Análisis: lo que dejó la primera crisis del Gobierno de Javier Milei
Luego de la derrota en el Congreso la capacidad y el estilo de gestión de Javier Milei quedaron en la mira de todos los análisis de esta semana. Está claro que los problemas no comenzaron ahora sino en el origen mismo del armado de su Gobierno, pero las consecuencias de la ausencia de gestión (para el presidente Milei y para su entorno más cercano los temas del día a día no parecen motivo de urgencia) y el impacto en la vida diaria comienzan a sentirse.
El fracaso en la sanción de ley ómnibus, más la imposibilidad de completar el elenco de Gobierno y la consecuente parálisis en muchas áreas del Estado, profundizaron las dudas de empresarios y público en general. Algunos hechos para analizar: Luis “Toto” Caputo, ministro de Economía, festeja haber logrado superávit fiscal financiero en enero. A ese logro se llegó en parte por no ejecutar partidas del Presupuesto 2023, que es el que rige actualmente por no haberse votado la ley para 2024.
El Gobierno parece no tener criterio de gestión y eso se traduce directamente en ajuste sin filtro ni análisis: lo bueno, lo malo, lo extremadamente útil, todo en la misma bolsa. Este ajuste aún no se ve en la actividad, pero la caída de diciembre y enero son solo indicios de lo que viene. En simultáneo siguen aumentando todos los costos centrales que alimentan la inflación (transporte es uno de los más fuertes). Mientras tanto, en materia de gasto solo se pagan sueldos.
Durante esta semana el Congreso fue caja de resonancia para todos estos interrogantes. De hecho hoy el propio Miguel Pichetto, que actuó como aliado de Javier Milei en la votación, reconoció públicamente que el gabinete de Carlos Menem, que también pasó por un proceso de reformas y privatizaciones, tuvo un contenido profesional y de formación muy superior al que ahora acompaña a Milei. Las formas del Gobierno y su entorno no permiten pensar distinto, no permiten autonomía y aportar criterios. Una anécdota pinta de cuerpo entero cómo el presidente maneja las relaciones humanas. Cuentan que escribió el prólogo de dos libros de un famoso abogado argentino especialista en impuestos y estructuras para manejar patrimonio. Antes de la segunda vuelta, ambos mantenían charlas de economía con pensamientos muy similares. Las diferencias en estas charlas fueron enfriando la relación hasta llegar Milei a negarle el saludo pos victoria electoral y al límite de bloquear de sus contactos al abogado. Esta anécdota influye en un Gabinete que aporta poco a la gestión, la estrategia y el debate de ideas.
El primer sector en sentir el impacto de la no gestión es la obra pública. MDZ publicó en el medio de la renuncia de Guillermo Ferraro una nota explicando que el ministro de Infraestructura no quería dejar el cargo. Pocos días después la oficina del presidente comunicó la renuncia de Ferraro por motivos personales, pero Ferraro sigue nombrado y con rango de ministro. Fuera de estas desprolijidades administrativas, cuentan algunos gobernadores que los interlocutores que aparecen en las distintas secretarias cambian de criterio semana a semana respecto a las obras que se paran y continúan.
El sector se encuentra paralizado y en camino de generar 300.000 despedidos. Empresarios como Roggio, Dragonenti o Weiss anticipan ya que la destrucción de valor será fenomenal entendiendo que no hay desarrollo sin infraestructura. Esos mismos empresarios observan con sorpresa la ausencia de Gerardo Martínez de la escena. Existen versiones que hacen pensar que el Gobierno logró "domarlo" por algún camino desconocido, pero lo cierto es que el sindicalista de la construcción aparece hoy silencioso frente a los despidos de afiliados a su gremio.
Cada día que pasa queda más en evidencia la ausencia de un grupo de control y de contención del presidente. Su círculo de confianza, ubicando allí a su hermana Karina y a Santiago Caputo, parecen incitarlo a multiplicar ataques y lanzar mensajes en sus redes sociales sin mayores reparos y sin controlar su imagen. El resto del gabinete no parece tener arte ni parte en este y otros temas. Hay historias parecidas en el pasado argentino y por eso preocupa. No es un dato menor, sobre todo cuando el Gobierno enfrenta una carrera contra el tiempo para demostrar que puede bajar la inflación y mostar a la gente un camino de crecimiento.
Una carrera contra el tiempo, resultado abierto.
Le guste o no al presidente la relación de la Casa Rosada con el resto de la política hoy no puede ser peor. Los puentes se rompieron tras la caída de la ley ómnibus (en parte producto de la inexperiencia legislativa) y las acusaciones de traición que le siguieron, inclusive contra algunos aliados. En esos términos Emilio Monzó y Nicolás Massot, por ejemplo, cayeron en la volteada, cuando en realidad solo habían rechazado dos incisos de un artículo del proyecto, pero habían apoyado casi todos los artículos en la votación en particular. "Estos son más autoritarios que los K", llegó a decir un diputado que trabajó para lograr acuerdos. "Nunca vi un gobierno tan metido en las redes y tan poco enfocado en la gestión", decía un gobernador.
Los gobernadores quedaron también impactados por las acusaciones del presidente. La primera reacción es lógica: casi todos los jefes provinciales van a alambrar sus provincias y aislarse de la Nación hasta que puedan. Esperan que febrero llegue con números a la baja en cuanto al apoyo de la opinión pública al jefe de Estado. En lo que va de diciembre y enero, Javier Milei perdió 10 puntos de imagen positiva y subió 6 de negativa. Es una variación total de 16 puntos que ya prende luces rojas en el gobierno.
Dentro del sistema político Milei es el actor que mejor mide pero con niveles ya muy bajos. La crisis ya pega en el bolsillo, aunque todavía falta más. Después de las vacaciones, lentamente las familias argentinas comienzan a volver a la normalidad y se acaba el viento de cola de diciembre de la economía que dejó Sergio Massa con "hipertiroidismo caliente" (en actividad y precios).
El repliegue de los gobernadores no es un movimiento inédito en Argentina: en el 2018 los caciques del PJ hicieron lo mismo cuando se rompieron todos los acuerdos que tenían con Mauricio Macri. Ahora la Casa Rosada los culpa e insulta y la reacción va a ser retraerse al poder provincial, explicándole a su gente, en un claro mensaje, que el ajuste tiene dos culpables: Javier Milei y "Toto" Caputo.
La última medida para dañar a los gobernadores -y por ende también los habitantes de sus provincias (los cuales son parte de los 46 millones de argentinos)- fue cancelar los subsidios al transporte. Falta muy poco para que todos los medios locales empiecen a explicar que la nueva tarifa que deben pagar en cada provincia tiene un culpable.
Javier Milei y su primera línea de gobierno creen que todos los gobernadores bajarán pronto a la Rosada a pedir auxilio ante la falta de fondos y la necesidad de pagar sueldos que algunos argumentan puede llegar en abril. No siempre se verificó esa necesidad y de hecho muchos gobernadores pagaron sueldos con aumentos y con recursos propios, por lo que habrá que estar atentos a esos movimientos.
La crisis económica, con la inflación que suma 45 puntos a febrero, la recesión que ya se siente y un Gobierno nacional que no gestiona ni resuelve problemas, golpea sin piedad todos los días. ¿Quién tendrá más aguante en esta carrera contra el tiempo donde la opinión pública y apoyo penden de un hilo?
Los diputados aparecieron hasta ahora en la vía rápida con la pelea en el primer frente y el impacto de los daños más directo. Allí la velocidad de los cruces, negociaciones y costos es casi insuperable.
En el Senado podría repetirse una imagen similar cuando llegue allí algún pedido presidencial, que no será la ahora archivada ley ómnibus. Los gobernadores por ahora se mueven a marcha más lenta. La carrera en ese sentido no es ganar en lo inmediato, sino aguantar en medio de la crisis económica y ante una eventual caída de imagen presidencial.



