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La ola nacional contra el peronismo puede penetrar en el Conurbano bonaerense

La debacle electoral en Santa Fe, la mala performance en Córdoba y la derrota en San Juan pronostican una ola nacional contra el peronismo en todas sus variantes. Esta tendencia electoral pone en alerta al ofícialismo bonaerense. Terror a una pérdida de competitividad en el Gran Buenos Aires.
La mayor parte de la dirigencia peronista percibe una ola nacional en las urnas que parece irreversible Foto: Archivo MDZ
La mayor parte de la dirigencia peronista percibe una ola nacional en las urnas que parece irreversible Foto: Archivo MDZ

A excepción del tucumano Juan Manzur y el cacique formoseño Gildo Insfrán, que tienen todo bajo control en sus territorios, la mayor parte de la dirigencia peronista percibe una ola nacional en las urnas que parece irreversible. La deblacle del PJ en Santa Fe confirma las derrotas en San Luis, San Juan y Chaco. Incluso los que ganaron, como el pampeano Sergio Ziliotto y hasta Martín Llaryora, no lo lograron con la holgura que esperaban. 

Pese a la falta de precisión que están volviendo a mostrar las encuestas, estas malas noticias para los aliados del oficialismo empiezan a alertar al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y a los Barones del conurbano. Todo parece indicar que en los feudos más tradicionales del PJ nadie asegura que puedan sacar una diferencia holgada que compense los malos presagios para el interior bonaerense y en las provincias del centro de país. Los estrategas electorales de Unión por la Patria ya han asumido que les va a ir muy mal en Córdoba, Santa Fe, Mendoza y CABA.

“Estamos con la sanata de militar las listas de abajo hacia arriba, pero las fórmulas presidenciales son una plomada y miden mucho menos que nosotros”, comenta a MDZ, un operador histórico de los intendentes peronistas. Incluso, no descartan implementar un delivery para asegurarse el triunfo a nivel municipal. Algunos jefes comunales están más tranquilos porque tienen un electorado muy fidelizado como Federico Achaval en Pilar, Mariano Cascallares en Almirante Brown, Gustavo Menéndez en Merlo o los Andreotti en San Fernando. 

Quienes lucen más incómodos y con serios inconvenientes son Julio Zamora en Tigre, la familia Descalzo en Ituzaingó, Lucas Gui en Morón, el pollo de Gabriel Katopodis, Fernando Moreira en San Martín y la camporista Mayra Mendoza en Quilmes. Evidentemente, los alcaldes que ven peligrar su continuidad en los municipios pertenecen en su mayoría a la Primera Sección Electoral, donde Juntos por el Cambio tiene serias chances de imponerse a nivel nacional en las PASO y también en las elecciones generales del 22 de octubre. 

Un caso muy especial se registra en el populoso municipio de La Matanza, donde Fernando Espinoza tiene un test más complicado en la primaria porque debe enfrentar a la esposa del jefe del Movimiento Evita, Emilio Persico. La diputada provincial Patricia Cubría intenta desafiar al cuestionado jefe comunal matancero con la estructura y los recursos de esa poderosa organización social. Sabe que Espinoza tiene una alta imagen negativa, pero no la tiene fácil porque el aparato municipal está puesto al servicio de la reelección del alcalde. Parecería que, más allá de la competencia interna, UP no logrará fácilmente superar el 50% de los votos, un número imprescindible para la suerte electoral del oficialismo. Lo saben Sergio Massa y Kicillof

Con el peso demográfico de La Matanza, el peronismo está obligado a llegar a ese número mágico en la Tercera y, para ello, es indispensable que los intendentes se pongan la boleta de arriba al hombro. Los candidatos a presidente y a gobernador dependen más que nunca de los Barones, cuando normalmente suele ser al revés. Quien tracciona es la boleta presidencial. Una mala performance en las PASO podría condicionar el destino de Kicillof y del ministro de Economía. 

El pronóstico que manejan los referentes territoriales de más experiencia es que el escenario luce complicado. En las primarias la asistencia a las urnas baja considerablemente y los más escépticos y con menos ganas de votar se sitúan en las barriadas del Gran Buenos Aires, donde el peronismo tiene afincado parte de su base electoral. “Ya nos costó mucho llevar a la gente a votar hace dos años, imaginate ahora. Están enojados e irritables, sobre todo los pibes que detestan cada vez más a la política”, describe con preocupación un intendente del GBA.