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Piera Fernández, presidenta de la FUA: "El futuro de la Argentina se construye en las Aulas"

La presidenta de la Federación Universitaria Argentina coincidió en la necesidad de una "mayor transparencia" en las universidades, pero advirtió sobre los riesgos del avasallamiento a su autonomía.
Piera Fernández, presidenta de la Federación Universitaria Argentina (FUA), en la redacción de MDZ. Foto: Analía Melnik/MDZ
Piera Fernández, presidenta de la Federación Universitaria Argentina (FUA), en la redacción de MDZ. Foto: Analía Melnik/MDZ

El primer año de Javier Milei en la presidencia estuvo marcado por los conflictos. Con el Congreso, con los sindicatos, con las organizaciones sociales, pero donde más resistencia enfrentó fue en las universidades, quienes llevaron adelante en abril una de las mayores movilizaciones de los últimos años en reclamo por la actualización presupuestaria de las facultades.

Una de las caras de esa lucha fue Piera Fernández, licenciada en Ciencia Política de la Universidad Nacional de Río Cuarto y presidenta de la Federación Universitaria Argentina, entidad que nuclea a todos los centros de estudiantes de universidades públicas del país.

En diálogo con MDZ, la dirigente de la Franja Morada destacó los logros del movimiento educativo y enfatizó que "Milei no sabía la fuerza que tenían los estudiantes y las universidades públicas para defenderse". Además, Fernández coincidió con que las universidades, al igual que todas las instituciones del Estado, "tienen que ser más transparentes", pero apuntó contra "la campaña de desprestigio brutal que montó el Gobierno" contra las casas de estudio y advirtió sobre los riesgos que implicaría que "una auditoría tenga un direccionamiento político marcado por un interés particular".

-Después de un año donde el conflicto universitario fue protagonista, ¿qué reclamos se escucharon después de todas las movilizaciones y discusiones que se dieron al respecto y cuáles no?
-Hacemos un balance positivo en un contexto donde la universidad pública sufrió uno de los mayores ataques en 40 años de democracia. La movilización del 23 de abril nos permitió lograr un incremento en los gastos de funcionamiento sin el cual las universidades no hubiesen ni siquiera podido pagar las tarifas a inicios de año, logramos el incremento de las becas de los estudiantes y que el Gobierno reconozca que los salarios de los docentes y no docentes estaban retrasados respecto al resto de todos los trabajadores estatales. Está lejísimos de ser suficiente, pero somos muy conscientes de que la estrategia de luchar juntos como sistema universitario da sus frutos. Milei no sabía la fuerza que tenían los estudiantes y las universidades públicas para defenderse, entendiendo que estamos defendiendo el proyecto de futuro, no solo de quienes hoy transitan las aulas de las universidades, sino como país.

-El reclamo universitario demostró tener una transversalidad en los sectores sociales pero también en los políticos. ¿Es una oportunidad para entablar puentes entre grupos que antes podían ser antagonistas y plantear una oposición más sólida al Gobierno?
-Vamos a ver qué pasa con eso en el 2025. En el marco de la dirigencia política no sé cuántos puentes efectivamente se construyeron. Sí se establecieron diálogos que son profundamente necesarios en el Congreso de la Nación, donde también las decepciones fueron transversales. Tuvimos diputados del peronismo, del radicalismo y de los gobernadores que se dieron vuelta o que cambiaron su opinión repentinamente a la hora de rectificar la Ley de financiamiento universitario ante el veto. Han sido mucho más poderosos los puentes de diálogo en las organizaciones estudiantiles y en la militancia política.

-¿Eso no puede ocurrir en el Congreso?
-Es indispensable que existan esos diálogos interpartidarios para generar un control desde el Congreso, que tiene que cumplir con su rol de equilibrar los poderes y aprobar el Presupuesto. No podemos dejar librado al gobierno de turno qué es lo que pasa con los recursos de todos los argentinos. Tienen la obligación de definir cuáles tienen que ser las prioridades para el Estado y en eso es fundamental una construcción con miradas plurales a partir del mantenimiento también de la identidad. Ojalá que haya más claridad en las ofertas electorales, porque lo que no queremos es encontrarnos con personas que votamos defendiendo una bandera y que se olvidan de esos principios cuando llegan al Congreso de la Nación.

-¿Qué tanto lugar para la renovación dan los partidos tradicionales y qué lugar puede ocupar ahí la política universitaria? 
-Estamos en un proceso con mucha expectativa. Ha habido una alerta en los partidos políticos tradicionales y hay muchos dirigentes que están prestando atención a las figuras que el sistema universitario está dando para generar una oferta electoral para el año próximo. Vamos a terminar de saber cuán genuina es esa mirada de abrir espacios para nuevas generaciones cuando se terminen de armar las listas del año próximo. Es un escenario electoral muy complejo, porque es la primera vez que se va a validar la gestión de Gobierno con un cierre de año donde hay una valoración general positiva de la sociedad, sobre todo en lo económico, y eso está también descolocando y rearticulando a los partidos políticos tradicionales. Hay una oportunidad interesante que espero que todos los partidos de la Argentina no desperdiciemos.

-Desde la campaña del año pasado que se dice que la juventud de hoy es libertaria, ¿cómo se ve eso desde la militancia universitaria?
-Yo no creo que las juventudes sean libertarias, lo que creo es que las juventudes venimos de un proceso de mucha frustración con la política y el proyecto político libertario supo canalizar ese descontento y hablarle a un segmento de la población que el resto de la política ni siquiera miraba. Una pequeña aclaración, en mi ciudad, Río Cuarto, Milei ganó el balotaje con el 75% de los votos. A este presidente lo votaron distintas generaciones, territorios, clases sociales y edades. Sí, hay algo ahí particular de los jóvenes que todavía el resto de los partidos políticos tradicionales no logra resolver, que es cómo volver a establecer diálogo y entusiasmar con un proyecto de futuro que genere expectativas y esperanzas genuinas. Sí lo hizo la universidad, pero no a partir de ningún partido político ni de ninguna figura en particular, sino a partir de entender como generación que el futuro de Argentina se construye en las aulas.

-En los claustros universitarios hemos visto a lo largo del año algunos episodios de violencia o de conflicto entre agrupaciones libertarias y de otros espacios. ¿Es posible la convivencia o el discurso del Gobierno contra las universidades genera tensiones difíciles de solventar?
-La convivencia pacífica es absolutamente posible. Por ahí no es lo que sale en los medios, pero sucede en la cotidianeidad. Han aparecido agrupaciones libertarias en las universidades, han competido electoralmente en muchas elecciones universitarias, están participando de los congresos y de las distintas federaciones. Lo que no está habilitado es romper las reglas democráticas hacia el interior de la universidad, como sucedió en el caso de Quilmes o en la Facultad de Psicología de Córdoba, donde hubo personas ajenas a la institución que ingresaron con gas pimienta a una asamblea, habiendo enviado antes mensajes amenazantes. Ahí no hay una vocación democrática de participar. Todas las organizaciones estudiantiles de la Universidad tenemos la responsabilidad de cuidar esos consensos básicos pacíficos que tenemos hace muchos años y aceptar la participación de todos.

-Una discusión que se dio últimamente giró alrededor de la decisión del Gobierno de impulsar auditorías en las universidades públicas por parte de la Sindicatura General de la Nación (SIGEN). Esto fue rechazado por las universidades, ¿por qué?
-Todo el sistema universitario público ha manifestado reiteradas veces estar completamente a favor de las auditorías. Las universidades públicas tienen la obligación de ser instituciones sumamente transparentes, como todas las instituciones públicas del Estado.  El debate en torno a la SIGEN tiene que ver con la discusión sobre el principio de la autonomía universitaria, que prevé que sin importar cuál es el gobierno de turno, el funcionamiento académico o científico y las definiciones institucionales de la Universidad se definen a partir de los intereses de la propia institución. Eso ha sido una defensa que hemos tenido que tener durante todos los gobiernos, porque muchos han intentado avasallar la autonomía para direccionar qué se investiga o qué se financia. Defender la autonomía universitaria es una cuestión que no depende de si hoy nos gobierna Milei, Cristina o Macri, es una cosa que hay que hacer independientemente de quién esté en el gobierno de turno.

-¿Por qué las auditorías de la SIGEN irían en contra de esa autonomía?
-El organismo competente para auditar a las universidades es la Auditoría General de la Nación, cuyos funcionarios son nombrados por el Congreso de la Nación y tiene independencia del Poder Ejecutivo. Yo creo que no hay temor de que la SIGEN pueda tener algún juicio particular, porque de hecho muchas universidades han firmado convenios en el marco de su propia autonomía para que la SIGEN los audite. Ahora el riesgo siempre está presente. Una auditoría que tenga un direccionamiento político marcado por un interés particular puede afectar mucho sobre las decisiones que las instituciones van a tomar. Y nosotros no podemos condicionar, por ejemplo, que solamente se haga ciencia para lo que al partido político de turno se le ocurre. Lo que se está defendiendo es justamente la libertad para poder investigar, estudiar, generar tecnología, sin que eso dependa de un interés de un gobierno o del direccionamiento de una empresa privada, sino en servicio del desarrollo de la nación.  

-El Gobierno había puesto el foco en el manejo de los fondos de las áreas administrativas, ¿eso no podría registrarse sin que represente un avasallamiento a la autonomía universitaria?
-Hay un consenso que se generó a partir de este año de que hay que auditar más y ser más transparentes. Si tiene que ver con los procesos de compra y de contrataciones, en eso no tiene que haber ningún tipo de resquemor ni de inseguridad. Tampoco le podemos generar a la sociedad argentina la sensación de que las universidades son un curro como quiso instalar el gobierno. No puede ser que pasen años sin que se haga una auditoría.  Lo que sí cuestionamos fuertemente es la estrategia que montó el Gobierno de generar una campaña de desprestigio brutal sobre las universidades, que sobre todo estuvo su epicentro en auditorías, pero también lo hicieron tratando a los docentes de adoctrinadores, a los estudiantes de fantasmas, y después de ricos financiados por los pobres.  Esta campaña montó un manto de sospecha sobre una de las instituciones públicas que la propia Jefatura de Gabinete de la Nación reconoce como la más transparente del Estado. Hay que avanzar hacia un proceso más transparente, pero no a costa del prestigio del sistema universitario.

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