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El PRO enfrenta su desafío más inquietante: no terminar como la UCeDe

La desorientación es la moneda común en el PRO frente a la pérdida de rumbo por el triunfo de Javier Milei. Mauricio Macri busca liderar el partido para evitar una fuga masiva hacia LLA.
La primera línea del PRO Foto: Prensa PRO
La primera línea del PRO Foto: Prensa PRO

“Estamos en el peor de los mundos, si a Javier le va mal nos arrastra a todos nosotros y si la llega a ir bien se queda con todo”, reflexiona con preocupación un histórico dirigente del PRO para describir el nivel de desorientación que se respira en las filas de ese espacio político. Aquellos que vienen de militar en los años 90’ temen que al partido amarillo le pase con La Libertad Avanza algo parecido a lo que le ocurrió a la Unión del Centro Democrático con el menenismo.

Existe en el espacio fundado por Mauricio Macri una generación de dirigentes que acompañaron la aventura de Álvaro Alsogaray y fueron protagonistas del proceso de cooptación del peronismo luego de la síntesis con la UCeDe que impulsó Carlos Menem desde su llegada al poder en 1989. La mayoría de ellos abandonó la construcción liberal más exitosa hasta ese momento para pasarse al PJ porque el riojano les sacó las banderas. Incluso, fueron fundadores de UPAU, el brazo universitario de los Alsogaray. 

El desconcierto es tan grande en las filas del espacio amarillo que algunos voceros admiten en privado que “estamos de remate, casi todos quieren cerrar con Javier Milei en sus distritos pensando en las elecciones legislativas del año próximo y bastantes se mueren por un cargo”. Apuntan fuerte contra Diego Santilli, María Eugenia Vidal y Hernán Lombardi. El caso del exvicejefe de Gobierno porteño resulta paradigmático ya que intentó, hasta ahora, sin éxito desembarcar en el Poder Ejecutivo y al mismo tiempo presume antes sus interlocutores de ser el candidato a ideal de LLA para la provincia de Buenos Aires en el 2027. Hasta circuló el rumor de ser el reemplazo de Guillermo Francos en el Ministerio del Interior.

Consciente de esta situación, Mauricio Macri tiene decidido salir a rescatar a su partido y evitar una desintegración al calor del Huracán Milei. Además de anotarse para reemplazar a Patricia Bullrich como presidente de ese espacio político, intenta ordenar a la tropa que aparece dispersa y confundida. No sólo pondrá a prueba su liderazgo interno, sino que además especula con una actualización del Pacto de Acasusso frente a los serios problemas políticos que está exhibiendo la administración libertaria.

Mauricio está esperando un llamado de Javier para institucionalizar un acuerdo de coalición para que la negociación pase por él y abortar la movida de los cuentapropistas”, revela una fuente con llegada al ingeniero. Si bien la relación entre ambos no pasa por el mejor momento porque el jefe de Estado no tuvo en cuenta ninguna de sus recomendaciones, siguen en contacto y Macri decidió apostar muy fuerte la semana para colaborar en la aprobación en general del proyecto de Ley de Bases en la Cámara de Diputados.

Alineó junto a Cristian Ritondo a todo el bloque incluyendo a los diputados que venían respondiendo a Horacio Rodríguez Larreta, como Silvia Lospenatto, María Eugenia Vidal y Álvaro González. La dinámica política es de tal magnitud que el exjefe de Gobierno también perdió la brújula y uno de sus colaboradores admite que no piensa “mover un dedo” para evitar que Macri sea presidente del PRO. Incluso, agregan que, frente al nuevo escenario, no tendría inconveniente en aceptar un cargo en el Gobierno de LLA si es que el presidente se lo llegara a ofrecer ¿Habrá Tabula Rasa entre ellos?, ¿Preferirá construir con sus amigos radicales Martín Lousteau y Gerardo Morales? Misterio.

Volviendo al objetivo macrista de intentar un acuerdo de gobernabilidad con el presidente, todo parece indicar que el interés mayor es del fundador del PRO y en la Casa Rosada no lo ven como algo prioritario por el momento. “Para que vamos a buscar un pacto de cúpulas si tenemos a la mayoría de los jugadores con el pase en su poder, vienen gratis”, explica una fuente libertaria. En el oficialismo le encontraron la vuelta a cooptar dirigentes y técnicos del espacio amarillo sin necesidad de negociar con su jefe. El mejor ejemplo lo dio Patricia Bullrich quien en diciembre arregló su regreso al Ministerio de Seguridad sin el visto bueno del ingeniero. Cuestión que generó un enfriamiento en la relación entre ambos.

Además, Macri cuando logre hacerse cargo de la conducción partidaria deberá convivir y consensuar con los gobernadores propios: su primo Jorge, Rogelio Frigerio y el chubutense Nacho Torres. También intentarán no ser ignorados los intendentes bonaerenses con mayor peso electoral. Ahí pican en punta Diego Valenzuela (Tres de Febrero), Ramón Lanús (San Isidro), Soledad Martínez (Vicente López). El primero tiene una vieja relación personal con Milei de sus tiempos de estudiantes en la Universidad de Belgrano y, según trasciende, tiene intenciones de presidir el PRO de la provincia de Buenos Aires.

En estas condiciones muchos temen que el espacio político que fundara el expresidente se quede sin su representatividad en el electorado frente a la disyuntiva actual que impone como relato la Casa Rosada: Milei o el regreso del kirchnerismo. En los últimos sondeos el voto no peronista aparece más inclinado a respaldar a los libertarios, los amarillos van perdiendo identidad frente al fuerte protagaonismo presidencial en la instalación de la épica contra los K. Evidentemente LLA se ha apoderado definitivamente de la bandera del cambio, propiedad de Macri desde 2015.