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Un conflicto que condimenta los cierres, anticipa el futuro y profundiza la grieta

Chaco primero y Jujuy después acapararon la atención de una semana que iba a estar condicionada por los cierres de listas para las elecciones. Coincidencias entre oficialismo y oposición sobre la conflictividad que se avecina.
Futuro La violencia en Jujuy es, para todos, un anticipo de lo que podría pasar en 2024 Foto: Télam
Futuro La violencia en Jujuy es, para todos, un anticipo de lo que podría pasar en 2024 Foto: Télam

Una semana que iba a estar acaparada por los rumores, operaciones y confirmaciones sobre los cierres de las listas para las elecciones terminó con una agenda política que giró primero sobre el supuesto femicidio de Cecilia Strzyzowski en Chaco y después sobre la violencia en Jujuy en torno a la sanción de la nueva Constitución. Una muestra que sirve para anticipar la compleja realidad política que se avecina.

El conflicto en Jujuy fue entendido rápidamente por todos los sectores como una prueba de laboratorio de lo que se prevé que será uno de los ejes del período político que viene: la conflictividad social. Si la oposición llega al poder es inevitable que aplique un plan de estabilización para una economía sin rumbo y que el único ancla que tiene hoy son las elecciones. Plan de estabilización es sinónimo de ajuste. Y nadie cree que un ajuste se pueda aplicar sin resistencias por parte de algunos sectores de la política argentina. Sobre todo de aquellos que se quedan callados cuando un gobierno afín lleva la inflación arriba del 100% sin presentar medidas para bajarla pero ya anticipan conflictividad ante cualquier plan que proponga soluciones.

La batalla de Jujuy tiene también otro trasfondo que Juntos por el Cambio y otros sectores de la oposición tienen como bandera: qué hacer con los piquetes, hechos que dejaron de ser un método de reclamo para transformarse en un modus operandi ante cualquier conflicto. Mendoza fue pionera en sacar una legislación que busca ordenar la protesta social. Jujuy sigue el mismo camino con la reforma constitucional, justo en el epílogo de un gobierno como el de Gerardo Morales que nació con un acampe de bienvenida de Milagro Sala en pleno centro capitalino.

Juntos por el Cambio mostró unidad para respaldar a Gerardo Morales.

El éxito de la aplicación de esas legislaciones puede funcionar como una ola que termine siendo replicada en todo el país y afecte los intereses de grupos políticos que hace 25 años cantaban “piquete y cacerola, la lucha es una sola” y hoy están cada vez más enemistados con una clase media que tiene sus propios conflictos y ninguna corporación que la defienda.

En paralelo, Jujuy acumula un debate para reformar la Constitución en apenas un mes; un justo reclamo docente sospechosamente incentivado por la izquierda y el kirchnerismo como si se tratara de la única provincia con esa problemática y justo en la antesala de la aprobación de la nueva Constitución; protestas de pueblos originarios con una fuerte represión que terminaron en una marcha atrás de Morales en dos artículos de la reforma; y una violenta -y nuevamente sospechosa- manifestación a la Legislatura con intento de toma incluído. Como corolario, una dirigente como Milagro Sala condenada y con prisión domiciliaria que algunos sectores del kirchnerismo querrían ver en libertad antes de terminar este mandato presidencial. 

Todo un mes después de unas elecciones donde el actual gobierno fue revalidado en las urnas y se eligieron a los convencionales que iban a debatir un texto que ya había sido puesto en conocimiento de la ciudadanía. Elecciones donde la izquierda sacó el 13% y las diferentes vertientes kirchneristas no sumaron el 10%. Son los dos sectores que más están impulsando las protestas.

Mientras tanto, desde ambos lados de la grieta dicen lo mismo: “Esto es lo que va a pasar a partir de diciembre”. Para la oposición, “esto” significa violencia política en la resistencia a reformas estructurales. Para el kirchnerismo, conflictividad social y represión. 

Con este marco, antes del sábado a las 24 se tienen que definir las fórmulas presidenciales y las listas de senadores y diputados. Un contexto que profundiza la grieta y dinamita los puentes entre sectores que coquetean con una tercera vía. En JxC hubo una alineación inmediata con Morales, sin titubeos. Horacio Rodríguez Larreta no lo dudó y apoyó al instante a su aliado en la interna. Pero fue Patricia Bullrich la que primereó para armar una conferencia de prensa que muestre unidad pero sobre todo fortaleza. Más de uno se fue a dormir preguntándose, con ironía, si hubo alguna manifestación sobre Jujuy de Juan Schiaretti. 

Sergio Massa no habló de Jujuy. Solo del gasoducto Néstor Kirchner.

Del lado kirchnerista, en tanto, quien guardó silencio fue Sergio Massa, que vio empañado su anuncio de puesta en funcionamiento del gasoducto Néstor Kirchner. Solo se expresó sobre ese tema y dejó que su mujer, Malena Galmarini, oficie de vocera para hablar de “brutal represión del gobernador”. La definición de quién será el candidato a presidente de Unión por la Patria (ex Frente de Todos) todavía es un misterio.

Se vienen 96 horas decisivas para la política argentina. Pero para el futuro del país, lamentablemente, las horas decisivas serán mucho más prolongadas y conflictivas.