Nueva etapa: un Frente de Todos desordenado busca detrás de quién encolumnarse
Ungido por la circunstancia y al borde del abismo, el Gobierno intenta confeccionar una nueva etapa basada en el orden desordenado al que una administración en descomposición como la actual puede aspirar. Significa darle centralidad total a Sergio Massa, aplacar los obstáculos que implicaba Alberto Fernández tomando algunas decisiones y haciendo jugar un rol más preponderante a Cristina Fernández de Kirchner, para al menos aplacar ánimos internos que ayuden a transitar la transición.
Esta nueva etapa tiene un expresidente aún con lapicera (aunque con poca tinta) y un explícito equilibrio interno centrado en el ministro de Economía y aliado a los pensamientos de Washington. Lejos de los tiempos en los que el Gobierno le ofrecía a Rusia ser la puerta de entrada al continente o la alianza con China siempre latente en la mente del kirchnerismo y que Luis Inacio Lula Da Silva acaba de concretar tras la firma de 16 acuerdos bilaterales tras su reunión con Xi Jinpin.
Es estado de cosas es endeble. Los equilibrios internos cada vez más complejos de administrar. Pero la pérdida de poder por venir volvió a recrear cierto espíritu de comunión. Los teléfonos volvieron a sonar en busca de resoluciones. La maquinaria del peronismo empieza a crear los anticuerpos frente a la destrucción. Massa confirmó que irá el 1 de mayo al acto de la CGT que esta semana reapareció para dejar constancia testimonial que la situación es límite, pero que aún “se está a tiempo”.
Antes había advertido sobre la “descomposición social” a la que estamos asistiendo. A su modo, sin paros, gritos ni marchas, la CGT empezó a jugar un papel pensando en el día después. También en el armado electoral por venir. Ese que el Consejo Nacional del partido empezará a realizar en la reunión del 16 de mayo en Ferro convocada el viernes.
El dirigente de la Uocra, Gerardo Martínez, ya soltó la primera definición en clave electoral: “Muchos de nosotros vemos que Sergio Massa tiene las condiciones para ser candidato”. Adicionalmente sostuvo que el ministro tiene “posturas claras y estratégicas”. Todo una simbología en un Gobierno descompuesto, poco claro y sin estrategia.
Igualmente, el camino es demasiado pedregoso. La inercia inflacionaria, la devaluación acelerada y la pulverización de expectativas atenta de manera decisiva con cualquier proyecto presidencial. La historia tampoco acompaña. Ningún ministro de Economía fue presidente en Argentina. Ni aún los “exitosos” construyeron más que alternativas electorales circunstanciales pero no de poder. Domingo Cavallo y Roberto Lavagna son expresiones acabadas de ello.
Es cierto que ninguno lo fue estando en el cargo. Sólo compitieron años después de dejarlos. Igualmente ese aspecto a Massa lo desvela. Más de una vez dijo que no se puede ser ministro y candidato a la vez. Si eso lo aplica, frente a su renuncia, ¿que ocurriría el día después? ¿Cómo procesaría la sociedad y el mercado esa decisión? ¿Alcanza con Rubinstein y él apoyándolo en todo en plena campaña? ¿Cómo haría campaña diciendo que el futuro será distinto después de un año de ministro en los cuales no pudo con lo básico? “Sergio es producción” y “Sergio es Compromiso” fueron las primeras pintadas que dan pistas al eje de campaña. Mientras todos se borraron, Massa dirá que él asumió el compromiso, preservó hasta donde pudo la producción y evitó la explosión y la salida del Gobierno por helicóptero como sugirió Jorge Ferraresi en público.
Así las cosas, el líder político y abogado, aglutina la mayoría de los respaldos, aunque no todos. Independiente de las críticas de Juan Grabois “no lo voto ni en pedo”, en el kirchnerismo algunos juegan con Daniel Scioli como opción. Con la venia de Cristina fue a visitar a Mayra Mendoza a Quilmes y este martes se verá con Axel Kicillof que viaja a Sao Paulo en tren de aceitar el comercio bilateral y subir una foto adicional en la interna del Frente de Todos. Kicillof no es Máximo Kirchner. Martín Insaurralde es su jefe de Gabinete formal. El informal y propio es Carlos Bianco. Sus aliados desconfían de Massa más que él. La CTA, ATE y los gremios docentes son algunas expresiones.
Pablo Zurro y Mario Secco se suman a ese elenco. Son los que propugnan que el futuro es “con Cistina o nada”. Son los que armarán el escenario el jueves para la reaparición de la vicepresidente en el Teatro Argentino de La Plata, en la sala Ginastera, recién reacondicionada. Allí encabezará el lanzamiento de la escuela de Gobierno del PJ. Será el mismo día (27 de abril) que Néstor Kirchner fuera consagrado presidente en 2003, hace 20 años. También donde Cristina por primera vez habló de su candidatura presidencial en 2007. “¿Tanta simbología para nada?, se pregunta un frecuente visitante del Senado que sueña con el sí de la vice.
Por ahora la opción es lejana, pero no imposible, quizás tampoco improbable. “Hay que convencerla”, dijo una persona que la conoce mucho y para quien la fórmula ideal sería Cristina-Sergio. Otros prefieren Cristina-Daniel. En todos los casos, reniegan de una PASO. Esa que sólo sostiene el presidente ya sin pólvora ni balas en loa recamara. Ahora la centralidad vuelve a ella de manera plena en términos políticos tras la renuncia presidencial a la continuidad.
Eduardo Wado de Pedro, el propio Kicillof o un tapado son opciones si decidiera finalmente mantener no aceptar ser candidata. La principal parece seguir siendo Massa. La realidad dirá la última palabra. Sólo un dato final. El consultor que visitó a Cristina la última semana fue implacable: “El clima de época va del centro a la derecha, pero también es una época de rebeldía y donde se privilegia la espontaneidad y el liderazgo”. “La Jefa”, como le dicen, sólo escuchó y no habló. ¿Dirá algo el jueves en La Plata? Capítulo abierto.

