La ira contra la política ya se refleja en las letras del rap y en las cumbias villeras
Los pibes de los barrios de extrema pobreza se hartaron de la política tradicional y, a los dirigentes y punteros, los comparan con los tranzas y la Policía. Los autores de diversos géneros como el rap, trap o cumbias cuentan como juglares su clima de época con todas las penurias que atraviesan sus familias donde siempre se apunta contra la policía bonaerense, y ahora aparecen demonizados los políticos como parte de sus problemas.
“En esos barrios se identifica al político con el chorro; en la época de la cuarentena tenían que llegar 200 leches a un comedor, pero solo entregaban 20 o 30 y después aparecía la camioneta vendiendo la leche a mitad de precio en la esquina y la gente se desvivía por ir a comprarla. Pero sabían perfectamente que el negocio era de un empleado municipal, eso es lo que alimentó la bronca que en el '21 se transformó en ausentismo”, describe con crudeza Jorge Ossona a MDZ.
El intelectual que mejor conoce el submundo del conurbano sostiene que “el malestar contra la política en esos barrios se puede transformar en un electorado para Javier Milei, ahí oscilan entre el ausentismo o Milei”. Ossona agrega que “esto se percibe tanto en la Primera como en la Tercera Sección Electoral, en barrios cercanos a la Capital como Ingeniero Budge, Villa Caraza, Villa Celina o Villa Fiorito, donde el fenómeno Milei pisa fuerte y hay que prestarle mucha atención”.
“Este sentimiento contra la política es un fenómeno que se está extendiendo sobre todo en las franjas jóvenes de los barrios populares. La bronca, entre otras cosas, es por su ausentismo, porque son figuras fantasmagóricas. Antes aparecían en los periodos electorales y ahora ni siquiera, porque está todo gerenciado. De manera que son los referentes los que van a la municipalidad y obtienen lo que se va a repartir y, eventualmente, algún delegado de algún funcionario va al comedor, pero no se los ve”, precisa el analista.
Agrega que “para los jóvenes el político es un chorro, es más, hay una autolegitimación del choreo: si todos son chorros, yo también soy un chorro, pero soy un perejil comparado con los políticos que son iguales a las gorras, que es la policía, la que realmente regula el tráfico de drogas y también vende para tener sus propios ingresos”. Todo lo que describe Ossona tiene su expresión estética que es la cumbia 420 o el rap: “Son pibes que se juntan en las plazas a tomar cerveza y a fumar marihuana y, a través de diversos repertorios que circulan en redes sociales, compiten entre sí como juglares de estos tiempos y los vecinos del barrio los escuchan".
“Las letras antes eran contra el macrismo, ahora es contra la política por el descreimiento de estos pibes: no son peronistas, pero entienden que en la política está el peronismo, donde todos son chorros grandes y que son iguales que la policía, todos viven como magnates”, concluye Ossona.