La Cámpora se cruzó con el massismo y crece la tensión interna en un distrito clave
Una nueva disputa se abrió en Hurlingham, no por la pelea pública entre La Cámpora y Juan Zabaleta sino por la conducción del Concejo Deliberante en la que los referentes de Máximo Kirchner intentaron desplazar al Frente Renovador de la conducción de una las comisiones claves del legislativo local y terminó perdiendo otras presidencias por el pedido que realizó Juntos por el Cambio.
La tensión entre los concejales camporistas que conduce el exintendente interino Damián Selci con algunos de sus pares peronistas, se activó luego que Zabaleta reasumiera como intendente y que por el voto de los concejales no pudo volver a presidir el Cuerpo. En su lugar, y luego de arduas negociaciones, terminó siendo designada Cecilia Sanz, de la Agrupación Lealtad, que conduce el diputado provincial Adrián Grana, de La Patria es el Otro.

Si bien Grana forma parte del colectivo que reclama la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, y trabajan en tándem con Máximo Kirchner, no son lo mismo. Y eso, parece, quedó muy claro en la discusión política de Hurlingham.
El enojo de Selci y los concejales que lo siguen se focalizó en el único concejal que tiene el Frente Renovador, Fabrizio Acuña, hijo de Luis, el exintendente a quien Zabaleta le ganó en 2015. Como suele ocurrir en estos casos, a veces un concejal traza alianzas con unos, pero luego se alínea con el otro. Y cuando el jefe comunal retomó su cargo luego de haber estado en el Ministerio de Desarrollo Social, Acuña se volvió a mostrar muy cercano a él.
Entonces, La Cámpora inició un proceso de renovación de autoridades de las comisiones internas del Concejo Deliberante y lo dejó sin lugar a Acuña en la presidencia de Legislación General. En esta discusión también afectaba las pretensiones de las otras concejales aliadas de Zabaleta, Micaela Navil y María del Carmen Márquez.
Al llegar al recinto con su mayoría de concejales, Selci no tomó en cuenta que subterráneamente , Juntos por el Cambio, que conduce Lucas Delfino, había elaborado una propuesta alternativa que, si era aceptada por los concejales aliados a Zabaleta, podían modificar la iniciativa de La Cámpora y conformar una distribución de áreas mucho más amigable con la nueva realidad municipal. Y así sucedió. Los zabatelistas presiden algunas comisiones más, al igual que los ediles opositores.
Si esta dinámica continua nadie puede asegurar que, en próximas sesiones se reabra la discusión política en Hurlingham y hasta se modifiquen la totalidad de la mesa de autoridades del Concejo Deliberante, algo que a Zabaleta, por supuesto, no le disgustaría.
Esta situación, en la que el intendente tiene solo un concejal propio, Navill, y dos aliados, corre otro velo de la política del conurbano. Es una falacia, que remarca los temores de algunos jefes comunales, sostener que sin concejales propios no pueden conducir el municipio. Siempre, billetera mata galán, y si se agrega política, mucho más.


