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La Cámpora se exaspera por la primera gran victoria de Alberto Fernández

Con Sergio Massa muy preocupado por la economía y disgustado con la mayoría de sus aliados del Frente de Todos porque no dejan de incendiar su política económica, es muy factible que decline ser candidato presidencial. Entonces, habrá una PASO "low cost" que, para La Cámpora, es una derrota.
Foto: Télam
Foto: Télam

La mayoría de los intendentes del Gran Buenos Aires están especulando con cuál de las peores variantes se quedan para disputar la próxima elección presidencial de 2023 aunque aún no descartan que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner los vuelva a sorprender. Es más. Lo esperan como última y única alternativa.

¿Hay una posición homogénea entre ellos? No. No existe más la famosa Liga de Intendentes que se había constituido cuando Eduardo Duhalde conducía la provincia de Buenos Aires y “alambraba” los límites territoriales para que nadie fuera a pedir nada al Gobierno nacional sin su previa autorización. “Si lo hacemos lo hacemos para todos, no para uno sólo”, decía.

Después, cuando Carlos Menem empezó a disputarle el poder en el territorio, en la pelea por su sucesión, el entonces presidente implementó una serie de convenios que le permitían a los municipios “saltear” la barrera impuesta por el gobernador. Néstor Kirchner lo llevó hasta el extremo con la creación de la Federación Argentina de Municipios (FAM) diseñada por los intendentes Alberto Descalzo y Julio Pereyra, de Ituzaingó y Florencio Varela, respectivamente, para que sean ellos directamente los que coordinaran con Julio De Vido las obras más trascendentales que le iban a llegar a los municipios de todo el país.

Después de la nueva presión de Wado De Pedro contra el presidente Alberto Fernández, a quien le reclamó que diga si será o no candidato presidencial para saber cómo competirán en las PASO, quedó claro que el “meme” u “okupa” como lo descalifican los kirchneristas camporistas al jefe de Estado ganó otra discusión. Habrá PASO, aunque cuando lo dijo en un acto, tras la derrota de 2021, Máximo Kirchner se hizo el ofendido en ese mismo momento.

“La verdad que ahora me estoy rebanando los sesos para saber con qué saldrá Cristina”, le dijo a MDZ un intendente comunal que seguramente tendrá que disputar una interna en su territorio. No es el único. Pero su preocupación se basaba en que no veía una salida sin costo para la vicepresidenta, decidiera o no ser candidata para algún cargo.

La mayoría ya prevé una interna “low cost”, entre dos o tres contrincantes que en ningún otro momento hubieran aparecido en la grilla de largada. Wado De Pedro, Daniel Scioli y Jorge Capitanich representan la retaguardia de quienes participaron de la partida en 2019. Para peor, quien podría representar una “renovación”, aunque parcial, como lo es Axel Kicillof, no quiere salir de la provincia de Buenos Aires. Salvo que Cristina Fernández de Kirchner le diga lo contrario.

Por eso, ni siquiera en las cercanías de Mayra Mendoza, la más cristinista de todos los jefes comunales tienen diseñada su estrategia con respecto a la discusión nacional. Ella como el resto de sus pares saben que lo importante, ante todo, es la sobrevivencia para la próxima batalla.

A diferencia de la feroz interna que atraviesa la oposición, donde Patricia Bullrich amenaza a sus propios intendentes PRO a armarle una interna, en el peronismo, por más que ahora sea una variante kirchnerista, no se meten con esos debates inocuos salvo que haya una rivalidad no zanjada como correspondía y que ahora se hace indispensable concluir, como sucederá en Hurlingham, Tigre y La Matanza, ya determinadas, y en otros municipios donde las negociaciones pueden ser muy fuertes pero con final “feliz”.

Salvo que La Cámpora o el Frente Renovador determinasen que en tal localidad no apoyen a tal o cual candidato, en todos los demás distritos donde haya un intendente o intendenta ellos podrán “colgarse” de cuantos candidatos presidenciales quieran hacerlo. No habrá ningún impedimento.

El peronismo kirchnerista tampoco prevé peleas seccionales o nacionales por los cargos legislativos. Por ahora. Habrá que ver cómo se tensa la negociación en las semanas previas al cierre de las listas. Como habrá varios municipios en los que sí habrá competencia porque sus dirigentes están en la oposición, estos pretenderán “saldar” la unidad con cargos fuera de sus distritos. Ante la posibilidad de una derrota, todo se achica. Los espacios “a salir”, por supuesto, también.

La puesta de los jefes territoriales está, primero, en mantener la conducción de su municipio y, segundo, cuando el triunfo previamente se percibe asegurado, en ser el que más votos consiga para su propia lista local así quedar mejor parado para la negociación futura con un oficialismo que, factiblemente, sea de otra fuerza política a la que hoy representa el Frente de Todos.