuvo brillante y va a dejar sin argumentos a muchos que no quieren quedar pegados con el kirchnerismo”, reveló una alta fuente del PRO. La mirada inicial de los desconcertados dirigentes opositores, a excepción de los K, fue de enorme prudencia porque la irrupción de un Milei dispuesto a negociar alteró las reglas de juego y la relación de fuerzas que se habían establecido luego de semanas de confrontación.
Esa cautela que se extendió en casi todo el arco político también tiene una carga de desconfianza porque algunos lo perciben como “una encerrona” destinada a lograr la aprobación de sus iniciativas sin cambios. “Los puso entre la espada y la pared, se flexibilizó para poner en evidencia a quienes siempre juegan en contra”, sostiene con enorme optimismo un senador de La Libertad Avanza.
Evidentemente el presidente logró, en primera instancia, descomprimir el ruido político sobre todo con los gobernadores no peronistas. Los más desconcertados son Ignacio Torres, Martín Llaryora, Maxi Pullaro o Rogelio Frigerio, a pesar que la amplia mayoría va a participar de las negociaciones del Pacto de Mayo. Más allá de las valoraciones que hagan de la convocatoria al diálogo, no les queda otra que aceptar.
Con esa jugada brusca, Milei sigue adquiriendo una centralidad política impactante y, al mismo tiempo, le manda un mensaje también al establishment económico y a los mercados: deja la intransigencia y demuestra que quiere darle músculo a sus ambiciosas reformas. Se trata de música para los oídos del “círculo rojo”, ya que los principales interrogantes sobre la marcha del gobierno se centraban en los problemas de gobernabilidad que viene teniendo la administración de LLA.
Todo parece indicar que el jefe de Estado ha cambiado, aunque sea momentáneamente, el escenario de fricción. Lo posterga con esta movida que incluso puede llegar a dividir el frente opositor de los gobernadores con un correlato automático en el Senado y Diputados. Aprovecha también para profundizar la desorientación que reina en el mundo político, donde la mayoría de los partidos se encuentran sin conducción.
Además, conviene tener en cuenta que varias fuentes opositoras revelaban anoche en off the récord que la iniciativa presidencial podría ser una trampa donde los gobernadores invitados a la negociación terminen obligados a avalar por temor a ser desfinanciados. “Me suena más a extorsión que a una búsqueda de consensos”, explica un gobernador peronista. Comienza una nueva etapa con el presidente como protagonista y la oposición sin brújula. Por ahora un alivio. Sobre todo para Mauricio Macri.