Rosca, gestos y grieta: la política le ganó a la Vendimia
Los que conviven en un comité. Los que comparten alguna cámara legislativa. Los operadores de siempre. Muchos oficialistas, algunos pocos opositores. Y una cantidad enorme de candidatos que buscan con hambre un espacio protagónico en alguna de las elecciones 2023. La Vendimia y el sector privado; el que produce y vive la crisis fue solo el telón de fondo, el escenario montado para una fiesta que, al menos en la Coviar, fue fagocitada por las internas políticas. Hasta la forma de armar el estrado, con los representantes del gobierno nacional de un lado y los “radicales” de provincias vitivinícolas del otro, con una grieta en el medio, ayudó.
-
Te puede interesar
Vendimia, luminoso paso de Andrea Colamedici entre las penumbras
El desayuno de la Corporación Vitivinícola Argentina era el punto de encuentro entre los que producen y los que deciden. En los últimos años y en especial en 2023 los que quieren decidir coparon el lugar. Incluso esta vez los tibios discursos de los titulares de la COVIAR no alcanzaron a despabilar a los presentes; a toda la burocracia estatal de distintos ámbitos que estaba en el Hyatt. Los dirigentes políticos, incluso, ocupan el lugar de la farándula local por el excesivo protagonismo.
El radicalismo ocupó todos los espacios. "Hay mucho ambiente hostil", decía una dirigente kirchnerista al salir del hotel. En lo vernáculo apuntaron a acorralar a Omar De Marchi para que sienta esa misma hostilidad que declaraban los peronistas.
Estuvieron presentes las dos figuras más importantes del gabinete nacional, Sergio Massa y Wado De Pedro, y hubo un gran ausente; pero no solo por su presencia física. El presidente Alberto Fernández no fue ni recordado, ni citado, ni nombrado por ninguno de los presentes. Nadie lo mencionó con nombre propio; ni para agradecer, ni para reclamar. Para él es el peor de los mundos en la política: la indiferencia.
Promesas sobre el vino
Sergio Massa llegó con el discurso preparado para lo que vendría después. Fue una respuesta a las preguntas que le haría luego Rodolfo Suarez. Un dólar “malbec” desde el 1 de abril, medida que había sondeado el año pasado. Más pesos para ayuda, pero con volúmenes chicos y algunas promesas más. El resto fue solo la descripción de situaciones y lugares comunes. Massa y buena parte de la clase dirigente encontró la vía de escape perfecta para canalizar preocupaciones sin comprometerse: el cambio climático y los problemas ambientales. Por eso redundó, como también lo hizo el resto, en la profunda preocupación que genera, sin sentirse comprometido a generar soluciones reales para adaptarse y mitigar. Massa hizo lo que más le gusta: prometer. Tanto, que hasta dijo que volverá pronto a Mendoza.
El gobernador Rodolfo Suarez volvió a repasar los hechos de su gestión alrededor del sector productivo. Reclamó de manera “cordial” al Gobierno nacional y en particular a Sergio Massa, haciéndose eco de la campaña que el oficialismo local ya había largado en redes (donde marcan las promesas hechas por Massa luego de la helada y no se cumplieron). El discurso tuvo una señal de campaña, también sembrada desde hace tiempo. Se trata del “modo Mendoza” que tanto promueve como eslogan el radicalismo. Lo dijo, incluso, a riesgo de alejarse de la verdad porque sugirió que en la provincia se promueve el diálogo.
En lo que fue la Vendimia más partidocrática que se recuerde el hecho nacional lo generó una foto preparada y tomada en el entrepiso del hotel Hyatt. Patricia Bullrich fue el eje, Alfredo Cornejo el promotor. Y alrededor otros radicales “duros” que marcaron una señal hacia otros dirigentes y sobre todo al ausente con aviso: Horacio Rodríguez Larreta. En ese plano el propio Cornejo siembra ese camino. Incluso hasta se anima arrimar a un potencial compañero de fórmula de Bullrich. Se trata del cordobés Rodrigo De Loredo. En tierras de Vendimia, el centro de las expectativas fueron dos porteños que buscan gobernar la Argentina desde el Pro.