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Los radicales, entre rupturas definitivas y gobernadores cuentapropistas

"Son unos mendigos del poder. Lo fueron con Néstor, se pelearon con Macri tras juntarse en Cambiemos y ahora se someten a Milei", se queja un diputado que participa del bloque "grande" de la UCR.
Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

El diputado radical llega tarde al café. Lo demoran en cada pasillo para explicar no sólo por qué se volvió a fracturar el bloque legislativo sino para que informe si tiene alguna idea del futuro perfil que adoptarán personalidades tan diferentes pero que todas se sienten parte y protagonistas de la UCR.

Rodrigo De Loredo quedó como presidente del bloque mayoritario, aunque sin contar con el respeto de la mayoría. Extraño. Está porque ni Julio Cobos ni otros más experimentados y menos expuestos ante la opinión pública quisieron cubrir ese rol. Para peor, inventó una ingeniosa frase: los “oficialistas del cambio”, justo el mismo día que Javier Milei acusó a Raúl Alfonsín, el padre del radicalismo moderno, de haber participado junto con Eduardo Duhalde de un golpe institucional que derrocó a Fernando De la Rúa.

El otro conjunto de diputados está presidido por el recientemente asumido Pablo Juliano. Toda una extrañeza para una cámara acostumbrada en que los más históricos conduzcan. “Está acorde con los nuevos tiempos”, se ríen quienes lo designaron. Juliano es un referente juvenil, que ya abandonó ese rol por una cuestión de edad, conocido en toda la provincia de Buenos Aires y quedó al lado de Facundo Manes en la pelea que tuvieron, en 2023, con Maximiliano Abad, el senador que ese año optó por llevar al radicalismo oficial en la lista de Patricia Bullrich.

“Desde Alvear e Yrigoyen hasta Balbín con Frondizi, nuestras rupturas son históricas”, reconoce Gastón Manes, presidente de la Convención partidaria que se muestra imposibilitado de convocar a una reunión a los cinco gobernadores y casi una docena de referentes de primera línea que tiene hoy el centenario partido.

A priori, la razón lo asiste. Maximiliano Pullaro, Leandro Zdero, Alfredo Cornejo, Gustavo Valdés y Carlos Sadir, gobernadores de Santa Fe, Chaco, Mendoza, Corrientes y Jujuy respectivamente, cada uno tiene una razón para mantenerse alejado de una solución conjunta para el partido. "Desde el kirchnerismo con la Concertación Plural, pasando por Cambiemos a los radicales con Peluca, parecen un grupo de limosneros", se quejó un reconocido legislador nacional que prefirió, por supuesto, el anonimato. Su teléfono es una constante fuente de consulta. Casi sin querer, se quejó que sea justo el ahora gobernador mendocino quien más defiende a Milei. "Lo hace con la misma pasión que lo hacía con Néstor", recuerda.

Con diferentes posturas, en los extremos del gobierno de Javier Milei pueden ubicarse Pullaro y Sadir. Más al centro, Zdero y Valdés mientras que Cornejo, al igual que su excompetidor interno, Luis Petri, abrazan las ideas del anarco liberalismo que, al venir de la UCR, son bautizados como “radicales con peluca”. Todo está roto, al extremo que se desconocen pactos preexistentes, como en Corrientes, donde mientras se editaba esta nota se intervenía el Comité provincial por las irreconciliables diferencias que tienen Valdes y su antecesor, Ricardo Colombi.

Valdés, beneficiado con la forma en que se intervino el Comité

Ese es el radicalismo. A diferencia de las experiencias partidarias absolutamente personalistas, entre las cuáles, en el último ciclo político se enumeran menemistas, kirchneristas, macristas y mileístas, la UCR es distinta. Los candidatos los define el partido, al igual que las propuestas programáticas, esas que casi siempre terminan sin salir del cajón del escritorio.

Juliano, el flamante presidente del bloque Democracia por Siempre, recibe a sus interlocutores en la oficina que le corresponde al correntino Manuel Aguirre, por lo cual, los que trabajan por esa zona del Palacio vienen de esa provincia. Y, ante la consulta de la interna, a todos les queda claro que quien conduce no es quien gobierna.

Para el flamante presidente de bancada, “lo que pasó en el partido es un blanqueo de lo que cada uno piensa y pretende sobre el futuro”. Efectivamente, es muy grande la distancia que separa el legado de Raúl Alfonsín con las ideas de la Libertad que abrazan varios de sus correligionarios.

“El bloque venía votando de manera diferente desde el DNU 70 para acá en todos los proyectos que envió el gobierno y con los vetos. Todos conocíamos nuestras posturas y fingíamos demencia con tal de no hacer este papelón”, se sinceró uno que quedó con amigos de los dos lados pero que sabe que, en lo personal, tendrá que dedicarle mucho tiempo para recomponer históricas amistades. 

La tensionante interna radical bonaerense fue, sin ninguna duda, el detonante de la ruptura. Si el resultado hubiera sido el que todos suponían, seguramente a los aliados Facundo Manes y Martín Lousteau no les hubiera dado la energía para semejante decisión. Máxime cuando, como dice alguien que convive casi a diario en ese planeta, “los dos tienen un ego que se chocan cuando están en un mismo espacio”.

Maximiliano Abad es el otro responsable que aún no habló sobre estos corto circuitos. Como si todo fuese natural, el marplatense es un criterioso amigo de los tiempos. Sin embargo, nadie sabe bien por qué permitió que la interna se disparara un mes antes del cierre de listas y no haya querido hacer más esfuerzos por un acuerdo final.

La legislatura bonaerense dividida también es otro ejemplo de este debate no zanjado que excede el tema de las ideas sobre Mauricio Macri o Javier Milei y cómo se planta el radicalismo. La definición sobre el resultado final también es algo que sigue en suspenso, a pesar que la junta electoral partidaria ya haya dicho que ganó Miguel Fernández.

A pesar de que no gobierna la Provincia desde 1987, el radicalismo bonaerense es el más activo y con peso electoral del país. Su crisis, indudablemente, repercute en el interior de todo el partido.

El permanecer casi callado en todos estos debates, aunque en todas las votaciones del Senado Abad actuó con el criterio que exponen los ahora rupturistas, se debe a que si pretende volver a ser poder y conquistar la gobernación, es obligatorio tejer una alianza con el PRO y los libertarios, lo que parece un insulto para los que no quieren seguir presos de estrategias ajenas.