Gabriela Cerruti: un estilo que empeoró la imagen de Alberto Fernández y agregó enemigos
Gabriela Cerruti fue convocada por Alberto Fernández para "chequear toda la información que necesiten para juntos combatir los rumores y las noticias falsas que tanto daño hacen a una comunicación democrática", según explicó cuando llegó al Gobierno, que ya estaba en crisis. No sólo no logró desmentir falsas noticias, sino que mintió en reiteradas ocasiones aumentando la presión sobre el Gobierno.
Cerruti no le permitió a MDZ asistir a la conferencia de prensa teniendo un pedido concreto de este cronista para poder ser anotado. Tras el pedido, bloqueó a este periodista de WhatsApp y Telegram, no permitiendo consultarla como Portavoz. Cerruti confunde institucionalidad con ideología, su rol quedó desdibujado por su propia incapacidad de coordinar siete preguntas en una conferencia de prensa, no por otra situación.
La Cámpora no quería ni que asuma, el peronismo porteño tiene recelos por sus hostiles formas de relacionarse. "Es Cristina pero sin talento ni gracia", dice entre sonrisas un miembro del Gabinete que la conoce hace veinte años. La empresaria gastronómica devenida en política no cultiva la amistad internamente, y el fuego amigo la azuza cada tanto, pero la comunicación oficial le genera más migrañas a Alberto Fernández que la mayoría del Gabinete.
Jen Psaki brinda conferencias de prensa con calma, sin opinar sobre las preguntas, nadie en Estados Unidos soportaría que un funcionario público le falte el respeto a un periodista. No existe la calificación o la opinión sobre el trabajo de un periodista por parte de la comunicadora de Joe Biden que dejó su cargo para volver al sector privado.
Dueña de un estilo pedante, acelerado y anacrónico, Cerruti aseguró en conferencia de prensa que los presos no tienen teléfono en las cárceles, algo que cualquier persona del mundo con acceso a internet puede chequear que es falso viendo los videos que los presos suben a diario a las redes. Esa capacidad de negar lo evidente enterró la comunicación oficial diseñada como moderna por el presidente para convertirla en una paradoja: es el propio jefe de Estado el que tiene que explicar, casi siempre en privado, qué quiso decir la vocera.
Dueña de frases como "no hay que plantear una crisis que no existe" o "la gente no la está pasando mal" y "ésta es la senda correcta para la inflación", como dijo en febrero de este año, antes de que la cifra fuera la más alta en treinta años. No tiene más sostén que el de su amigo personal, Alberto Fernández.
Cerruti como empresaria logró administrar gastronomía y portales que cobraron millones de pauta oficial, y llegó al Gobierno para imponer un estilo que le resta puntos al presidente, hoy su único aliado. Es el propio entorno de Comunicación del Frente de Todos el que quiere que se vaya cuanto antes. "No sabemos a qué se dedica", resumió un ministro ante la consulta de MDZ. "Termina de hablar, empieza un quilombo nuevo", definió un colaborador estrecho de Alberto Fernández.
Cerruti mandó a Juan Pablo Peralta, colega acreditado en Casa Rosada, a buscar precios y lo chicaneó con que lo estafaban en su barrio con los productos. Lo hizo como si no fuera protagonista ella del peor Gobierno en términos estadísticos en aumento del costo de vida en tres décadas, pero lo hizo con una sonrisa y abusando de su condición de mujer.
Jorge Lanata la conoce desde que terminó sus estudios en la universidad de La Plata, la describe con precisión. "La mandamos a cubrir a Menem y se bajó del menemóvil con un Rolex", resumió el periodista. En rigor de verdad, había rumores en esa época de que tanto Cerruti como Nancy Pazos habían tenido acceso a distintas primicias y viajes exclusivos durante la gestión de Carlos Menem por vínculos particulares con funcionarios.