¿Scioli por Francos?

Las especulaciones que genera la mala praxis del Gobierno libertario

Si bien el fracaso parlamentario parecía previsible, nadie esperaba semejante desenlace. Los dardos apuntan contra Guillermo Francos. Se anota Daniel Scioli. ¿Improvisación o la búsqueda de una épica?

Beto Valdez
Beto Valdez miércoles, 7 de febrero de 2024 · 07:00 hs
Las especulaciones que genera la mala praxis del Gobierno libertario
El fracaso era previsible por la mala praxis de los operadores de la administración de Javier Milei Foto: Crédito: Prensa Diputados

Las escenas del trágico sainete que se venían registrando en la Cámara de Diputados durante el tratamiento del proyecto de Ley de Bases culminaron en un previsible epílogo en la historia parlamentaria y mucho más en el inicio de un nuevo Gobierno que viene de arrasar en las urnas. Si bien el fracaso era previsible por la mala praxis de los operadores de la administración de Javier Milei y la atomización de los bloques de las otras fuerzas políticas, lo cierto es que se abren enormes interrogantes en torno al futuro de la audaz iniciativa del Poder Ejecutivo, la relación de fuerzas en el escenario político y el equilibrio dentro de La Libertad Avanza.

“Nunca me hubiera imaginado que iban a llegar sin cálculos previos y mucho menos que iban a suspender la sesión para devolver el proyecto a comisión”, confiesa un diputado del PRO que hizo mucho para impulsar la ley. En el bloque amarillo, alineados sin fisuras con Milei, no disimulaban su fastidio con el oficialismo porque consideraban que se trata de una “oportunidad pérdida con un alto costo en materia de gobernabilidad”. Saben que el revés también los afecta por su cercanía con las ideas libertarias. “Cada vez se hace más difícil ayudarlos”, agrega un macrista de paladar negro.

Uno de los enigmas que se venían analizando en el mundo aliado y opositor a LLA tiene que ver con la voluntad real de lograr la aprobación de la ley. La semana pasada, el diputado Nicolás Massot expresó que la Casa Rosada no deseaba la sanción del proyecto, sino mas bien construir una épica para gobernar. Esa sentencia pública resultó en ese momento un tanto exagerada. Pero en la intimidad no eran pocos los que pensaban lo mismo, sobre todo cuando el asesor Santiago Caputo, el impulsor de la intransigencia y la campaña permanente, insinuó que el oficialismo tenía intenciones de retirar el proyecto del Congreso.

“Evidentemente estos muchachos sienten la tentación de inmolarse para tener un relato que fidelice al 56%, como si fuera un bloque duro e inamovible”, explicaba anoche una fuente del radicalismo. De ahí los rumores que comenzaron a surgir respecto a un hipotético plebiscito para evitar las limitaciones del Poder Legislativo. Desde su cuenta en la red social X, el propio presidente jugó al limite para descargar su bronca contra “la casta” que abortó en el recinto el intento de aprobación en particular. 

Nadie sabe a ciencia cierta si lo que busca un transgresor como Milei es ganar por cansancio o ir por la construcción del relato como hiciera Cristina Fernández de Kirchner, ordenándole a Miguel Pichetto en 2008 que se votara en el Senado la polémica Revolución 125, sabiendo que se perdía por el voto de Julio Cobos. Al mismo tiempo, tampoco queda claro si los libertarios harán control de daños luego de la frustración parlamentaria. Las esquirlas han dejado muy golpeado al ministro del Interior, Guillermo Francos, y rozaron a Martín Menem.

En medios parlamentarios muchos especulan con que, dada la inédita situación política, Miguel Pichetto surge como un candidato natural para reemplazar al riojano en la presidencia de la Cámara de Diputados. Una desmesura, aunque en estos tiempos toda hipótesis parece posible. “Martín no tiene ninguna responsabilidad, su desempeño fue muy digno teniendo en cuenta que no tiene ninguna experiencia, navega sin luces”, sostienen en fuentes oficiales.

Scioli, Milei y Francos.

Todo parece indicar que la mayoría de los dardos apuntan contra Francos, quien arrancó con el pie izquierdo en la cartera política. En su debut le aseguraba a cada uno de sus interlocutores que iba a solucionar los problemas que le llevaban y hasta coincidía con ellos. Pueden dar fe los gobernadores de todos los signos políticos y hasta los Barones peronistas del Gran Buenos Aires. “Al final quedó en evidencia que está pintado y no tiene ninguna injerencia sobre el presidente”, aseguró con mal humor un mandatario.

Paradójicamente, al ministro del Interior le apareció un competidor con quilen tiene una larga amistad. Daniel Scioli, el flamante secretario de Turismo, viene comentando a sus muchos dirigentes del peronismo que “va por más, porque su espíritu deportivo lo obliga a no conformarse”. Se siente como la persona ideal para ordenar con “fe y esperanza” este contexto cargado de tensión y mucha incertidumbre.

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