De Javier Milei a Cristina: Ariel Tarico cuenta las reacciones y los secretos más insólitos de sus imitaciones
El humorista y locutor visitó los estudios de MDZ para repasar su trayectoria, desde sus inicios como dibujante en Santa Fe hasta el fenómeno de sus personajes en la radio y la televisión actual.
Referente indiscutido del humor político actual, Ariel Tarico visitó los estudios de MDZ para desglosar la construcción de sus personajes más icónicos, desde el fenómeno de Javier Milei hasta la vigencia de Mauricio Macri. Entre anécdotas de pasillo y reflexiones sobre la grieta, el humorista defiende la imitación como una herramienta crítica y adelanta su nueva faceta actoral lejos de las máscaras habituales.
Mirá la entrevista completa a Ariel Tarico en MDZ
—Un gustazo, muchas gracias por la invitación.
—Me interesa saber cómo nace este talento en vos y cómo lo fuiste mostrando.
—Mirá, empecé como dibujante. Me gustaba mucho copiar los dibujos que salían en los diarios y revistas a fines de los 80. En mi casa se consumía mucho humor gráfico; mi viejo me regaló el libro de Fontanarrosa y empecé copiando esas caricaturas. Mandaba mis trabajos por correo a las redacciones de la Revista Humor para ver si me aceptaban. Era un diálogo interesante: yo era un adolescente y ellos eran unos capos diciéndome que no, que tenía que seguir estudiando. Fue una linda época de grandes maestros.
—¿Y cómo saltaste de los dibujos a las voces?
—Como en mi casa se escuchaba mucho LT10 (Radio de la Universidad Nacional del Litoral), empecé a copiar las voces de los personajes de ahí. Me salió la voz de un periodista y quise mostrarlo, pero como yo era un chico en pantalones cortos, los productores no me tenían fe. Así que llamé por teléfono haciéndome pasar por ese periodista, se creyeron la joda y a partir de ahí me hicieron participar.
—¿Cuál fue tu primer personaje conocido?
—El primero fue Kiko, de El Chavo del Ocho, para una obra escolar a los 10 años. Pero en la radio, el primero fue el periodista santafesino Rogelio Alanís. Tenía una voz nasal que, por teléfono, le daba mucha credibilidad. Ya en Buenos Aires, a principios de 2003 con Héctor Larrea y Néstor Ibarra, los primeros que tuvieron repercusión fueron Néstor Kirchner y Aníbal Fernández.
La construcción del personaje: más allá de la garganta
—¿Cómo es el proceso de construir una imitación? No es solo la voz, hay una impronta.
—Eso te lo da la radio, porque te obliga a actuar y responder frente a lo que tira un periodista. Tenés que meterte en la cabeza, no solo en la garganta del personaje. He tenido la suerte de contar con grandes guionistas como David Rosenberg, Jorge Marchetti o Ezequiel Meza. Logramos una comunión diaria: conversamos sobre la actualidad y de ahí salen los libretos para TN o la radio.
"La caricatura es una especie de crítica o de síntesis. No es hacer un editorial, pero sí es una mirada sobre lo que está pasando".
—¿Algún personaje te resultó particularmente difícil?
—Varios. Por ejemplo, Marcelo Tinelli no me sale bien porque tiene un tono gritado difícil de capturar. En Santa Fe me costaba mucho el "Lole" Reutemann. Era muy hermético, ensimismado, hablaba poco. Me fascinaba ver lo gestual, sus manos grandes... tardé mucho en sacarlo.
El cruce entre la realidad y la ficción
—¿Cómo reaccionan los políticos cuando se ven parodiados?
—Es diferente con cada uno. Facundo Manes me dijo que al principio le costaba aceptarlo, pero después le gustó. Con Lilita Carrió tuvimos un cruce en vivo en TN que fue fascinante; ella le empezó a hablar en serio a mi imitación de Milei, dándole consejos como si fuera el presidente real. Fue un momento de improvisación teatral muy loco.
—¿Sentís que se ha perdido el humor en la política argentina?
—Sí, creo que el fanatismo impide reírse. Hoy se sigue más a la figura que a las ideas, y para el fanático es difícil aceptar el humor. Se ha perdido la convivencia democrática que quizás vimos en la Convención del 94. El humor siempre ha estado para ablandar esas tensiones.
El presente: teatro y Cine
—Estás con una obra de teatro junto a David Rotemberg, ¿de qué se trata?
—Estamos los sábados en el Politeama con "Llegamos tarde". La idea es imaginarnos el futuro, 20 años después, y ver cómo vamos a estar nosotros y el país. Tiene mucho de música y vivencias personales. La gente tiene muchas ganas de hacer catarsis; cuando escuchamos la primera carcajada, sentimos que es algo sanador.
—¿Y qué hay de tu faceta como actor de cine?
—Hace poco me llamaron para una película de José Cicala para hacer un personaje serio, que no tiene nada que ver con lo que hago habitualmente. Me interesa mucho ser versátil y construir personajes que no estén basados 100% en alguien real. Estoy muy atento a seguir desarrollando esa faceta.
Ping-Pong de personajes
Durante la entrevista, Ariel Tarico demostró su versatilidad con breves intervenciones:
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Milei: Elogiando inesperadamente la oratoria de Cristina Kirchner.
Nelson Castro: Imaginando un show orquestal con Tini y Emilia Mernes.
Mauricio Macri: Analizando la "alternativa liberal sin insultos".
Cristina Kirchner: Con su clásico tono, bromeando sobre el uso de inteligencia artificial.
—Ariel, muchísimas gracias por este rato y por seguir haciendo reír a la gente.
—Gracias a vos, Juan. Un gusto.

