Perdió Argentina, arrasó la política con los vicios de siempre
- Argentina es una farsa, no existe, no hay nada, no hay otra cosa que un negocio y no quiero saber más nada.
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- Pero vos sos parte y responsable, por qué no podes cambiarlo.
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El legislador nacional de Juntos por el Cambio cortó el teléfono y siguió manejando tras el cierre de listas, describió la mayoría de la clase dirigente del país y cortó entristecido, en la ruta de vuelta a su casa. Es uno de los que salió ganando en la "rosca" del sábado, donde se cocinaron veinte mil cargos para personas de distinta ética, patrimonio, valores y capacidades en Argentina. Según él, todo un circo para acomodar personas y que generen favores a los líderes de los partidos políticos.
Los más pesimistas le pusieron precio: treinta mil dólares el sello para competir como intendente, cincuenta mil los cargos más grandes, los favores de futuras ordenanzas municipales, la construcción de una termoeléctrica con una sospecha de coima de un millón de dólares, o un puente por el mismo valor, todo posiciona a los pequeños dirigentes del interior que son puestos como alfiles para cruzar y comer en nombre de la reina. Es decir, ayer no hubo un cierre de alianzas o candidaturas, en su mayoría se consumaron favores personales, traiciones anticipadas y el aspecto más transaccional y obscuro de la política.
Juntos por el Cambio tuvo un cierre frenético, Unión por la Patria como nuevo frente también, y La Libertad Avanza directamente sufrió en carne propia la incapacidad de diseñar un armado profesional que impida la venta y compra de cargos como si fuera la feria de Campeaux y durante una decena de días pudieran intercambiarse productos. Los armadores de todos los espacios fueron recibiendo advertencias, pruebas, fotos, audios, los teléfonos no dejaron de sonar nunca hasta las 23.59, cuando se terminó la operación y los cargos quedaron formalizados.
"El Colo nos cagó, nos prometió que iba a darnos el pegado en la boleta", rezongó un macrista de antaño del conurbano casi porteño. El Colo es Diego Santilli, quien es ahora precandidato a gobernador por Juntos por el Cambio junto a Gustavo Posse, intendente de San Isidro. Los grandes ganadores fueron los radicales y Emilio Monzó, según algunos entendidos de la causa. Algún mal pensado podría pensar que Monzó salió victorioso porque el armador de Javier Milei, Sebastián Parejas, construyó para su ¿ex? jefe político.
Agustín Forchieri, ahijado de Diego Santilli y armador del espacio, fue recibiendo los últimos datos de los cierres, estaban todos reunidos y conformaron las 135 listas con suplentes en todos lados. Un exdiputado nacional lo increpó por el "desastre que es esto, o somos el Cambio o no somos nada", gritó el ex legislador, devenido en armador de la primera sección electoral. No hubo tiempo para el disenso, el armador siguió cerrando listas del interior. El desafío será entonces para Santilli y Forchieri evitar que las campañas locales entonces sean favorables únicamente a Grindetti, algo que se empezó a bosquejar el sábado a la noche en varios búnkers.
Sebastián Parejas, armador de Milei, debió cambiar en distintos lugares a último momento, la lista incluso de diputados provinciales se alteró por última vez a las 23.30, cuando todo parecía cocinado. Precandidatos a intendentes de Libertad Avanza mutaron a concejales, o viceversa, o nada, en muchos casos. Así fueron los cierres. "Javier no tiene precio, lo están fumando en pipa", reconció un armador peronista que carga con veinte elecciones en sus espaldas bonaerenses.
En Capital Federal, la vara fue igual de alta, los armadores de Jorge Macri se preguntaban si Christian Werle era algo del Werle que era candidato de ellos. En rigor de verdad era obviamente la misma persona, pero candidato de Martín Lousteau, viejos vicios de la nueva política. Así entonces, quedaron conformados los cargos por los que se representarán los argentinos por cuatro o seis años. En tal caso y en base a lo relatado en esta columna, los políticos y quienes han decidido los representen, más allá de que estén representados entonces los ideales y valores de quienes votan; a esta altura, intrascendente.