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Javier Milei defrauda a sus propios dirigentes y se abraza a la estructura prestada en Buenos Aires

La Libertad Avanza ha decepcionado a quienes hace poco más de un año abrazaron la aparición de Javier Milei como un "disruptivo" que se iba a llevar puestos a los partidos tradicionales y los fracasos que estos tuvieron gobierno tras gobierno. Ahora sólo se basa en su figura, sin presencia local.
Javier Milei ha ido perdiendo espacio en Buenos Aires y suma su apoyo a candidatos ya puestos Foto: Telam
Javier Milei ha ido perdiendo espacio en Buenos Aires y suma su apoyo a candidatos ya puestos Foto: Telam

“No tengo nada que contestarle a Milei. No sé por qué lo dijo”, le expresó a MDZ Patricia Bullrich en una de las pocas respuestas que dio sobre el debate abierto por el líder anarco libertario que está denunciando que los dirigentes cercanos a la precandidata presidencial le realizan escraches y operan denuncias en su contra.

Lo que no quiere expresar u oculta Javier Milei es que fue su construcción política, más anárquica que liberal, la que constituyó su propio camino al desprestigio, por cuanto siempre se supo, que los que primero se “colgaron” de su estela triunfal eran viejos amigos y conocidos del peronismo bonaerense, e inclusive los intendentes de Juntos por el Cambio -de raigambre PRO- hablaron en más de una oportunidad con él o con sus operadores Ramiro Marra y Carlos Kikuchi para coordinar la presencia territorial de su boleta a través de candidatos afines.

Esto no es nuevo, y siempre pasó. Que ahora Sergio Massa esté en el ojo de la tormenta y los intendentes de Unión por la Patria no hayan sabido disimular sus presiones para que los futuros concejales sean amigos personales, o conocidos a los cuales después hablarles para que los acompañen, es producto de que la descomposición de todos los sistemas ha llegado a su lugar más bajo, aunque nadie sepa si será el final.

Francisco De Narváez fue el primero que vio esta posibilidad a través de su cercanía con el peronismo, al cual ingresó con plata. Su quinto lugar en la lista de diputados nacionales bonaerenses de 2005 no fue fruto de su militancia política. Y su deseo de armar el mausoleo de Juan Domingo Perón como ejemplo de su desprendimiento, tampoco.

En 2009, cuando ya había hecho sus primeros pasos en la “rosca política”, muchos dirigentes peronistas sin posibilidades de ubicarse dentro del esquema kirchnerista fueron a su auxilio. Intendentes como Jesús Cariglino, Raúl Othacehe y el propio Sergio Massa lo ayudaron a engendrar una estructura que llevó a varios de los “apadrinados” peronistas en los primeros lugares de sus listas legislativas.

Antes, tanto Luis Patti como Aldo Rico, nutrieron sus filas de peronistas viejos soñadores de los gobiernos de facto. En definitiva, representaban otra rama del menemismo enojado con Carlos Menem.

Massa quedó sobre expuesto por ser el responsable de casi todo en el oficialismo.

Javier Milei no hace más que eso, pero los armadores elegidos (no solo Marra o Kikuchi), sino el sistema de decisión que adopta el economista candidato presidencial junto con su hermana Karina, careció de los que sus antecesores disponían. Discreción y oportunidad.

El discurso de La Libertad Avanza no pega con el peronismo. Parece ser la antítesis. Al ser así, su principal damnificado era, claro está, Juntos por el Cambio, que lo hizo crecer por sus feroces internas que nadie sabe si terminarán luego de las PASO o tras esa elección se profundizarán.

Rápidos y experimentados, el peronismo en bloque, aunque nunca tuvo un único vocero en la negociación con los anarcos libertarios, pusieron logística, dinero para locales y militancia de Javier Milei quien, a su vez, había empezado a armar su propio colectivo político con gente que realmente creía en su vocación. En este caso, como casi siempre, billetera mató a galán.

Por eso es que ahora el candidato presidencial no sólo deba cuidarse de los escraches. También tendrá que evitar ingresar en la feroz pelea de los distritos o lo que sucede a nivel bonaerense, en el que nunca pudo tener una representación que haga juego con su prédica y en muchos casos, la mayoría, terminó siendo un “cambalache” donde la Biblia estaba al lado del calefón.

Quien lo advirtió claramente fue Joaquín de la Torre, el senador provincial que estuvo a punto de ser su candidato a gobernador, vice o primer diputado nacional. Le ofrecieron de todo. “No sé si me lo piden para que lo ordene o para matarme”, se sinceró una vez. Finalmente, trabajó para ser el gobernador de Patricia Bullrich, quien también lo relegó en favor de Néstor Grindetti.

En Tres de Febrero la leyenda es Milei-Valenzuela.

Quien también vio olor a rancio, para no expresar podredumbre, fue Guillermo Britos, el intendente de Chivilcoy que vio algo que no le gustó y declinó también de participar ahí. Hoy, varios municipios de la zona norte aparecen con banners y despliegues publicitarios en los que los candidatos de Juntos por el Cambio son apoyados por los referentes iniciales de Javier Milei en sus distritos.

En la Primera Sección electoral, por ejemplo, el intendente Diego Valenzuela recibe el apoyo de libertarios marginados de las boletas y no discute por qué lo apoyan. Lucas Delfino, en Hurlingham, tampoco. Su caso es más particular, porque juega una interna en favor de Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli. Miguel Ughetto, un vecino que dice apoyar a Javier Milei, también sostiene que en esa localidad no hay que votar a su candidato, el juez de faltas municipal Rafael Di Francesco, a nivel municipal.

Em Hurlingham la consigna es Delfino, Milei y Santilli.